Habla la crítica… Adele se corona en Barcelona

El éxito de público que supuso la salida a la venta de las entradas para los dos conciertos de Adele en Barcelona ha venido seguido, una vez celebrado anoche el primero de los shows, de un éxito paralelo en términos de crítica musical. Esto es lo que han destacado los medios de la actuación de la diva británica a su paso por la ciudad condal, a unas pocas horas de su segundo show en el Palau Sant Jordi:

· Javier Blánquez/EL MUNDO. Una bestia escénica llamada Adele

«Nada más comenzar ‘Hello’ y emerger de entre el terciopelo negro del escenario central como una Venus (de Willendorf) vestida de Burberry y lentejuelas, Adele ya se paseaba con el tronío de una folclórica, aclamada por un público feliz de verla, dispuesto a reírse con sus graznidos y sus trinos, de escuchar su chorrazo de voz, de mostrarle amor. Al final, posiblemente la superación del pánico tenía que ver con una evidencia: no hay nada que temer ahí fuera, ni rastro de tensión o timidez, lo que tenía delante sólo eran 15.000 personas besando el suelo que pisaba».

· Jordi Bianciotto/EL PERIÓDICO. Adele domina

«Si otras estrellas pop corretean por escenarios llenos de atrezzo o bailan en medio de vistosas coreografías, Adele concibe el espectáculo alrededor de sí misma, segura de sus poderes, buscando el contraste de su voz y su figura sobre un fondo en blanco. Así fue en el Sant Jordi desde la primera canción, ‘Hello’, de su disco más reciente, 25, que interpretó en un cuadrilátero desnudo, colocado en el centro de la pista, como el Sinatra de ‘The main event'».

· David Morán/ABC. Adele se corona en Barcelona como diva de proximidad

«La británica propone emociones pulcras, sencillez nada impostada y canciones arregladas entre susurros, armas con las que quedó claro que también se puede conquistar la montaña de Montjuïc. Es más: como si no hubiese hecho otra cosa en su vida que pasear por recintos abarrotados, Adele se reivindicó como parlanchina y deslenguada diva de proximidad parloteando con el público, subiendo a fans al escenario y, en fin, haciendo ver como si todo eso de la fama no fuese con ella».

· Luis Hidalgo/EL PAÍS. Adele: las dos caras de una diva única

«El concierto embocaba su parte final con el público enredado en los pliegues del vestido de Adele, una artista cercana, normal como casi todos sus espectadores si exceptuamos su voz, pero que al mismo tiempo, quizás por no llegar a crear un ambiente sostenido durante la actuación, quizás porque su potente voz lo tapa casi todo, incluso, paradoja, a ella misma, resulta una intérprete más simpática que emocionante. Pero nadie salió triste tras ‘Rolling Into The Deep’. Fuera aguardaba un mundo un mundo en el que vulgaridad y distinción no caminan tan de la mano».