Hace décadas ya había quien aprovechaba los conciertos en directo para realizar grabaciones ilegales que después vendían de forma clandestina en el mercado negro. Hoy día, este proceder sólo lo vemos en las películas de gángsters ambientadas en el siglo XX, pero esto no significa que la piratería haya desaparecido. Al contrario. Con la popularización de Internet, este fenómeno se ha globalizado y se ha hecho más difícil retirar del mercado el material ilegal. Pero no sólo se divulga de forma no autorizada su material publicado, sino que en los últimos tiempos muchos artistas han visto como sus canciones están disponibles en la red incluso antes de que salgan sus discos.

Dos de los casos más recientes son Björk y Madonna. La cantautora islandesa anunció que sacaría un nuevo disco este año y, pocos días después, Vulnicura apareció en Internet. Ante este contratiempo, el sello discográfico de Björk optó por adelantar el lanzamiento oficial del disco en la plataforma iTunes. En el caso de Madonna, su nuevo trabajo Rebel Heart se filtró completo un mes antes de lo previsto.

“Antes la circulación del contenido pirata era más complicada, porque se hacía de forma física. Ahora le dan a un botón y ¡plas!, está en todas partes”, subraya Enric Enrich, profesor del Posgrado en Gestión del Negocio Global de la Música del UPF-IDEC.

El abogado especialista en la industria musical destaca que el material filtrado en la red también se diferencia de la piratería clásica por su calidad, ya que la digitalización permite que el material filtrado sea idéntico al que se publicará después de forma oficial, lejos de las maquetas piratas o las grabaciones ilegales de conciertos, que normalmente ofrecían un mal sonido.

Enrich admite que, una vez filtrado el material en Internet, resulta muy complicado frenar su difusión, así como localizar a los culpables. En cualquier caso, es el sello discográfico quien decide si emprender o no acciones legales, no el artista, ya que la grabación pertenece a la empresa y no a su autor.

En este sentido, apunta que los artistas han reaccionado a las filtraciones “como han podido”, ya que no hay pruebas de que una forma de actuar sea mejor que la otra para evitar pérdidas en la comercialización del álbum oficial.

Así, sostiene que la precaución es la mejor fórmula para evitar los efectos negativos de las filtraciones, y recomienda que los artistas tomen todas las medidas de seguridad posibles para proteger el contenido que crean, así como que no esperen demasiado tiempo entre la grabación y la publicación: a más espera, más probabilidad de que alguien acceda a una copia.

 

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