Foo Fighters, fotografía de Juanlu Vela
Foo Fighters, fotografía de Juanlu Vela

Contratación: Cómo atraer a artistas internacionales

Una de las mayores complicaciones a la hora de organizar un festival es saber negociar bien los cachés de los artistas internacionales, ya que no tienen una tarifa fija, sino que prácticamente apuestan por el mejor postor. ¿Cómo lo hacen los promotores para conseguirlos, entonces?

Texto: Gabriel Trindade

El fundador de Glastonbury, Michael Eavis, cumplió el sueño de su vida profesional en 2013, cuando anunció como cabeza de cartel del festival a los Rolling Stones. Eavis había intentado traer a la banda de Mick Jagger año tras año, pero las limitaciones presupuestarias se lo habían impedido. Finalmente, los Stones accedieron, y por mucho menos dinero del que solían pedir. ¿Pero por qué ahora y no en cualquiera de las otra ediciones? Porque les apetecía. O, bueno, como algunos medios especularon, para lavar su imagen por no haber actuado en 50 años de carrera en el principal festival de su país, Inglaterra, y que además dona parte de su recaudación a organizaciones humanitarias. Los Stones no fueron los únicos en rebajar sus emolumentos. Igual pasó con Paul McCartney en 2004 y U2 en 2011. Pero no es habitual que los promotores tengan la suerte de contar con uno de los certámenes musicales más venerados del mundo a su favor para convencer a los grupos. De hecho, los precios para contratar a un cabeza de cartel de un gran festival suelen ir en dirección contraria a la que lo hicieron en estos ejemplos de Glastonbury. Hacia arriba, por si había dudas. El booking  es un camino bastante complejo, con códigos de conducta no escritos y una única norma. La primera ley del capitalismo: la de la oferta y la demanda.

El promotor acude a las negociaciones con las agencias de management de un artista con una única orientación: el precio que puede pagar. No existen cachés como tal. “Los artistas españoles tienen precios fijos, pero los internacionales no”, explica Elie Muñiz, de Mercury Wheels. La ejecutiva de la promotora, que en 2015 se incorporó en Live Nation Barcelona, señala que los precios cambian según cada mercado. “Hay artistas que te pueden meter 10.000 personas en España pero en Reino Unido 30.000 ¿Cómo van a tener un precio fijo?”, se pregunta retóricamente. Dar precios de qué cuesta un artista es comprometido. Muñiz no se moja mucho y da una respuesta donde cabe un universo: “Desde 50.000 euros un cabeza de cartel de festival pequeño hasta 2 millones en un festival grande”, afirma. Tampoco los grupos nacionales tienen un caché fijo. Así lo explica Virginia Garate, del departamento de contratación de Get In, quien sostiene que hay muchos factores a tener en cuenta: si quien contrata es un ayuntamiento o un promotor privado, una sala o un festival, etc.

En Europa, la temporada de festivales va de junio a agosto y la limitación que implican esos 90 días genera una inflación en los precios de los artistas. Sobre todo, en los más codiciados. “En los últimos dos o tres años, se ha notado mucho: cada vez hay más competencia”, explica el director de booking de Last Tour, Marc Ventosa. Sólo en España, el año pasado hubo centenares de festivales. Pero la competencia no es únicamente nacional. Ni tan solo europea. “Hay un aumento espectacular de festivales en Estados Unidos, lo que genera que muchas giras no vengan a Europa porque allí pagan más”, explica.

“Hay varios festivales de primer orden que marcan un poco la pauta en el panorama europeo y de los que intentamos separarnos porque sería muy dificil contratar en esas fechas”, asegura el director del Mad Cool, Javi Arnaiz. En el departamento de booking del festival madrileño trabajan siete personas durante todo el año. Cada uno aporta sus ideas y acaban definiendo unas prioridades. Para ellos, no solo es una cuestión de dinero. “Conseguir ser un festival de referencia es un punto importante para que los artistas puedan valorar tu fecha dentro de su calendario”, defiende Arnaiz. El fichaje de los cabezas de cartel se suele empezar a trabajar un año vista. Sin embargo, el puzle que suponen las giras de artistas de tamaño medio se completan más adelante. España suele ser el punto inicial o final de los tours al quedar geográficamente lejos de los países centroeuropeos y de Europa del Norte, donde se concentran la mayoría de festivales. La efervescencia de este mercado podría estar afectando a las giras. Muñiz y Ventosa reconocen que los eventos de verano pueden salir más rentables que una gira. Así que poco a poco la temporada de conciertos se ha ido acortando hasta centrarse en los meses de octubre y noviembre. Sin embargo, la relación no tiene por qué ser negativa. “Un artista que haga una gira exitosa puede impulsar su caché en los festivales, mientras que un buen concierto en un festival puede acabar en un tour”, comenta Ventosa. Muñiz afirma que la única manera de fidelizar al público es girar por salas. “Tocar en un festival está bien, pero eso no es hacer España”, asevera.

La cuestión fiscal y SGAE

Al entrar en la cuestión económica, empiezan los pormenores. Así, el promotor no solo tiene que contratar al grupo, sino que debe tener en cuenta otros gastos ineludibles relacionados con los artistas. A menudo, por ejemplo, los grupos incluyen en sus cachés viajes y vehículos como coste de producción.

El pago a los artistas internacionales supone uno de los grandes dolores de cabeza de los promotores. El caché de un grupo, sea del país que sea, son rentas obtenidas en España y por lo tanto deben tributar en la Agencia Estatal de Administración Tributaria (AEAT). “Aunque exista un convenio de doble imposición con el país de residencia del artista, el país donde se celebra el concierto tiene pleno derecho a gravar esa renta”, explica Stella Raventós, abogada especialista en fiscalidad internacional de Danbury Abogados. Los artistas internacionales no hacen una declaración del IRPF en España, pero sí deben pagar el impuesto sobre las rentas de los no residentes (IRNR), cuyo tipo es del 24%. Para los artistas de la Unión Europea, así como para los de Noruega e Islandia, se reduce al 19%. “La AEAT no puede perseguir a todos los cantantes y grupos por el mundo, por lo que delega esa responsabilidad en el promotor musical”, señala Raventós. El empresario da la cara por el artista ante Hacienda. Cuando recibe la factura del concierto, debe retener el impuesto.

“El problema es que a veces no está tan claro sobre qué se debe gravar”, afirma la abogada. Hace años se acostumbraba a dividir los costes aproximadamente en dos partes: un 60% para el artista y el 40% para la producción (montaje, escenario, luces, etc.), pero ya no es así. “Es muy difícil decir qué porcentaje va a la producción y cuál al bolsillo del artista”, dice Muñiz. Por eso se debe revisar servicio por servicio la producción contratada. Existen tres posibilidades. Si la empresa es española, tributará el 25% por el impuesto de sociedades, y el promotor no deberá aplicar la retención (aunque la factura devengará IVA). Si la empresa de producción es extranjera, pero residente en un país con el que España tiene convenio de doble imposición en vigor, la renta que se obtenga tributará tan sólo en ese país. De no existir convenio, la renta tributará en España. Si la empresa estuviese vinculada con el artista o el artista asumiese dicho coste, la renta estaría sujeta en España al mismo tipo impositivo que el aplicable al artista.

Además de los impuestos a AEAT, el promotor musical también se debe ocupar de recaudar los derechos de propiedad intelectual para la Sociedad General de Autores y Editores (SGAE), tanto para los autores nacionales como internacionales. En el caso de un evento de pago, el importe que corresponde a los derechos de autor es un 8,5% de los ingresos en taquilla (previa deducción del IVA), aunque la Asociación de Promotores Musicales (APM) firmó este año un convenio con la sociedad para que sus asociados puedan obtener una bonificación en esa tarifa, con la que han mostrado repetidamente su desacuerdo. El director de comunicación pública de la SGAE, Juan Carlos Fernández, añade matices a la aplicación general. “En eventos con aforo inferior a 1.000 personas, el organizador puede optar entre este modelo o una tarifa fija que se calcula en función del aforo del evento y el precio medio de entrada”. En el caso de un concierto gratuito, el importe de los derechos de autor también es del 8,5%, pero según el presupuesto específico de gastos. Así que hay variables y/o deducciones que pueden alterar las normas, pero su aplicación depende de las especificidades del autor.

Los datos de recaudación de SGAE muestran que la música en vivo es una de sus principales fuentes de ingresos. En 2017, la entidad recaudó 20 millones de euros en derechos de autor, frente a los 18,7 millones de 2016.


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