Me declaro fan incondicional

A mediados de los ochenta, no recuerdo el día o año exacto, me reuní con unos amigos en el bar en el que habitualmente nos tomábamos la cerveza y nos fumábamos todo lo que podíamos. Pero ese día era especial, teníamos entradas para ir a Zeleste para ver a B.B King y estábamos muy emocionados. Nos subimos al seiscientos de mi amigo Chichi y nos dirigimos a la mítica sala, donde todo lo excitante de la Barcelona musical solía suceder.

Entramos en la sala, no cabía ni un alfiler, y cuando digo ni un alfiler, no es una metáfora. Era asfixiante, agónico, pero no importaba porque estaba a punto de comenzar uno de los conciertos que más anhelaba, después de asimilar ya hacía años que nunca vería a The Beatles en directo.

Salió la banda puntualmente. Un montón de negros muy mayores para mi entonces, grandes, vestidos con esas camisas de múltiples colores… sección de viento, batería, teclado, guitarras, bajo, etc. Debían ser como 1000, ocupaban todo el escenario. Empezaron a tocar un blues potente, contundente, atronador. La sección de vientos estaba a mi izquierda, según mirabas el escenario, y el primero de la sección era el trompetista. Recuerdo que movía la cabeza de lado a lado salvajemente al ritmo de la música cuando no hacia llorar su instrumento. ¡El sonido de la banda era impresionante! Compacto y contundente.

Hacia el final del tema, dicho individuo se acercó al micro y como en trance religioso, con voz grave, anunció: “And now… Mister B.B King” repitiéndolo tres o cuatro veces. De repente, desde la lado derecho del escenario y azotando a su guitarra, apareció el genio, sonriendo, haciendo gemir, gritar a ‘Lucille’ al inicio de la segunda canción que habían empalmado a la intro. Se acercó al micro en el centro del escenario y arrancó uno del conciertos más alucinantes que he visto y recuerdo en mi vida. Y creedme, he visto unos cuantos… Fue una noche que jamás olvidaré y ha sido lo primero que ha venido a mi cabeza esta mañana al leer la noticia del fallecimiento de B.B King.

Una vez leí una entrevista del genio de Mississipi, en la que decía: “Canto para seguir a mi guitarra”. Increíble… Hay un millón de anécdotas, como la que explica como llamó a su guitarra Lucille, tras un incendio en uno de sus conciertos en la América profunda y en el que una chica con ese nombre salvó su instrumento. O cómo saltó a la fama para el gran publico blanco cuando Eric Clapton lo presentó en un concierto colaborando con él y en entrevistas lo nombraba como SU gran influencia a la hora de tocar la guitarra,… ¡Se podrían contar tantas cosas!

Volver a escuchar un blues será mas duro, sabiendo que jamás volveré a verlo en directo y desde aquí, quiero felicitar a mi amigo Julio Martí, su promotor histórico en este país desde hace 30 años. Seguro que él, con su locuacidad, tiene un millón de anécdotas que contar. Yo tengo la suerte de conocer algunas. Seguro que Julio hoy le ha dedicado un pensamiento claro, honesto y agradecido…

Si Clapton es SlowHand… B.B King fue GOD’SHAND… ¡¡¡Adiós Maestro!!!