Artículo de la periodista Laura Santiago publicado originalmente en el Anuario de la Música en Vivo 2017

Comer en un festival de música puede ser una mera parada técnica para reponer energía o toda una experiencia gastronómica. Entre las hamburguesas minúsculas y caras del último puesto de moda y el bocadillo en papel de aluminio que lleva horas en la mochila, ¿cómo llenar el estómago con solvencia sin olvidarse de la música?

Siempre hay quien marca el camino. El fundador del festival Sonoroma, Javier Ajenjo, lleva veinte años apostando por potenciar la gastronomía de Aranda del Duero con el mismo entusiasmo con el que elabora su cartel. “Aquí se viene a ver música, pero también a comer morcilla, chorizo y lechazo”, avisa. Para Ajenjo, uno de sus aciertos es haber sabido integrar el festival en la ciudad, lo que pasa por incluir su oferta culinaria. Para ello, apuesta por no limitar la música al recinto. En 2017 contará con siete escenarios en plazas del pueblo y ofrecerá cestas de pícnic con manta incluida, una propuesta que ya probó en 2016 y que potenciará en la próxima edición.

Dueño de las bodegas Neo y amante del buen vino, Ajenjo defiende que esta bebida debe entrar en los festivales y salas de conciertos. Si no lo ha hecho ya, defiende, es porque no se hace una buena promoción: “¿Por qué no hay bodegas que patrocinen algún gran escenario?”, se pregunta. Para predicar con el ejemplo, en su festival los espacios no están patrocinados por marcas privadas, sino por enseñas del territorio, como la denominación de origen Ribera del Duero, la Junta de Castilla y León y la Diputación de Burgos. Sonorama también ofrece catas de vino y producto gratuitas para, entre otras cosas, hacer “un trabajo de base” entre los más jóvenes.

Sobre otros buenos ejemplos fuera de nuestras fronteras, Ajenjo no duda: “Los festivales ingleses de Reading y Glastonbury son los mejores”. El primero ofrece baguettes de filete de búfalo por seis euros, curry de cordero por ocho y risottos por siete; y el segundo dispone de más de 500 puestos de comida de todo el mundo, además de apostar por el Food for a fiver, comer bien por cinco libras. La fama de la comida del Glastonbury es tal, que tiene un blog dedicado a ella: Glastronomy, del escritor londinense Stephen W. Thomas.

En el panorama nacional, Ajenjo lo tiene igual de claro: “Portamérica es un referente absoluto, ¡lo hacen de maravilla!”. Y es que en Galicia, el festival de la promotora Esmerarte reúne en Caldas de Reis a más de una veintena de cocineros comandados por el chef Pepe Solla, varios de ellos con estrellas Michelin y soles Repsol.

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La comida importa: El festival PortAméricas, en las Rías Baixas, organiza el ShowRocking, en el que chefs de reconocido prestigio comisionados por Pepe Solla exhiben sus habilidades en los fogones.

Joaquín ‘Kin’ Martínez, director de Portamérica, defiende que la gastronomía es “un valor añadido” de la experiencia que supone pasar por su festival, e incluso admite que parte de su público solo acude por la cantidad de chefs de renombre que consigue agrupar. A pesar del éxito (ganó en 2015 el Premio Fest a la mejor oferta gastronómica), cree que no sería viable que todos apostaran con la misma intensidad por la gastronomía. “Cada uno tiene que especializarse en lo suyo. No todos pueden hacer lo mismo, claro”. Además, Martínez asegura que la apuesta por la alta cocina solo es viable en festivales con un público limitado. “La masificación va radicalmente en contra de la calidad. Es muy difícil ofrecer un producto gastronómico en citas con aforos de más de 40.000 o 50.0000 personas, porque la mitad no podría ni llegar a aprovecharlo. Y si presumes de vender buena comida y no puedes darla, el supuesto valor añadido se convierte en un problema. Como cuando fallan las pulseras de pago”, apunta. Pero las grandes citas no están reñidas con tener una oferta de restauración aceptable. “Se puede ofrecer buena comida, variada y servida para que se pueda disfrutar cómodamente. Eso no es tan complicado. Hoy en día, los food truck permiten tener una amplia oferta y que se pueda comer aceptablemente bien”.

El festival Vida de Vilanova i la Geltrú (Barcelona), que sucedió a PortAmérica en los Premios Fest como mejor espacio de restauración en 2016, ha recibido en 2017 unas 70 propuestas de food trucks, de los que elegirá entre 15 y 20. El director, Dani Poveda, asegura que los food trucks “cada vez se interesan más” por estar presentes en estas citas, y es importante saber elegir a los mejores y que haya variedad. El festival incluye, desde sus inicios, el puesto de un restaurante local, pero Poveda quiere apostar por ampliar la oferta de la zona. “Queremos crecer en ese aspecto, pero no es tan fácil que un restaurante de la ciudad pueda servir a unas mil personas cada día”.

Para redondear la experiencia, Poveda alerta de que es importante evitar uno de los principales quebraderos de cabeza de todo festivalero: las colas. En su caso, registraron bastantes el primer año, pero asegura que las han reducido planificando bien la programación, ya que sobre todo se forman antes y después de los cabezas de cartel. “En la última edición del festival, hubo cero colas en el servicio de bar y, por eso, bajamos mucho la espera para poder comer, ¡imagino que por eso nos dieron el premio!”

 

Sobre El Autor

APM

La Asociación de Promotores Musicales (APM) es la principal representante de la industria de la música en vivo en España. Sus socios representan al 80% de los promotores privados del país, y son los responsables de las principales giras nacionales e internacionales y festivales que se celebran.

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