Michael David Rosenberg no es sólo un chico que un buen día encontró la gallina de los huevos de oro, y ayer aterrizó en Barcelona para demostrarlo. El cantautor, más conocido como Passenger, se armó con su guitarra y salió a conquistar la sala Razzmataz, llena hasta los topes. Su carisma hizo el resto.

Las ganas de escuchar al autor de Let her go se palpaban en el ambiente antes de que sonaran las primeras notas, y a más de un fan se le escapó un grito histérico cuando Passenger apareció en el escenario. La puesta en escena no pudo ser más austera: él, la guitarra y una suerte de ‘power point’ de fondo que proyectaba imágenes relacionadas con la naturaleza y el paso del tiempo. Eso sí, acompañado por una iluminación impecable que propició un ambiente singular para cada uno de los temas que el inglés tocó.

Un ambiente que también contribuyó a crear el propio cantautor, que mantuvo un diálogo permanente con el público y le emplazó a gritar, callar e incluso chascar los dedos. Así, reclamó entrega y coros cuando entonó Hate o Scare Away the Dark, mientras que amansó a las fieras cuando fue el turno de temas más íntimos como Riding to New York. Con este último tema protagonizó uno de los momentos más eléctricos de la noche, cuando se separó del micrófono para cantar a capela.

La interacción constante hizo que los espectadores se implicaran y no dudaran en obedecer. Incluso alguno se animó a responder a las bromas desde la platea como si estuvieran en un pequeño concierto familiar. El resultado: un espectáculo con coros constantes en prácticamente todos los temas, lo que pone de relieve que Passenger no es un ‘one-hit-wonder’, pues Let her go, el éxito que le llevó a la fama mundial, no fue ni de lejos el más coreado.

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