Existe un desequilibrio entre la contribución que las creaciones culturales aportan al desarrollo digital y la remuneración que a día de hoy reciben por ello. Esto es debido, sobre todo, por dos motivos. En primer lugar, por una causa estructural: buena parte de los intermediarios digitales se lucran con el tráfico de contenido cultural, sin que generalmente tengan que compartir ese beneficio con los creadores. Entre estos intermediarios hay proveedores de contenido como las tiendas online; proveedores de alojamiento como las redes sociales; proveedores de acceso como las telcos; buscadores y, por supuesto, fabricantes de dispositivos.

Todos ellos desarrollan su actividad dentro de unas normas específicas que regulan su papel y responsabilidad económica. Estas leyes, que en Europa nacen directamente de las directivas de la UE, se fundamentan en el principio de la “posición activa” de cada parte a la hora de controlar el contenido que alojan, ponen a disposición, enlazan o dan acceso. Este principio está lejos de proporcionar una distribución equilibrada del valor que aporta la música en la cadena digital en la actualidad. Todavía nos regimos por un marco normativo de principios de siglo con un ánimo posibilista, adaptado una realidad digital que estaba aún por desarrollarse. Desde entonces, el mundo online ha evolucionado de una manera muy rápida. Lejos quedan los tiempos donde abundaban los medios limitados, que a duras penas permitían el acceso a archivos sonoros o audiovisuales, habitualmente de pésima calidad. Ahora prima la inmediatez y la universalidad de acceso.

El hecho de que la norma no haya evolucionado en la misma medida que la realidad nos ha llevado a un escenario en el que la música alimenta a grandes multinacionales tecnológicas. Y estas la utilizan muchas veces como mero reclamo para un negocio principal, en el que la música participa de manera marginal. Este es el principal reto que tenemos los titulares de derechos: la consecución de un marco legal y de gestión que recoja de manera fiel la contribución económica de cada agente participante. A este respecto hay que destacar el trabajo que SGAE realiza con las instituciones nacionales e internacionales junto con otras entidades, y la predisposición de los titulares para avanzar hacía ese marco más equilibrado para todas las partes, incluyendo a las propias platafomas.

La segunda razón la podemos ver fácilmente en nuestro papel de consumidores de música. En poco tiempo, hemos pasado de pagar alrededor de 20 euros por un disco que contenía 10 canciones a tener toda la música del mundo a nuestra disposición a golpe de móvil, mediante una suscripción por la que, en el mejor de los casos, abonamos la mitad de lo que valía un álbum, o si no, directamente gratis en plataformas como YouTube. La inmediatez del acceso junto con la cantidad y calidad del contenido nos ha permitido disponer de un poder de compra y consumo de música sin precedentes, lo que en paralelo, implica que el producto musical entra en una espiral de abaratamiento para la que no se ve suelo.

Si a este hecho unimos los volúmenes propios del online, tenemos la tormenta perfecta de una tarta menguante a repartir entre unos usos que crecen exponencialmente. La consecuencia: remuneraciones unitarias que tienden a la nada. La música gratuita es muy mal negocio. Quizá deberíamos aprender de otros sectores como el audiovisual, que tiende a maximizar su resultado económico a través de un sistema de explotación ordenada de las obras. Estas pasan por distintas modalidades de comercialización, determinadas por lo que el público está dispuesto a pagar en cada momento.

Clemente Sánchez Delgado

Director de derechos digitales de SGAE

Artículo publicado originalmente en el VIII Anuario de la Música en Vivo

Sobre El Autor

APM

La Asociación de Promotores Musicales (APM) es la principal representante de la industria de la música en vivo en España. Sus socios representan al 80% de los promotores privados del país, y son los responsables de las principales giras nacionales e internacionales y festivales que se celebran.

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