Indie para las masas

Artículo de Abel González publicado en el II Anuario de la Música en vivo en 2011

«Fenómenos como el de Love of Lesbian o el de El Guincho indican que la popularidad del indie está en su mejor momento. De hecho, el indie hoy, a diferencia de aquella primera explosión, es popular», remarca Gerardo Carton, director de PIAS Spain. Así es. Basta con consultar la agenda 2010 de estos dos grupos para llevarse las manos a la cabeza. Los últimos años también han visto crecer el tirón de grupos como Franz Ferdinand o Arcade Fire, tan cabezas de cartel hoy como cualquier dinosaurio pop de toda la vida. Y ha ocurrido todo un acontecimiento: desde la independencia se han exportado con un éxito inédito propuestas nacionales como las de El Guincho o Delorean, mucho más grandes en Estados Unidos o en Australia que en España. «La principal alegría es la consolidación de la capacidad exportadora de la música producida aquí», opina Joan Vich, responsable de la discográfica y productora Primeros Pasitos.

Stndstill ha sido otro de los grupos nacionales que mejor ha impuesto un modelo de autogestión que ha calado hondo entre el público. Quien le pone la voz a sus canciones, Enric Montefusco, reconoce que la nueva tesitura de la industria ha hecho que los festivales sean los que llevan el timón del género, «por capacidad de convocatoria y rentabilidad de esponsorización. Condicionan al resto de la industria y también al público». En 2010, se han soplado las velas del décimo aniversario del Primavera Sound en una edición que tocó el techo de los 100.000 asistentes, cifra que, como reconoce con cierta ironía Gabi Ruiz, director del festival, empieza a ser «ciertamente obscena» para una cita en la que, tradicionalmente, el bulto lo engrosan bandas que, desde fuera del género, se consideran de culto. La batería de hits de la reunión de Pixies fue uno de los momentos álgidos y de más tirón popular que se han visto encima del escenario durante el curso pasado, pero también brillaron en el Primavera 2010 unos veteranos del syntpop de los 80, Pet Shop Boys, con un espectáculo elegante que hace poco tiempo se hubiese considerado casi contrario al hipotético decálogo del género. Sin embargo, y como recuerda Gerardo Carton, allí estuvo el momentazo de comunión indie del curso.

  Barnaby Harrod vivió su gran momento durante el festival Low Cost, que se celebró en julio en Benidorm. En 2010, su promotora, Mercury Wheels, ha cerrado un ejercicio récord: «Hemos hecho más conciertos que nunca (unos 150) y todos indies», explica Harrod. «Hay más aceptación ahora que nunca. En Inglaterra, el indie era aceptado entre el público en general. Cuando vi a Franz Ferdinand en el Astoria flipé con la cantidad de gente ‘normal’ que había en el concierto: enfermeras (con su uniforme aún puesto), abogados (con la corbata quitada), secretarias… En España esto también empieza a ocurrir y ya no hace falta pertenecer a alguna tribu para acudir a un concierto indie».

En la red, todo es indie…

Paralelamente, los nuevos sistemas de promoción en la red han hecho que los promotores y artistas de vocación masiva hayan trabajado con mecanismos propios de la independencia. El periodista musical Joan Pons cree que el indie ha crecido saludablemente «hacia la recuperación de su ética original y también de la reiteración de su estética». «En los primero», señala, «tiene mucho que ver todo el cambio del mercado, las normas discográficas y la manera de consumir música. Ahora, si quieres, puedes ser indie, aunque hagas R&B de radio fórmula, si decides solo publicarlo en tu web personal». Marc, cantante de Dorian, ya no lo ve una cuestión de tamaño: «Una banda es indie cuando controla todos los aspectos de su trabajo, desde la música, hasta las letras, el arte de los discos, los vídeos… Y eso no tiene nada que ver con estar en un sello indie o en una multi«.

El término indie está hoy instaurado, pero su significado es cada vez más paradójico. Con las líneas tan diluidas, cada día es más absurdo considerar que es indie todo aquello que no es mainstream ni deliberadamente underground. «Se ha convertido en una deformación de su origen etimológico», observa Joan Pons. «Lo que se llama indie, por su condición de estar publicado fuera de grandes compañías, se fue confundiendo con el sonido de aquellas primeras bandas y sus sellos».

El indie, a partir de ayer

En la radiografía de 2010, las propuestas de ascendente folk habrán ido a la baja, se han remozado los muros del shoegazing, se ha reivindicado ligeramente el pop de los 80 y se ha vuelto a grabar confiando en la baja fidelidad (lo-fi) para llegar a un efecto de marcianismo algo desconcertante. El curso también deja a África como el nuevo lugar en el que buscar nuevas ideas rítmicas, hasta el punto que citar el Graceland de Paul Simon queda casi mejor que referirse al Smile! de Brian Wilson. Más: 2010 ha sido de nuevo un año de expansión del sonido de Animal Collective y de su consolidación como referente. Son el faro de la crítica, han reeducado a un público cada día mayor y han influenciado a decenas de nuevos grupos, devolviendo a Brooklyn el epicentro creativo del universo indie.

A pesar de que el término haya quedado tan abierto que ya casi no engloba y que, según Montefusco, «haya que ir buscando otra palabra en breve para poder trabajar de forma ‘independiente’ sinq ue te metan en el gran saco», Joan S. Luna, de MondoSonoro, observa que «cada vez hay más público que asiste a conciertos de artistas considerados indies, estén en un sello independiente, en una multinacional o sean un grupo autoeditado». Para ilustrar la otra cara de la moneda, Barnaby Harrod nos propone el ejemplo de Interpol. Una banda que ha fichado por una multinacional «y todo el mundo sigue de acuerdo en que su música es indie».

Los años que vienen serán intensos. La praxis indie seguirá comiendo terreno a las desconcertadas corrientes principales y no hay crisis que haga pensar que la música independiente vaya a sufrir un revés selectivo. Si alguien demuestra poder de adaptación en estos momentos son los cuerpos que se mueves con mayor autonomía. Si el antídoto está en la especificidad y la especialización, la música indie parte en buena posición. Aunque quizás un día, no será ya tanto un género o una manera de hacer las cosas, como una póliza de autenticidad o una suerte de denominación de origen.