Artículo del director de Riff Music, Carlos Espinosa, publicado en el ‘VI Anuario de la Música en Vivo’

Qué absurdo que a estas alturas nuestro oficio ande revuelto en esta precariedad. Aplicando criterios de escuela de negocios, hacer un concierto es una tarea de comerciantes irresponsables y temerarios. Porque ¿a quién se le ocurre jugarse unos muchos miles de euros para un espectáculo que en el mejor de los casos recibirá la correspondiente autorización 24 horas antes de su celebración? Esa es nuestra triste realidad: nos encomendamos a que el técnico municipal de turno no se levante con el pie izquierdo y nos aplique todo el listado de códigos técnicos. Y sin opción a réplica, porque entonces nos responderá con aquello de “¿Qué crees, que vamos a permitir aquí un Madrid Arena?”. Y hasta ahí llegan los argumentos. Porque el político no diferencia un concierto de Malú de dos horas a una fiesta de música electrónica de doce horas con un recinto sobreaforado.

La noche del 1 de noviembre de 2012 en Madrid nos convirtió a todos en criminales en potencia. Pretender que a partir de ese momento nuestra profesión quede cuestionada resulta tremendamente injusto.

Necesitamos un marco legal que nos ampare, pero desde la lógica y el respeto que merecemos. Tener a público en torno  a un escenario no es ni más ni menos peligroso que un partido de fútbol, una corrida de toros o un mitin político. Para la administración, nuestro sector está más próximo a la construcción que al espectáculo. No estamos amparados por una normativa que conozca la casuística de un concierto y esto, unido a criterios dispares con normativas diferentes en una misma comunidad, provoca situaciones tan absurdas como prohibir el acceso a un menor a una sala, pero sí a un auditórium; con el mismo artista y el mismo alcohol en las barras.

Nuestra asociación cumple 15 años, así que toca retomar la regulación para lograr que hacer un concierto no sea cuestión de pagar un caché y vender entradas. Empujemos en la dirección de la lógica y que estos tres lustros nos sirvan para crear una industria de verdad, sin fisuras y con el horizonte claro.

Sobre El Autor

APM

La Asociación de Promotores Musicales (APM) es la principal representante de la industria de la música en vivo en España. Sus socios representan al 80% de los promotores privados del país, y son los responsables de las principales giras nacionales e internacionales y festivales que se celebran.

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