¿Crisis? ¿Quién dijo crisis? No nos pondremos a llorar hablando de las cifras de ventas de discos ni nos lamentaremos, una vez más, de los innumerables palos en las ruedas que este gobierno parece empeñado en ponerle al sector audiovisual y al mundo de la cultura en general. Tranquilos. Tenemos buenas noticias: Los festivales musicales en España están aguantando el tirón, y lo están haciendo con nota.

En los últimos tres años han desaparecido en nuestro país 160 festivales de música. La cifra puede parecer alarmante, pero es apenas una cuarta parte de los más de 800 festivales que cada año tienen lugar en algún rincón de España. Y pese a estas desapariciones, en el mismo periodo se han creado 158 festivales nuevos. Son cifras dadas por Tino Carreño, profesor e investigador del “Programa de Gestión Cultural de la Universidad de Barcelona (UB).

Sí, es cierto que ha habido desapariciones doloras, como la del festival Jiwapop de Montcada i Reixach, en Barcelona, anulado a pocos días de celebrarse debido a las pocas entradas vendidas. Sin embargo para mucha gente joven (y no tan joven) los festivales se han convertido en una nueva forma de veraneo, en un sinónimo de vacaciones donde se unen música y, en muchas ocasiones, acampada y turismo.

Los ingresos procedentes de las administraciones públicas han caído en picado. Los patrocinadores, cada vez más cautos a la hora de invertir y con menos “cash” en sus arcas, también escasean, así que la alta dependencia de la taquilla que tienen la mayoría de eventos musicales ha golpeado duramente a muchos. Disminuir el número de días y de actividades ha sido un salvavidas en muchos casos.

Las cifras hablan por sí solas

La misma fisionomía de los festivales de música se ha visto obligada a cambiar. Si unos años atrás la potencia de un buen cartel era un reclamo importante, hoy el éxito parece estar garantizado si se saben combinar bien factores muy diversos. Y si no que se lo digan al municipio de Burriana, en Castellón, donde el Arenal Sound se ha convertido, con sólo cinco ediciones, en el Festival con más afluencia de público de toda España, congregando a 250.000 personas y desbancando al mítico Festival Internacional de Benicàssim (FIB), que sigue en caída libre. De los 200.000 espectadores que consiguió en el 2011, el FIB no ha dejado de perder asistentes, hasta llegar a los 120.000 de este año.  La misma Asociación de Promotores Musicales (APM) atribuye la caída de público a una “política un poco descabezada” a la hora de programar bandas, y quizá al desgaste de la marca FIB.

Que no cunda el pánico. Como os decíamos, se han creado tantos festivales como los que se han quedado por el camino, y la cifra de público sigue estable, incluso creciendo en muchos casos. Al abrumador éxito del Arenal Sound se suma también el del Rototom  Sunsplash, también realizado en Castellón (Benicassim) que ha congregado a 240.000 personas. Éxito también en el BBK Live de Bilbao, que este año ha conseguido su record de asistencia con 120.000 espectadores, y eso que hablamos de un festival cuyos precios medios rondan los 120 euros. También el Viña Rock de Albacete ha colgado el cartel de “no hay entradas” al llegar a las 200.000 vendidas, y el Primavera Sound de Barcelona creció de los 170.000 a los 190.000 visitantes en su última edición.

¿Por qué unos festivales crecen y triunfan y otros desaparecen? Pregunta imposible de resolver, aunque sin duda hay algunas claves que nos pueden acercar más al éxito.

Algunas claves del éxito

Para empezar, no olvidar las redes sociales. Son muchos los grupos y cantantes que utilizan Twitter, Facebook o Instagram para publicitar su paso por algunos escenarios. Lo hicieron los Placebo a su paso por el Arenal Sound, con tuits que superaron los 10.000 retuits. Los selfies que invaden internet, de chicos y chicas en tal o cual festival son otro ejemplo. Y si no que se lo pregunten a los asistentes al concierto de Raphael. Sí, él, el único. El que ahora es indie. El mismo Raphael que actuó en el Sonorama, el veterano festival que se celebra en Aranda de Duero desde hace 20 años. El único artista que tiene en su haber un disco de uranio y que ahora es un icono indie. Y es que muchos de los asistentes a ese extraño concierto se mostraron más preocupados por hacerse un buen selfie con el septuagenario cantante de fondo, que por prestar atención a su repertorio. Por cierto, exactamente el mismo que hubiera cantado Raphael en el Teatro Real de Madrid en un concierto para señoras de su “quinta”.

Algo que también ayuda y que es una tendencia al alza es el “glamping”, el “camping con glamour”. Dos palabras poco dadas a ir juntas, pensarán los más sibaritas, aunque ofrecer al festivalero ir a tienda puesta, con cama y servicios “deluxe” está resultando un reclamo importante para muchos que ven el Festival como un lugar de veraneo y de encuentro con sus colegas y quizá pongan en segundo lugar sus apetitos musicales.

Y sí, es cierto que por Europa siguen existiendo festivales impresionantes, con carteles de lujo, emplazamientos dignos de postal y cifras mareantes de asistentes. Sirvan como ejemplo el Weather Festival, en París, el mágico Secret Solstice, en Islandia, el Electric Love de Salzburgo o el Melt! alemán. Pero que nadie se deje amedrentar por ellos. Si hay un negocio que parece haber resistido más que bien a esta crisis, está siendo el de los festivales de música, repartidos ya a lo largo de los 12 meses. Lamentamos la desaparición de muchos festivales, la muerte de marcas míticas que ahora leemos con nostalgia, aunque no nos cabe duda que la industria festivalera española goza de buena salud. Ojalá muchos de sus gestores se dieran cuenta de hasta qué punto podría aún crecer si se cambiaran algunas normas o si se retocase su fiscalidad.

Sobre El Autor

APM

La Asociación de Promotores Musicales (APM) es la principal representante de la industria de la música en vivo en España. Sus socios representan al 80% de los promotores privados del país, y son los responsables de las principales giras nacionales e internacionales y festivales que se celebran.

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