Leonard Norman Cohen murió el lunes 7 de noviembre, en la plácida noche californiana anterior al primer martes después del primer lunes de noviembre, sinónimo de elecciones presidenciales en Estados Unidos cada cuatro años.

Nos dejó su última obra, You Want It Darker, recién estrenada. ¿Premonición de un futuro inmediato? El artista atravesó tiempos convulsos: litigios con su mánager, condenada por sustraer sus ahorros, fondos fiduciarios de caridad y planes de jubilación; y una posterior situación económica precaria, que le llevó de vuelta a los escenarios, a la grabación de nuevos trabajos y la publicación de nuevos libros.

Una gestión inadecuada, un quebranto de la confianza y un abuso de las atribuciones de Kelley Lynch, su mánager y amiga, le llevaron a esa situación. ¡Incomprensible!

Con casi ochenta años tuvo que volver a la carretera, a tocar y tocar, para poder acabar sus años sin penurias económicas. Pareció como un desahucio de la vida, del que solo te puedes reponer con mucho esfuerzo.

Murió un 7 de noviembre, antesala del día en que los ciudadanos del país que le acogió iban a votar a un nuevo presidente entre dos candidatos: Donald Trump y Hillary Clinton.

Creo que murió para no ver lo que nos venía encima. Debió de imaginar que lo que se avecinaba no tenía pinta de ser aceptable. ¡Y acertó! Si ya tuvo una muestra de lo que el capitalismo salvaje podía hacer a nivel individual, con lo que le paso a él, no quiso ni saber lo que iba a pasar con ese mismo capitalismo asesino en su país de residencia y por extensión, el mundo.

Cierto que su estado de salud no era el más idóneo. Ya hacía tiempo que no estaba para trotes. Había expresado su cansancio en su último trabajo, que pareció más una despedida que un eslabón de su cadena productiva.

Esos últimos meses fue como si ya estuviera alejándose de sus seres queridos y sus fans, pero es significativo que “escogiera” ese día para morir. La mente es muy poderosa sobre el estado de las personas, tanto para el efecto placebo como para su contrario, la depresión.

Nos dejó huérfanos de su voz crítica, de su visión mística de la vida, de sus deseos de cantar al amor y no a la guerra. Personalmente, no le veo votando a Donald Trump, por mucho que la alternativa fuera más de lo mismo.

Se sintió atrapado en un mundo que no da respuestas a las preguntas ordinarias y sí a las extraordinarias, un mundo dirigido por unas élites económicas con afán de amasar más poder y dinero, un mundo gobernado por minorías poderosas enfrentadas a mayorías aplastadas. Así lo decía él: “The minor fall  and the major lift”, Hallelujah, Hallelujah…

Hacer Comentario

Su dirección de correo electrónico no será publicada.