La industria del directo en España pasa por uno de sus peores momentos en 2010. De pronto hay demasiados actores no profesionales. Han entrado por la facilidad de organizar festivales y conciertos, pero lo han hecho sin respetar los estándares de calidad que las empresas del sector habíamos desarrollado con años de experiencia. La situación desemboca en una crisis económica y de credibilidad.

Lo que entendíamos como promotor de conciertos entra en vías de extinción. A cambio, aparece el promotor de festivales. Todo el mundo puede hacerlo. Solo hace falta ser amigo del concejal de Cultura de turno y echarle morro. La gran crisis de 2007 está amainando y las instituciones han tomado de nuevo las riendas con los festivales, sin dejar de lado sus conciertos gratuitos de siempre.

España es un país con más de 1000 festivales compitiendo por los mismos artistas nacionales e internacionales. El mismo tipo de festival se repite una y otra vez sin aportar ni innovar nada y, además, la gran mayoría de estas citas se financian con dinero público.

Sin la participación de la administración los festivales son totalmente inviables, lo que los convierte en una bomba de relojería. Están a merced de los cambios de humor y presupuesto de la institución. A diferencia de en el resto de Europa, en España no hay ninguna Ley de Mecenazgo competitiva y clara que permita sustentarlos.

Las giras multitudinarias internacionales han vuelto con fuerza y la masa crítica de espectadores está a un nivel mucho más normalizado, se podría decir que europeo. Los artistas han cambiado su modus vivendi. A falta del apoyo de las discográficas a las giras y con el descenso de los ingresos por la venta de CDs, girar se vuelve más obligatorio que nunca, pero las giras como tal también están en peligro de extinción.

Las bandas se han acostumbrado a centrar sus tours en el verano, la época de año de festivales en Europa, y rellenan los huecos de entre semana con algunos conciertos de clubs, salas o arenas, dependiendo del potencial de la banda a la hora de vender tickets. En lo que llevamos de década, las salas, clubs y recintos para conciertos se han afianzado y profesionalizado en el Estado. Ahora, por infraestructura, es mucho más fácil poder tocar en cualquier ciudad de España.

Las grandes multinacionales promotoras, que irrumpieron en sector en la pasada década, han ido tomando el control de los grandes artistas internacionales a nivel europeo y mundial. Estas grandes compañías ya están establecidas en Australia, Asia e incluso India y Oriente Medio.

Las tres últimas y únicas discográficas multinacionales que quedan tienen sus departamentos de promoción y sus acuerdos 360º. Sus artistas les confieren una fuerza arrasadora. Representan el 70% de la producción mundial, y solo queda el 30% del pastel para las independientes. El mercado mundial de la industria discográfica está copado por únicamente tres empresas.

Las plataformas para escuchar música en la red como iTunes, YouTube y Spotify han entrado con fuerza y la industria discográfica sabe que debe asimilar estas plataformas de streaming como parte de sus ingresos. El objetivo es contrarrestar la bajada de ventas en formato analógico, pero los números siguen estando lejos de las facturaciones anuales que manejaban con la venta física.

A la larga se llegará otra vez a ese punto. Así lo indica la tendencia. Pero hoy esos modelos digitales todavía no son demasiado rentables ni para artistas ni para discográficas. Eso sí, llegar al trabajo de cualquier músico nunca fue tan fácil como ahora.

Entre los nuevos actores de esta década están las plataformas de venta de entradas. Si en los 2000 había cuatro operadoras en España, hoy hay centenares. Se adaptan a cada empresa, si hace falta. Y aparece el llamado “mercado secundario”, en el que se sospecha que ticketeras y promotoras desvían entradas para venderlas a un precio estratosférico. Es uno de los grandes problemas de esta década.

Una Respuesta

  1. Julio

    Hola Xavi: Tu artículo ha dado en la diana. Todo lo que dices en definitiva son movimientos del mercado musical, lo cual es lícito, pero cuando ese mercado es manipulado por cerca de 4.000 ayuntamientos, regalando conciertos a sus “votantes”, es competencia desleal y esto hace una daño terrible a la música, la cual no necesita dinero público para que encima se le haga más daño.
    Regalar dinero público para divertir a la gente es “pevariacacion”. No hay una ley que obligue a gastar dinero de esa forma.
    Los ayuntamientos deberían favorecer que las promotoras, cumpliendo rigurosamente las leyes de espectáculos públicos, puedan realizar sus promociones de publicidad, apoyos de seguridad etc. Y si acaso ayudar a la promoción de su pueblo en sus entornos.
    Pero nunca pagar caches…
    Julio galas

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