Al habla con… Coque Malla: «En España la cultura se vive como ocio, no como necesidad»

Coque Malla seguirá ganando adeptos y prestigio como compositor con su nuevo álbum, El último hombre en la tierra, calificado por algunos como el mejor disco de su carrera hasta el momento.

PREGUNTA: Todos tus álbumes tienen cierto concepto que lo une. ¿Cuál es el de esta vez?
RESPUESTA: Esta vez no está claro cuál es el hilo conductor, pero sí que es un álbum mucho más luminoso que los anteriores.

P: Cuando suena La señal, el primer corte, es inevitable pensar en un disco de cantautor de resonancias norteamericanas, no españolas.
R: Es que los paisajes estadounidenses son mis paisajes sonoros. He escuchado mucho a Sinatra. Con este álbum nos hemos lanzado a hacer el mejor disco posible sin complejos, pensando: «¿Por qué no hacer un disco tan bueno como los de nuestros ídolos?».

P: ¿Qué es Santo santo?
R: Es un canto de ruego, un lloro para que algunas cosas mejoren y no sean tan tristes.

P: En Cachorro de León destaca la parte recitada. ¿A qué obedece?
R: Es una necesidad narrativa. Uso el recitado en canciones que son verdaderas historias. En esta, hablo de una chica que se marcha de casa y lo pasa mal; se recupera y acaba feliz viviendo en el circo.

P: ¿Es Me dejó marchar la canción más emocionante del álbum?
R: Para mí es el momentazo del disco, con unas cuerdas que te rompen el corazón. Todos en el estudio conteníamos el aliento y se nos ponía la carne de gallina.

P: ¿Dirías, como ha señalado tu discográfica, que este es tu mejor álbum hasta la fecha?
R: Termonuclear me parece un disco difícil de superar, pero este ha quedado apabullante por el clima que se ha generado con el equipo. Creo que hemos hecho algo que no se hace todos los días.

P: ¿Y cómo es que, después de tanto tiempo en la música, pareciera que ha sido con los últimos cuando más pasos adelante has dado?
R: Algo fundamental en la creación es la libertad. Está muy bien hacer una canción de pop con estribillo, estrofa, etc. pero es fundamental libertad para llegar a sitios diferentes y yo he sido más consciente de eso con los años. Bowie decía que el arte es el único ámbito en el que puedes estrellar tu avión y salir ileso.

P: ¿Aún te sientes identificado con lo que hacías en Los Ronaldos?
R: Lo que hago ahora no es tan diferente. Los Ronaldos hicimos discos muy variados, aunque es normal que lo primero que venga a la memoria sean cortes como Adiós, papá. Aprendí mucho con ellos y hay cosas de este disco que podrían haber hecho Los Ronaldos, como Escúchame.

P: Has vuelto a grabarlo bajo la producción de José Nortes. ¿Por qué?
R: De él me gustan hasta los andares. Es un trabajador incansable y un músico de verdad, que lo analiza todo hasta sus últimos recovecos. Es fácil trabajar con él, porque nunca hay una mala cara, y tiene inteligencia a raudales.

P: El resultado es un disco de sonido elegante y muy rico instrumentalmente. ¿Cómo te llevarás eso al directo?
R: De momento puedo ir yo solo con la guitarra o acompañado solo del piano, pero en el futuro sí querría hacer, si no una gira, quizás un par de conciertos con todo el conjunto instrumental.

P: ¿A ti te influye el 21 por ciento a la hora de plantear las giras?
R: Por supuesto que me influye. Es una cuestión de matemáticas, más allá de lo ético-político-ideológico. No dan los números, y eso que yo soy un afortunado, porque tengo un nombre y me puedo permitir ciertas cosas.

P: Tú, como muchos otros artistas nacionales, has fijado tu vista en México.
R: Es un país venenoso en el mejor de los sentidos, que te atrapa, te coge por las tripas y te sobrepasa por las emociones, los olores, los ruidos… El público es increíble, porque viven la cultura como una religión, no como una parte del ocio, como sucede en España. La relación con la cultura en general aquí se vive como ocio, no como una necesidad psicológica y espiritual.

P: ¿En esa salida a México también influye la crisis, la necesidad de buscar mercado fuera?
R: También hay algo de matemáticas, sí.