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Fotografía de Javier Rosa

¿Son seguros los conciertos?

Texto: Prado Campos

Es lunes 22 de mayo del año 2017. Manchester Arena. Al final del concierto de Ariana Grande un ataque terrorista perpetrado con un artefacto explosivo improvisado causa 22 muertos y 116 heridos. Con ello, llega la convulsión ante un nuevo atentado cuyo objetivo eran los asistentes a un espectáculo musical. Y emerge una pregunta: ¿son seguros los conciertos ante las nuevas e indiscriminadas amenazas terroristas?

“Todo depende de la comunidad autónoma a la que vayas y de la ciudad dentro de esa comunidad. No es igual Madrid o Barcelona que la España profunda. Si te tienes que pelear por cosas como si se pueden entrar o no latas en el recinto, imagínate por una amenaza terrorista”, defiende rotundo Javier Revuelta, director y jefe de seguridad de Unium Servicios. Lo cierto es que los protocolos mejoraron mucho después de la tragedia del Madrid Arena, y volvieron a hacerlo tras los atentados de Manchester. “Ha habido cambios desde entonces. Se realiza mucha tarea preventiva y es fundamental porque por fortuna nunca pasa nada”, afirma Juanjo Giménez Mediavilla, jefe de la unidad de procedimientos especiales y catástrofes del Samur – Protección Civil del Ayuntamiento de Madrid.

“La coordinación es total por todas las partes, tanto con los promotores, como en el exterior con las fuerzas de seguridad, y dentro del recinto con los vigilantes privados. Es la única forma de hacer un bolo tranquilo y divertido para todos”, agrega en el mismo sentido Juan Carlos Ruiz Rabadán, director de seguridad del WiZink Center de Madrid.

“Nunca será igual un concierto para 5.000 personas que para 30.000, ni uno tipo fenómeno fan que un show de rock o jazz”, Juanjo Giménez Mediavilla, Samur

Teniendo en cuenta quién es responsable de cada zona y respetando el trabajo de todos los agentes implicados, sí ha habido importantes cambios para mejorar la seguridad de los grandes conciertos y festivales de nuestro país. Es algo en lo que hacen especial hincapié todos los encargados del área, tanto en el ámbito público como en el privado, además de resaltar la importancia de conocer el tipo de espectáculo y, sobre todo, el público que asiste a cada evento. “Nunca será igual un concierto para 5.000 personas que para 30.000, ni uno tipo fenómeno fan que un show de rock o jazz”, matiza Giménez Mediavilla. “Hay que tener siempre en cuenta el factor humano”, agrega Revuelta. Ruiz Rabadán añade otra máxima: “Solo debe haber un criterio”, la protección.

Coordinación y vigilancia

Coordinación impecable, celeridad, vigilancia e inspecciones. En estas cuatro claves se pueden resumir los pilares fundamentales para que un concierto sea seguro. Giménez Mediavilla explica que tras lo que ocurrió en el Madrid Arena en 2012 se implantó en la capital la obligatoriedad de exigir un Plan de Autoprotección (PAU), que se revisa antes del  evento y, durante la celebración del mismo, la policía examina el recinto. Aun así, agrega Revuelta, esta exigencia, que se da en ciudades como Madrid y Barcelona, debería hacerse extensiva a todo el país. Para Giménez Mediavilla el mayor y más positivo avance ha sido el Cecor (Centro de Coordinación Operativo). Como su nombre indica, reúne tanto al personal de los recintos como a las fuerzas y cuerpos de seguridad públicos para responder conjunta y coordinadamente en caso de emergencia. Están en permanente contacto y lo dirige, habitualmente, un mando de la Policía Nacional, que suele designar la Delegación de Gobierno, con capacidad para tomar decisiones. “Es el cambio más significativo”, apostilla.

El director de seguridad del WiZink Center también subraya la importancia del Cecor. “La coordinación es más notoria desde los atentados, con más presencia policial. Los protocolos de las fuerzas y cuerpos de seguridad son los mismos, pero a raíz del nivel cuatro de alerta terrorista nos piden que evitemos las grandes aglomeraciones en la calle. De ahí que se haya trabajado para que haya mucha más celeridad en la entrada”.

Ruiz Rabadán señala otras mejoras implantadas en los últimos meses como la obligatoriedad de identificar a los menores con una pulsera con su nombre y el teléfono de un responsable o el servicio de perros especializados en detectar explosivos que peina el recinto antes de abrir. Asimismo, cita una mayor intensidad en los cacheos, que las entradas son mucho más dinámicas tanto en la organización de las colas como en el incremento del número de personal de seguridad, que han aumentado en un médico (sumando dos) el personal sanitario, han sacado las taquillas de incidencias al exterior y han aumentado la vigilancia en los accesos y alrededores con personal y cámaras.

La jefa de la unidad de operaciones en la Anella Olímpica de Montjuïc, Montse Méndez, señala que en el Palau Sant Jordi de Barcelona “evidentemente” han revisado los protocolos y han “implantado algunas medidas de forma permanente”, aunque rehúye dar detalles específicos por razones de confidencialidad. De todos modos, sí confirma que se ha establecido un perímetro de seguridad para el acceso y salida de la instalación y relata que hay reuniones de seguimiento y valoraciones con las fuerzas de seguridad locales y autonómicas que se realizan con más frecuencia que antes. “Han ampliado su cobertura en los eventos realizados en nuestras instalaciones”, anuncia. Esto en cuanto a la operativa diaria, previa y durante la celebración de un concierto o un festival, sea cual sea su característica específica. Pero Dionís Aymar, director de Araytor Correduría de Seguros, señala una novedad adoptada tímidamente, aunque cada vez más común tras los últimos y trágicos atentados de la ciudad inglesa.

“Cuando mis hijos van a un concierto quiero que sea igual de seguro en Barcelona que en Bilbao y Sevilla”, Javier Revuelta, Unium Servicios

Si hasta entonces lo más común era que los promotores contrataran un seguro que les cubriera en caso de incidente, amenaza o cancelación, ahora no es raro optar por una póliza de riesgos políticos y atentados terroristas. Se trata, explica, de “un producto específico”, más amplio porque con los atentados de Manchester se vio que un suceso así puede ocurrir en una ciudad, pero puede afectar a la gira en otros países. “Anteriormente las pólizas cubrían si el concierto se cancelaba por una amenaza terrorista en la ciudad, ahora la industria aseguradora cubre también el riesgo de que ocurra un atentado en una ciudad y afecte a otro país del mundo”.

Este nuevo producto, usado para dar cobertura a las giras internacionales, tiene otra variable que en los últimos meses ha sido recurrente en España. Es la referente a los llamados riegos por conmoción civil. “En los últimos tiempos se ha pedido mucho más, por ejemplo, ante la incertidumbre y la situación política que vive España”, afirma. Sí es cierto que hoy todavía son productos más caros, pero “cuando se normalicen y se incorporen a los presupuestos, el precio quedará más diluido. Los promotores están entendiendo que además de asegurar el riesgo normal, es fundamental responder a los riesgos reales de la actualidad”.

¿Quién es el responsable?

“Si hay un atentado, ¿qué podemos hacer nosotros que somos la seguridad privada? ¿Somos nosotros los que tenemos que innovar?”, se pregunta el director de Unium Servicios y encargado de la seguridad de grandes eventos como el pasado Mad Cool o giras como las de El Barrio, Robe y Guns N’ Roses. Y él mismo responde: “Quienes deben ponerse las pilas son las fuerzas y cuerpos de seguridad públicas porque no hay medios, a no ser que el concierto sea en el WiZink Center o el Palau Sant Jordi… Yo he tenido giras en Sevilla donde no ha aparecido la Policía Nacional para nada. Absolutamente para nada, ni siquiera en la reunión técnica. Sí nos mandan un oficio diciendo que hay que extremar las medidas de seguridad y tenemos la Red Azul, un canal de contacto entre la Policía Nacional y la seguridad privada que funciona los 365 días y las 24 horas, pero se tiene que dejar de lado la eterna discusión sobre quién tiene la competencia”.

Tener claro que la seguridad del exterior depende de los cuerpos policiales locales, autonómicos y nacionales y la del interior del recinto de las empresas de seguridad privada contratadas por los promotores y recintos parece una obviedad, pero todos la recalcan como fundamental para evitar problemas. “Es un evento privado con ánimo de lucro y, por tanto, la seguridad del recinto debe sufragarla el promotor y la administración debe garantizarla y vigilar”, asevera Giménez Mediavilla. “Abogo porque el exterior siempre es responsabilidad de la Policía, pero siempre en colaboración con el jefe de seguridad del recinto que es quien sabe cómo se manifiesta el público. El perfil del público de cada evento es lo que te dice cómo se mueve. No es lo mismo el público fan que acampa desde el fin de semana o el adulto que viene tres horas antes”, apunta Ruiz Rabadán. Lo que sí matiza Revuelta es que, en su opinión, es necesario “un mayor respaldo sí o sí de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado con más medios tanto en exterior como inspeccionando las condiciones de seguridad”.

Asimismo, responde a uno de los debates que se han instalado en el sector tras los atentados de la sala parisina Bataclan (22 de mayo de 2017) y los del Manchester Arena: ¿arcos de seguridad en los conciertos sí o no? Él es categórico: “No soy partidario de los arcos de seguridad. No los pondría. Es más operativo el registro que hace el vigilante especialmente para controlar los flujos de entrada”. Y añade: “En un festival como el Mad Cool, que este 2018 tendrá 80.000 personas diarias, ralentizaría muchísimo la entrada. Habría que ir a las cinco de la tarde para ver un concierto a las diez de la noche”. Lo que parece claro para todos los agentes implicados en la seguridad de un concierto es que hay margen de mejora.

La música, la oveja negra

Son diferentes y complementarias las medidas que ofrecen a este respecto, pero también hay una comparación recurrente. “Lo lamentable es que a diferencia del deporte, los espectáculos somos las ovejas negras. Para el fútbol hay caballería, unidades especiales… pero no para los conciertos. ¿Dónde están esas medidas que se despliegan para el fútbol? ¿Y por qué el mayor número de efectivos policiales y de inspecciones tienen lugar en Madrid y Barcelona? Cuando mis hijos van a un concierto quiero que sea igual de seguro en Barcelona que en Bilbao y Sevilla”, reflexiona Revuelta. Siguiendo con la comparación, Giménez Mediavilla explica que cuando los conciertos tienen lugar en los estadios de fútbol, una medida como el Cecor no es ni cuestionable porque son permanentes, tal y como obliga la Ley del Deporte. Por eso, sostiene, “debería haber una legislación que obligara y especificara los medios que son necesarios para cada evento, desde el personal hasta las vías de evacuación, el número de extintores y, por supuesto, una normativa sanitaria. Existe para maratones, la Vuelta o un partido de fútbol, pero no para estos eventos públicos”.

“Abogo porque el exterior siempre es responsabilidad de la Policía, pero siempre en colaboración con el jefe de seguridad del recinto que es quien sabe cómo se manifiesta el público”, Juan Carlos Ruiz Rabadán, WiZink Center de Madrid

De ahí que todos exijan una normativa específica y actualizada que obligue por igual a todas las comunidades autónomas. “Afortunadamente parece que en 2018 se va a aprobar una regulación de la seguridad privada a nivel nacional. Ahora tenemos la ley de 2014, pero con la regulación del 92. Eso es lo que se cambiará este año. Es fundamental para evitar esas diferencias entre ciudades y evitar peleas con muchos promotores que se creen que la seguridad es un chicle que se puede estirar o recortar si la cosa les va mal”, afirma Revuelta.

En cuanto a las mejoras a implementar para disminuir la vulnerabilidad de los conciertos las propuestas van desde la obligatoriedad de que las entradas sean nominativas, como señala Aymar, para que “haya un control más personalizado y no anónimo”, hasta el aumento de efectivos policiales. “Se debería trabajar también en tres líneas: exigencia en el servicio propio y revisión de los protocolos de seguridad y del PAU; mejora de las operativas en coordinación con las fuerzas de seguridad local y autonómica y concienciación al público asistente mediante una política activa de información”, opina Méndez.

Coincide con ella Javier Revuelta, quien defiende firmemente la necesidad de mejorar la formación específica en eventos musicales. “Todavía nos queda por aprender”, afirma. Y señala la “falta de formación” en todos los agentes implicados, desde los promotores hasta los vigilantes y las fuerzas públicas, pasando por el público. Según él, el público debería conocer los conceptos básicos. “Hay que saber dónde están las vías de evacuación y que hay que respetar al personal de seguridad. Esto, en realidad, es educación que te traes desde casa”. Defiende que esto podría evitar situaciones “muy desagradables”. En definitiva, y como resume Aymar, “la prevención es básica, pero no te exime del riesgo. La industria solo puede ser lo más transparente posible y colaborar con las autoridades”. Esa es la clave.


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