Ariel Martini - Sónar

Leyes contra la música en vivo (2a parte)

Si la semana pasada hablábamos de las trabas que la legislación ponía a las salas de conciertos para hacer su actividad, esta vez nos centramos en como las leyes dificultan la faena del promotor. Y el caso es bien distinto. Si los locales pierden el sueño por la montaña de normativas y administraciones a las que dirigirse, los profesionales del directo reclaman marcos legales para no tener que atenerse a medidas no pensadas para el sector.

La situación es distinta, pero tanto salas como promotores marcan un punto de inflexión en la tragedia del Madrid Arena. “Antes no existíamos y desde entonces estamos en el punto de mira”, asegura un promotor con décadas de experiencia a su espalda. La sensación es que se han sacado las cosas de quicio. Y la cuestión, según los promotores, no está en esquivar el cumplimiento de las normas, sino crear un marco legal adecuado al sector.

Situaciones ridículas
“Las administraciones explicitan su apoyo a la música en vivo y se involucran en la organización de conciertos y festivales, pero, como es lógico, el funcionario que tiene que firmar los permisos de actividad es extremadamente exigente”, cuenta el mismo promotor. Ante la inexistencia de una legislación propia y con la necesidad de ser lo más prudentes posibles, los trabajadores públicos buscan normas cercanas a la necesidad del promotor aplicando siempre la opción más restrictiva.

Tenemos como ejemplo más claro el permiso para obras de edificios que han tenido que tramitar algunos promotores para montar la infraestructura de sus festivales. Unos permisos que exigen de requisitos –e inversiones- mucho mayores que los necesarios para levantar estructuras temporales, que se acercan más a la realidad de estos eventos. El caso se ha llegado a poner tan kafkiano que en algún festival de este verano se han visto pararrayos…y no por capricho del promotor. Lo nunca visto.

Más legislación
La solución propuesta por los promotores pasa, una vez más, por la profesionalización del sector. “Queremos un trato de sector estratégico”. Una reclamación repetida en el sector y que se traduce en la creación de una legislación propia, no solo para la organización de eventos, sino también para controlar el acceso a la profesión. La petición de requerimientos adecuados para tirar adelante un concierto y el establecimiento de unos parámetros para definir a los trabajadores del sector van de la mano para garantizar la seguridad del público y prácticas profesionales. Los promotores consideran que la creación de una legislación propia y favorable al sector beneficiaria no solo a su actividad, sino también a todos los ámbitos que directa o indirectamente están vinculados a la celebración de un concierto.