Rockvolución empresarial: el talento y la gestión del entusiasmo

Mis compañeros de banda me llamaban Papá Noel colgado de Prozac en Teletubbilandia. Lo hacían por mi manera «ingenua» de afrontar los problemas. En concreto, el problema de tener un batería que demasiado a menudo no podía venir a los ensayos. Cuando eso sucedía yo sonreía y proponía al resto que aprovecháramos la sesión para componer (¡yo estaba deseando crear música y experimentar!). Al fin y al cabo yo también toco la batería, de manera que podía sustituirle sin problemas. De ese modo compusimos dos o tres temas. Para mí era una situación ideal. Como no tenía sentido hacer versiones de otros sin el batería titular, podíamos crear música si prisas: nuestra música.

Mi optimismo (fruto de mi amor por la creatividad) contrastaba con el desánimo del resto de la banda cuando el batería titular no venía al ensayo. Ellos quería disfrutar haciendo versiones de Whitesnake, Pink Floyd, Deep Purple, Bad Company y muchas otras bandas. Yo, en cambio, solo necesitaba componer. Ante la adversidad de no contar con el batería oficial yo me frotaba las manos pensando en la música que podríamos crear. Ellos, sin embargo, se consumían lamentando su ausencia. Nuestro entusiasmo (ahora lo entiendo) provenía de dos fuentes distintas y era difícil gestionar ese entusiasmo cuando provenía de mundos casi antagónicos (crear frente a recrear).

Hace algún tiempo junté esas dos palabras. «gestión y entusiasmo». En las empresas (especialmente si son grandes) suele hablarse de gestión del talento, pero a nadie se le ocurre hablar de la gestión del entusiasmo. La diferencia es básica. El talento no conlleva energía, es solamente una capacidad, una habilidad. En cambio, el entusiasmo es pura energía. Podemos tener en nuestro equipo a personas espléndidamente dotadas de las más diversas capacidades y habilidades, pero si no se entusiasman, por más que queramos gestionar su talento, nunca obtendremos su verdadera creatividad, ni su compromiso pleno con el proyecto.

La creatividad es otra forma de energía que surge del entusiasmo. Es una energía que crea y modela el mundo. En mi caso, el ejercicio de la creatividad desencadena de nuevo más entusiasmo. Una energía da paso a la otra, que retroalimenta a la primera. Así es fácil entrar en una espiral creativa (y de felicidad), al menos para mí. Y sospecho que no soy el único. Así que, en conclusión, creatividad y entusiasmo forman parte de un binomio mágico en nuestra existencia.

Hace un tiempo conocía a Richard Boyatzis en una conferencia de Esade. Su charla, que trataba del liderazgo emocional, comenzó con una canción de Aretha Franklin a todo volumen. Richard hizo poner a todo el publico en pie y nos hizo cantar y bailar. Una conferencia que empieza así genera una energía comunicativa imparable que casi garantiza el éxito de lo que sea que vaya a venir después. Y lo que vino después fue una genial explicación de cómo las empresas tratan de gestionar el talento de sus empleados…y fallan. Según nos explicaba Richard, muchas empresas analizan las habilidades de sus empleados y detectan las que no están bien desarrolladas. A partir de ahí se inicia un plan de formación y desarrollo para «equilibrar» esas habilidades latentes y ponerlas a un cierto nivel. Se trata de un modelo bastante intelectual, en el que la motivación del empleado no se considera apenas. El empleado que caiga en uno de estos programas verá cómo la compañía invierte en formarle, pongamos que en técnicas de negociación o en habilidades comunicativas, y le exige que se esfuerce por aprender y aprovechar la oportunidad que la compañía le brinda. El resultado habitual de esta política es que muchos empleados se esfuerzan por aprender unas habilidades que, a algunos, pueden no interesarles para nada. ¿Qué sucede cuando alguien estudia algo que no le interesa? Bueno, con suerte logra cubrir el expediente, pero raras veces se entusiasma demasiado. Y, aunque lo haga, cabe preguntarse si lo «comprendido» será realmente «aprendido» e incorporado a las habilidades naturales de su día a día