Latinoamérica: Lo que cuesta brincar el charco

Nueve mil kilómetros son los que separan a la industria musical española de la latina. 700 euros es lo que cuesta un boleto de avión promedio dirección a la Ciudad de México. Nueve de las doce giras principales españolas cruzaron esos kilómetros para enfrentarse a un público que a pesar de que no cecea, habla castellano, come picante y es famoso por los decibelios a los que canta en un concierto en vivo.

Dos años después de que subiera su primer vídeo a YouTube, Pablo Alborán lanzó una misiva. “Quiero que Latinoamérica escuche mi música y le guste”. En 2011, antes de que ‘Solamente tú’ sonara en el Auditorio Nacional de la Ciudad de México, se escuchó en una telenovela mexicana, en prime time  y con gran audiencia. Chile y Argentina la eligieron para sus propios culebrones el mismo año. Alborán tenía 24 años, y hacía solo dos que había debutado. En total, 15 programas han tenido canciones suyas, como sintonía promocional, en países como México, Chile, Argentina, Brasil y España. Cuando en 2012 fue nominado a los Latin Grammy y cantó con Demi Lovato, América Latina ya lo conocía. Había estado en sus casas, de lunes a viernes a la hora de cenar.

Actualmente es ‘Saturno’ la canción que suena en la televisión de todos los hogares mexicanos, una estrategia de Get In muy oportuna para recordarles que a partir de marzo pasa por seis ciudades del país. Pero antes, en noviembre de 2017, se dedicó a visitar emisoras de radio y platós de televisión para cantar sus dos singles, ‘Saturno’ y ‘No vaya a ser’, y firmar su nuevo disco. Llegar a ser reconocido en otro país podría parecer difícil, pero mantenerse como un cantante que aumenta el tamaño de sus conciertos es otra historia.

También cruzaron Vetusta Morla, representando a la música indie española, ha construido poco a poco una comunidad de fans estable y que crece proporcionalmente a sus fechas de gira. En su primer viaje no volaron solos, sino con el grupo mexicano Zoé, que les aportó un público muy acorde. Giraron conjuntamente en sus respectivos países y aprovecharon la plataforma de difusión de sus colegas para iniciar un proceso de captación de público para el futuro.

Tras doce viajes a México, cinco a Colombia, seis a Chile y siete a Argentina, Vetusta Morla vuelve al continente a partir de marzo de 2018 para promocionar su nuevo álbum, Mismo sitio, distinto lugar (Pequeño Salto Mortal, 2017), editado por su propia discográfica. Esta vez lo hace con una estrategia mucho mejor organizada. Para el tour, cuenta con la implicación de tres reconocidas empresas de la industria musical española, Esmerarte, Promoción sin Fronteras y Sony, y con acuerdos puntuales con Ocesa en Latinoamérica.

El gran gigante

Ocesa no es una empresa menor. Según la revista Pollstar, hay diez grandes promotoras a nivel mundial: Live Nation, con 52.492.301 entradas vendidas en 2017; AEG Presents, con menos de la mitad, 14.395.959; y Ocesa, con presencia en México y Colombia, 4.034.699 tickets vendidos y un crecimiento del 8,8% respecto al año pasado. Se trata de una infraestructura capaz de llevar a cabo giras tanto del tamaño de la de Pablo Alborán, que tocará en el Auditorio Nacional con una capacidad de 10.000 personas, como la de Vetusta Morla, que estarán en la Plaza Condesa de la Ciudad de México para 1.900 asistentes. Dos tipos de público, dos recintos, misma promotora. Pero un aeropuerto internacional, promotoras multinacionales y recintos y carteles de todos los tamaños y colores no son suficiente para colgar el sold out al otro lado del Atlántico.

Para Jimena Sporleder, directora de comunicación en Charco, la agencia de música especialista en la relación de la industria musical española con la latinoamericana, hay un factor clave: el networking. A los países latinos les hacían falta ferias profesionales. Actualmente, hay un aumento de espacios e iniciativas donde los profesionales se encuentran y los proyectos fluyen. El Bom de Bogotá, Circulart de Colombia, el Mica de Argentina y la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL) son algunos ejemplos que han logrado posicionarse. Esmerarte tiene muy trabajada esa relación: en la FIL de México de 2017, considerado el mayor encuentro cultural en español del mundo, Vetusta Morla compartió escenario con el grupo mexicano Porter y llenó el aforo de la primera noche con 4.000 personas. Incluso hubo varias decenas más que permanecieron fuera del recinto donde veían el espectáculo desde las pantallas exteriores. A su concierto le siguieron los de Leiva, Dani Martín, Xoel López, Depedro y otros.

FIL México
Inauguración del Pabellón de Madrid dentro de la XXXI Feria Internacional del libro en Guadalajara, México, sábado 25 de Noviembre 2017. (© FIL/ Paula Islas)

Al parecer, el Atlántico no es tan grande para Esmerarte. Vetusta Morla lleva más de 12 viajes por numerosas ciudades del país; Xoel López estuvo viajando por América Latina durante cinco años; dos de los integrantes de Jenny and the Mexicats son mexicanos y su gira ha pisado cuatro continentes; y Carlos Sadness “se ha autopropulsado más allá de las fronteras nacionales, rompiendo récords de venta en México donde sus entradas vuelan por centenares en tan solo unos minutos”, según dice en su página web.

Ya establecido el contacto, se plantea la gira: “Para América Latina siempre hacemos una adaptación técnica de nuestro rider en gira nacional, simplificando la parte de escenografía e iluminación”, explica María Galdón, encargada del departamento de producción de Esmerarte. Esto se debe a la dificultad de transportar el material escenográfico. Pero Galdón afirma que todo es cuestión de plantear algo que se adapte a las posibilidades.

“Encontrar el show ancla es lo difícil, pero a partir de allí, vamos construyendo el resto de la gira”, mencionan desde el equipo de Charco. América Latina tiene 600 millones de habitantes; España, solo 46. ¿Por qué no se contempla todo ese mercado habituado a recibir propuestas de fuera de sus fronteras? Hasta hace 15 años aproximadamente en México y Argentina la música española se reducía a Joaquín Sabina, Julio Iglesias y Joan Manuel Serrat. Posteriormente llegaron grupos como La Oreja de Van Gogh, Mónica Naranjo y Alejandro Sanz (también por la vía de la telenovela) y rompieron un poco el tabú. Pero eran solo la punta del iceberg de lo que se estaba sucediendo en España.

América Latina podrá ser grande, pero ya pasó aquella época en la que solo se pisaba la capital de tres o cuatro estados del continente pensando que se abarcaría todo el mercado. Si es necesario pisar más de 20 ciudades españolas en una gira, es previsible pensar que allá hay que abarcar mucho más territorio, aunque sea simplemente por comparación de densidad demográfica. En marzo, la primera etapa de la gira Alborán pasa por Ciudad de México (dos fechas), Querétaro, Puebla, Monterrey y Guadalajara, en México; Majadas, en Guatemala; Panamá, en Panamá; San José, en Costa Rica; y Medellín y Bogotá, en Colombia.

Cristina García, directora de comunicación y marketing de Esmerarte, afirma que hay que tener en cuenta las particularidades del territorio: “Los locales saben qué es lo que necesita el público. Por ejemplo en México, Vetusta Morla hace meet ups con los fans, algo que no acostumbra a hacer en España. En 2018 pisan por primera vez Perú y Chile, y luego Colombia, México y Argentina.

Para los habituados a pisar el continente, Brasil es una barrera considerable. Según el estudio Digital Music Report 2014, los brasileños consumen un 90% de música local. Por eso uno de los que está ganando mercado es el cantante colombiano J. Balvin, a través de su alianza con Anitta, una conocida cantante de pop, reguetón y rap del país. Su colaboración es el visado para que su música se escuche dentro de sus fronteras. Alborán hizo lo propio con Jesse & Joy y Ricky Martin y sus conciertos tuvieron gran aceptación en México y Puerto Rico. Vetusta lo hizo con Zoé, Porter y Sidahrta, y ha colgado algunos sold out en ciudades donde trabajó esa relación.

Ángel Navas, cofundador de la revista Industria Musical, afirma que un factor importante es establecer una ruta que abarate los costes del viaje. La industria crece cada vez más en ciudades como Bogotá, Lima, Asunción, Santiago, Buenos Aires, Río de Janeiro, Guadalajara y Monterrey. Latinoamérica se está descentralizando, y con ella, la oferta, las giras y las propuestas musicales. “Es necesario crear un modelo sostenible”, agrega.

El tamaño de América latina se acorta si las industrias generan puentes que crucen esos 9.000 kilómetros, los costes del vuelo se abaratan si se plantea una ruta real de acuerdo a las distancias del continente y el viaje, bueno, el viaje vale totalmente la pena ante un público que se llena de energía cuando la música comienza a sonar.

 

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