Rockvolución empresarial: excentricidad y creatividad

Pablo Picasso decía que todos los niños son artistas, y que la cuestión era si lo seguirían siendo al llegar a adultos. Y ahí está el quid de la cuestión. ¿Educamos a nuestros niños para que sean creativos? ¿O más bien les estandarizamos? Luego, cuando se incorporen al tejido productivo les exigiremos que sean creativos, pero a lo mejor hemos neutralizado su creatividad precisamente en su etapa formativa, cuando lo que deberíamos hacer en esta etapa es desarrollarla y potenciarla.

Como dice Sir Ken Robinson (por cierto, gran conferenciante que recomiendo a todo el mundo), en los sistemas educativos actuales predominantes irónicamente se penaliza el error, el fracaso. Pero la capacidad de arriesgarse y aceptar la posibilidad de erra es un requisito para el progreso. El mecanismo de prueba-error no puede producirse si penalizamos los errores. Si educamos a nuestros niños para que eviten el error también estaremos eliminando de su comportamiento la capacidad de investigar, de explorar, de probar opciones que puedan fracasar. En definitiva, estaremos eliminando de sus vidas la creatividad.

Al llegar a la etapa adulta serán individuos aversos al riesgo, al prueba-error, serán personas no creativas, no exploradoras. En un entorno en el que todo el mundo habla de innovación y de creatividad. Todo un despropósito social.

Parece que la creatividad de nuestra raza se concentra principalmente en los artistas, pero en realidad TODOS deberíamos ejercer nuestro derecho de nacimiento de SER CREATIVOS. Los zapateros deberían poder ser creativos, los oficinistas y las secretarias, los médicos y las enfermeras, los vendedores de los kioscos de revistas, los agentes de seguros, los agentes comerciales de los concesionarios automovilísticos… Absolutamente todo el tejido social debería poder desarrollar y ejercer su creatividad. Imagen qué civilización podríamos crear si la creatividad dirigiera nuestras vidas.

En este aspecto los músicos son individuos especialmente dotados de creatividad y, además, especialmente excéntricos. La excentricidad es un rasgo necesario para los artistas. Muchos de ellos exhiben una excentricidad delirante (Salvador Dalí, por ejemplo) y otros una excentricidad infantil (la cantante islandesa Björk o el cantautor catalán Albert Pla). Cada uno de ellos ha sobresalido de su generación por sus rasgos excéntricos.

No es extraño que muchos músicos legendarios carezcan de una educación académica estándar. B.B. King, Louis Armstrong o Jimi Hendrix son buenos ejemplos de ello. Otros músicos que han sufrido un sistema educativo restrictivo y neutralizante que les ha marcado de uno u otro modo, como en el caso de la banda británica Pink Floyd y su obra maestra ‘The Wall’, donde destaca su tema ‘Another brick in the wall’. En esta canción, Roger Waters señalaba al sitema edutivo como una prisión que ridiculizaba cruelmente a los alumnos y extirpaba su individualidad y su creatividad. El estribillo de esa canción le grita al mundo «no necesitamos esta educación, no necesitamos que controlen nuestras ideas». Desde entonces y durante 40 años esa frase ha sido un lema para los alumnos que no encajan en el sistema educativo.