Luis Vaca: «Me gusta pensar que soy un creador de calidad de vida»

Vivir a caballo entre dos continentes no es difícil si lo que vuela de este a oeste es la cultura musical de tres países: Cuba, España y Estados Unidos. Ya sea el quejío de Diego El Cigala, el talento cubano de Omara Portuondo o el jazz de Anthony Strong; estos tres talentos caben en los proyectos de Montuno Producciones, una de las promotoras que este año se integran en APM.

Omara continúa con la gira mundial que comenzó hace dos años con Diego El Cigala 

Entrevistamos a Luis Vaca, representante de la promotora. Entre café y bullicios, nos contó cómo llegó a hacer las labores de booking y management de las oficinas de la empresa en España.

¿Cómo comenzaste tu carrera en la industria de la música?

Como la mayoría de los que estamos aquí, entramos en la industria por casualidad. Salí de la carrera de antropología y un hermano de un amigo me dijo que a una empresa de música le hacía falta una persona que hiciera contabilidad. Previamente había trabajado de stagehand en el Festival Grec, montando gradas, poniendo sillas en las salas y demás.

Al medio año ya tenía entendido el trabajo y me sobraba tiempo. Se lo dije al jefe de aquél tiempo y me sugirió que me dedicara a los conciertos. Y dije: Venga, ¿por qué no? Se me dio bien, casualmente. A partir de allí seguí creciendo y mi jefe, Alfonso Sitjà de Posto Nove, se convirtió en mi socio. Que, por cierto, fuimos de las primeras promotoras de la APM.

¿Cómo era la Asociación de Promotores Musicales en aquel momento?

En ese tiempo éramos 15 o 20 asociados. Llegué a ir a los primeros encuentros. Pero cuando entré a la sala este año y vi a tantas personas, pensé que me había equivocado de sitio. ¡Cuánta gente! Después de haber estado ausente de la APM tantos años pensé que al volver me iba a encontrar a pocas personas, las que habíamos sido siempre. Cada año subían o bajaban dos, así que el número se mantenía. Me dio mucha alegría ver lo que habían crecido.

¿Cómo llegaste a Montuno Producciones?

En mi trayecto profesional, después de años de ser socio de Alfonso llegué a una etapa de cambio, había tenido una hija y quería un año sabático por lo que dejé Posto Nove. Después de ese año entré en Montuno en el 2009.

Me imagino que probablemente aquella señora que mira tan gustosa al concierto, tiene un jefe que le amarga los días y se ha gastado 15 euros y durante dos horas y se va a olvidar de sus problemas. Me gusta pensar que soy un creador de calidad de vida.

¿Cuál fue tu primer concierto como promotor?

El primer concierto que organicé fue en 1996. Le siguieron muchos conciertos de músicos africanos y brasileños por ejemplo Manuel Vivanco, Angelique Kidjo…

Ahora estamos produciendo conciertos entre España y América Latina. En Montuno, generalmente, somos los managers directos del mismo artista; en España no tenemos representantes así que hacemos de booking o de promotores. Tenemos un acuerdo con el Festival Internacional de Jazz de Barcelona, vamos a medias en el festival y hacemos la taquilla. Así que básicamente llevo todo lo que tenga que ver con la contratación de los artistas de la promotora en los dos territorios.

Montuno Producciones presenta el nuevo disco de Fatoumata Diawara

¿Cómo ha sido tu experiencia en una promotora que trabaja con talentos latinoamericanos?

Recuerdo con cariño las giras de Montuno con Buena Vista en Latinoamérica, fueron muy divertidas y con mucho éxito. Siempre fueron conciertos o casi llenos o con sold out. ¡Salas de 5 mil personas!

Anteriormente, con Posto Nove, recuerdo la gira por carnavales de Carlinhos Brownn o la gira que hicimos en María Caipirinha, cuando tuvo su hit. Cada día era una cosa nueva. El carnaval es totalmente diferente. Un concierto en carnavales, en plena calle, no tiene ningún tipo de control. Yo sabía hacer un concierto en una sala o dentro de un espacio con una cuota establecida de público, ¡pero hacerlo en la calle es una locura! Puede pasar cualquier cosa y puedes encontrar 45 mil imprevistos en un concierto. Cada día era una sorpresa, nunca pensabas que un lío podía ser más grande hasta que llegaba el día siguiente. Ahora cuento la anécdota entre risas, pero en ese momento te morías de miedo.

Esa afirmación requiere una historia 

Recuerdo una ocasión en que estábamos a pocas horas de un concierto en carnavales (Brasil), me dijeron que alguien había estacionado un coche a mitad de la calle que impedía el paso del tráfico y el acceso al concierto. Pensé que era un coche bomba y lo único que se me ocurría era correr en dirección contraria. Unos niños que estaban jugando cerca me dijeron tranquilamente que ellos lo movían. Utilizando la suspensión del coche, hicieron que el coche brincara hasta que lo quitaron del camino.

Pero lo que más me gusta recordar es que a todos esos conciertos siempre estuvieron llenos. Siempre me ha gustado ver las caras del público, los veo disfrutar y me imagino que probablemente aquella señora que mira tan gustosa al concierto, tiene un jefe que le amarga los días y se ha gastado 15 euros y durante dos horas y se va a olvidar de sus problemas. Me gusta pensar que soy un creador de calidad de vida. Esa es la satisfacción que me da más dentro de todas las dificultades que hay en esta profesión. No me imagino trabajar en otro sitio.

Y creo que la mayoría de los que están aquí han llegado por casualidad y se han quedado por vocación.

La entrevista finalizó con esta última frase mientras el resto de los asociados reían contando sus experiencias y sus propios “Recuerdas en aquel año, cuando trajimos a…”