Shakira fue uno de los conciertos de 2018 en grandes recintos
Shakira fue uno de los conciertos de 2018 en grandes recintos

La evolución de los recintos: versatilidad y renovación

Ante la diversificación de la oferta, los recintos han tenido que adaptarse para dar respuesta tanto a las nuevas demandas sociales, como a los múltiples tipos de shows posibles

Tras unos años bastante difíciles parece que salimos del túnel de la crisis. Las salas vuelven a llenarse de música pero el panorama ha cambiado: se han visto obligadas a renovarse, tanto por dentro como por fuera.

En el último estudio de la asociación estatal de salas de música en directo (Acces), se constata que la mayoría de sus salas asociadas son de pequeño formato. Por su parte, la Associació de Sales de Concerts de Catalunya (Asacc) lo cifra: 80 por ciento son de foro reducido . “Las salas pequeñitas pican mucha piedra. Son las que acogen a los artistas cuando están empezando y difícilmente tienen un retorno; además de todos los hándicaps que tienen por su tamaño y falta de visibilidad y del poco valor que se les da como parte importante de la industria, aunque son el germen donde nace todo y sin ellas es imposible que crezca nada más”, afirma Carmen Zapata, presidenta de Asacc. 

Diversidad

También han tenido que adaptar su idiosincrasia. De las salas de Acces, solo el 11 por ciento se dedica únicamente a la música. Más de la mitad programan cine, teatro, danza y otros eventos. Las salas forman parte de un entramado cultural y tienen un papel importante en nuestra sociedad. 

Alonso Remedios, de Last Tour, programa en Zentral Pamplona y manifiesta que cuando plantearon la sala siempre tuvieron claro que tendría que ser “un espacio multidisciplinar, con un escenario muy vivo en el que pasen cosas todo el rato”. Haberla construido de cero, en un local diáfano, les permitió adaptarla y hacerla muy versátil. “También era importante para nosotros que la sala formara parte de la sociedad navarra, así como que colectivos sociales y agentes culturales de todo ámbito entendieran que es un buen lugar para trabajar, un lugar que aporta algo a la calidad de vida de la ciudad”, añade. 

Desde Proexa, en Granada, también han ampliado su oferta. Gestionan la plaza de toros y colaboran con el palacio de deportes: “Desde hace ya algún tiempo empezamos a trabajar con teatro y otras disciplinas. Creo que forma parte del actual modelo de negocio en el que todo está más mezclado que antes. No tiene que ver tanto con la crisis sino con programar más y de diversa índole”, afirma Pepe Rodríguez. 

Muchas promotoras deciden asociarse con una sala para ofrecer una programación estable como Zentral en Pamplona. Es el caso de Ochoymedio con la sala But de Madrid. Lo explica Belén Chanes: “Obviamente estar asociados a una sala nos facilita muchísimo las cosas, además de la disponibilidad de fechas, por el conocimiento que tienes del personal, del equipo… hace que todo en las producciones vaya más rodado”. Esta es una fórmula que funciona bastante bien en ambas direcciones. Otras pequeñas promotoras también la usan, como L’Afluent con VOL o Acaraperro en Rocksound, ambas en Barcelona.

Los grandes recintos 

Las ferias se han sumado con fuerza al mundo de la música. Ifema en Madrid ha acogido festivales como el Mad Cool y en 2018 crearon Fitur Festivales para promover el turismo musical. Según Carlos González García de la Barga, director de desarrollo de negocio de Ifema, “el principal motivo de la aceptación de los recintos de Ifema ha sido la falta en Madrid de espacios que se adaptaran a distintos formatos y aforos”. Y continúa: “Precisamente la versatilidad y diversidad de espacios que ofrece es la que ha propiciado una entrada rápida y creciente de Ifema en el circuito de los promotores musicales”. Concluye diciendo que se han puesto en marcha nuevas instalaciones para acoger eventos, festivales y conciertos.

Esta versatilidad también la ofrecen recintos como Fira de Barcelona a festivales como el Sónar y el BEC de Bilbao a BIME. Son espacios que en un principio no fueron creados para eventos musicales pero que se han adaptado. “La capacidad de celebrar conciertos desde 2.000 a 18.000 personas, admitiendo cualquier tipo de formato, es sin duda una opción magnífica para los promotores”, declara Carme Lanuza, directora de la Anella Olímpica, encargada de gestionar el Palau Sant Jordi y el Sant Jordi Club. “Ambos recintos ofrecen gran flexibilidad a la hora de adaptarse a cualquier tipo de producción”, explica Lanuza.

Otro espacio que se ha adaptado de forma excelente es el WiZink Center de Madrid, que albergó 500 conciertos en 2018. Hace diez años estaba en una situación bastante precaria, pero actualmente figura en la lista de Pollstar. Grandes aforos en Madrid como la plaza de toros de Las Ventas, el Wanda Metropolitano y la Caja Mágica continúan también incrementando su oferta musical. 

Menores, sí

Pero sin público, no hay conciertos. La necesidad de una renovación generacional que cree un hábito de consumo habitual de conciertos es esencial. Aunque cada comunidad tiene su normativa y no son precisamente coincidentes, ya son muchas las que permiten la entrada a menores. En Cataluña y Madrid, entre otras, los menores de 16 pueden ir acompañados por sus padres o tutores. “Si queremos hacer esa pedagogía para que los niños empiecen a valorar y en un futuro a invertir en música tendremos previamente que haberlos llevado a ver lo que pasa en las salas”, enfatiza Zapata. 

Alberto Guijarro, director de la barcelonesa Sala Apolo, lo corrobora: “Hay promotores que se animan y hacen conciertos con públicos más jóvenes. Todos los que crecieron con el rock and roll y las salas conciertos ya son padres y traen a sus hijos. Y funciona muy bien: tenemos sesiones de 500 y 700 personas casi siempre”, agrega.

Chanes también lo certifica: “Notamos mayor afluencia de menores en los conciertos desde que se les permite acceder”, pero aún así se encuentran con muchos casos de menores de 16 que quieren ir con el padre de un amigo, por ejemplo, y no pueden. Remedios cree “que sería bueno que no hubiera restricciones a la hora de que los menores pudieran entrar a ver un bolo. Se trata de generar nuevos públicos, de ir dándoles oportunidades de ocio y cultura distintos”. Y Rodríguez se muestra alegre: “Afortunadamente la ley de espectáculos de Andalucía ha eliminado las restricciones para los menores, estamos de enhorabuena por esta decisión”.

Mejorando constantemente

Pero para dar buenos conciertos hay que tener buenas salas. Como afirma Carmen Lanuza, una de sus prioridades es el mantenimiento constante: “Y no solo mejorando condiciones técnicas y de seguridad, para nosotros resulta vital la escucha activa de los promotores y público”. Apolo también hizo una remodelación completa en 2018. Guijarro destaca que El avance tiene que ser global. “Por ejemplo, en los temas de igualdad o de acoso sexual estamos dando pasos muy grandes también. Igual tenemos una asignatura pendiente en temas medioambientales”. En igualdad y acoso sexual, muchas comunidades están estableciendo normativas al respecto. El ayuntamiento de Barcelona ha sido pionero creando un protocolo en las fiestas de la Mercè lo suficientemente amplio para que se pueda adoptar (ya lo han hecho Apolo, Razzmatazz, Cruïlla, Sónar y Primavera Sound, entre otros). 

Anna Almécija, abogada y miembro de la asociación MIM (Mujeres de la Industria de la Música) ha trabajado adaptándolo también para grandes festivales y teniendo en cuenta a la seguridad privada.

“En Madrid hay acciones de sensibilización pero no una normativa concreta, aunque el ayuntamiento ha colaborado con el Mad Cool y el DCode, y Live Nation ha aplicado un protocolo propio en el Download”, explica Almécija. Y en Pamplona, por ejemplo, Remedios ha participado en un borrador que pronto se presentará y explica que en su desarrollo han participado colectivos, agentes sociales, grupos feministas, hosteleros… En este y en cualquier ámbito, la mejora constante es la clave.

Este texto de Anabel Vélez fue escrito para el décimo aniversario del Anuario de la música en vivo