Fuente: Sónar Festival

Sónar: hacia un nuevo mundo tecnológico y politizado

El 18 de julio, el sueco Jonatan Leandoer cumple 20 años. Un mes antes se le puede ver en el Sónar Hall, uno de los mejores escenarios de la versión diurna del festival barcelonés de música, creatividad y tecnología, bajo su nombre artístico, Yung Lean. Leandoer hace bailar a primera hora de la tarde de un sábado lluvioso a una multitud desatada por una euforia postadolescente. El trap no es solo una moda. Cierra el concierto la canción Ginseng Strip 2002, cuyo vídeo cuenta ya con más de 10 millones de visionados en Youtube. Cuando lo colgó, tenía 16. El rapero y productor es un ejemplo más de una nueva relación de la música con internet como espacio natural.

Que el mundo ha cambiado es evidente, y decirlo en el marco del Sónar es tan obvio que parece innecesario, pero grandes tótems del periodismo musical como Jeff Smith parecen no querer velo. Así se desprende al menos de su charla del jueves en el Sónar +D. El director de la programación musical de BBC Radio 2 y BBC 6 Music defendió la radio como el medio prescriptor por excelencia, y a la pregunta preocupada de una oyente sobre si para la BBC son importantes los seguidores de los artistas en las redes sociales, Smith respondió orgullosamente con una negativa.

Pero de contrastes vive el Sónar. Solo un momento antes, al lado de una serie de expositores de artilugios e innovaciones tecnológicas, dos responsables de Spotify explicaban cómo los algoritmos pueden llegar a conocerte, y por qué no debemos temerles. Se trataba de Matthew Ogle y Ajay Kalia, responsables de Discover Weekly y Spotify Taste Profiles, respectivamente.

¿Cómo definirías tu propio gusto musical? El algoritmo aspira a responderlo. No parece fácil, pero hay expertos en el camino de encontrar patrones de escucha. Por ahora, allí está la oferta semanal, prácticamente personalizada, de Spotify Discover Weekly. La noticia del año pasado en Buzzfeed en la que se hablaba de cómo el retraso en actualizarse había indignado a la audiencia, es una buena muestra de su éxito. People love this playlist, rezaba el subtítulo.

OTRAS APUESTAS

De hecho, por una razón similar, 115.500 visitantes de 101 países visitaron el Sónar: porque aman descubrir, y Yung Lean no fue la única joven promesa. En el mismo escenario que el sueco, el jueves brilló David August, un talento precoz nacido en 1990 que a los 5 años tocaba el piano, a los 15 se interesó por la electrónica y a los 19 publicaba su primer maxi en el prestigioso sello alemán Stil Vor Talent.

Son propuestas que convivieron con la sabiduría de grandes figuras e incluso con lo que podría llegar a considerarse un súper grupo en el caso de Anhoni, el proyecto de la (ahora) mujer que lideró en su día Antony and the Johnsons y que reaparece en un viraje electrónico acompañada de dos de los grandes productores de la electrónica actual, Hudson Mohawke y Oneohtix Point Never. Fue un esperadísimo estreno a nivel europeo que dejó una actuación memorable, con un potentísimo discurso político. Vestida con una especie de burka, cantó sobre ataques militares con drones a niñas inocentes, gobiernos que espían a ciudadanos incrédulos y efectos del cambio climático. Lo hizo arropada por la imagen en vídeo de mujeres fuera del canon que movían los labios al ritmo de las letras. Sin palabras.

Preocupación o sensibilidad por el medio ambiente también es lo que se pudo ver en el Sónar Planta, una iniciativa conjunta del festival y la Fundació Sorigué. Los artistas británicos Ruth Jarman y Joe Gerhardt expusieron en la instalación Earthworks el proceso de formación de la tierra y los cambios en su estructura y paisaje mediante cinco pantallas de gran tamaño dispuestas en zig-zag: desde las transformaciones ocasionadas por fenómenos naturales hasta los los efectos de la actividad humana. Así podría definirse el Sónar, como un auténtico movimiento sísmico.