Jerónimo Álvarez

Vetusta Morla: Mis escenarios

Artículo de Jorge González, miembro de Vetusta Morla, para el ‘VI Anuario de la Música en Vivo’

Para escuchar mientras lees:

Para nosotros no es fácil vivir la realidad que se nos ha presentado. Tenemos esa dualidad tan dura de ser a la vez artistas y empresarios, esa lucha interna entre lo intuitivo y lo bello enfrentado a lo racional y a lo sostenible económicamente. Podemos estar contentos gracias al trabajo que venimos desarrollando desde 2008 en una serie de giras duras y complicadas: desde garitos para 200 personas a recintos para 15.000, como viviremos próximamente en el Palacio de los Deportes de la Comunidad de Madrid, estos conciertos nos han ido enseñando y profesionalizando.

En esta gira de ‘La Deriva’ nos ha tocado tomar decisiones muy duras: hemos ajustado sueldos y mantenido el precio de las entradas al mismo nivel de la gira anterior mientras hemos visto cómo aumentaban los gastos de nuestra infraestructura al crecer nuestras necesidades de recursos; a la vez que sentíamos como comenzábamos a tener otro reconocimiento, la crisis dejaba agujeros en los bolsillos del consumidor de ocio cultural; y a todo esto hay que sumarle unos impuestos mayores a los de otros años.

Nos hemos topado con una realidad muy dura a la que solo la imaginación y el compromiso de un equipo humano que ha invertido mucha energía ha podido enfrentarse. El resultado ha sido muy bueno y hemos alcanzado ese delicado equilibrio entre lo artístico y lo empresarial que encaja con nuestra humilde y marciana forma de entender esta industria cultural. Pero más marciana aún es esa realidad en la que el propio Ayuntamiento de Madrid reconoce a algunas salas de concierto como Patrimonio Cultural de la ciudad mientras impide la apertura de nuevas salas en el centro con la declaración de Zona de Protección Acústica Especial y el Plan Zonal Específico del Distrito Centro.

Mientras tanto, como público seguimos disfrutando de los escenarios sin olvidar que sin un entramado profesional y sin una red de salas de conciertos que nutra a la escena musical, estamos abocados a la endogamia y a nuestra propia fagocitación.