Quince hombres y dos mujeres pusieron los fundamentos para organizar la industria de la música en vivo. Con motivo del vigésimo aniversario de APM hablan de cómo ha sido recorrer juntos este camino.

“España podría ser una potencia musical de primer orden si se resolvieran algunos de los problemas del sector. Por eso la Asociación de Promotores Musicales (APM) se presenta con el espíritu de contribuir a que nuestra creación artística adquiera el peso que le corresponde”. Así concluía el texto con el que APM se dio a conocer ante los medios de comunicación el primero de febrero de 2002, dos años después de ponerse a trabajar.

Esa rueda de prensa tuvo lugar en el Hotel Hesperia de Madrid, y en ella se entregó un documento a todos los asistentes con información básica. Nadie sabía quiénes eran ni qué hacían los promotores. Con voluntad divulgativa, en el pliego se dejaba claro que el promotor es quien “asume la iniciativa, la organización y el riesgo de un concierto, y el que, en caso de que se vendan menos entradas de las previstas, asume las pérdidas”. De su “profesionalidad dependen la calidad del espectáculo y la seguridad de los espectadores”, se insistía.

Era un momento histórico para la industria de la música. Por primera vez, los promotores musicales españoles hablaban como conjunto. “En aquel momento la Asociación de Representantes y Técnicos del Espectáculo (ARTE) era la asociación por excelencia en nuestro mundo, pero la ambición de APM era juntar únicamente a empresas promotoras de conciertos. Es decir, aquellas que se jugaban el dinero haciendo shows. Era muy concreto”, explica Tito Ramoneda, presidente ejecutivo de The Project y vicepresidente de APM.

“Mi impresión en ese momento era que la industria había perdido el rumbo, que se había perdido la pasión. Me preguntaba dónde estaba la labor del promotor más allá de pelearse con el resto de promotores”, recuerda Pino Sagliocco, Chairman de Live Nation España desde la oficina de Barcelona.

Cuando nació APM, la asociación quería retomar el espíritu que en 1994 había llevado a unos cuantos a intentar crear la Asociación de Promotores de Conciertos Internacionales (APCI). En aquella ocasión, sus principales impulsores fueron los dos fundadores de Doctor Music, Neo Sala y Fernando Zabala. Este último, que luego fundaría su propia empresa, Sold Out, fue quien se encargó de redactar los estatutos de APCI, pero fue un intento fallido.

“Estoy seguro de que más de uno, sobre todo si era fuerte, pensaba que ese ambiente turbio, de matarnos entre todos, ya le iba bien y le beneficiaba”, opina Sala. Zabala, por su parte, añade: “Hoy es mucho más fácil organizar un concierto. Los agentes ya saben que en España hay buenos proveedores porque llevan años viniendo aquí. Pero antes, tenías que convencer cada vez a los artistas de que valía pena. Tenías que hacer muy bien las cosas para que volvieran. Y había muchas rencillas, tantas, que incluso se pedía exclusividad a equipos externos porque se entendía que te aportaban calidad. Incluso se buscaba exclusividad en los locales, hasta que los artistas empezaron a querer escoger promotor, local, etc.”

Cuando se encendió la llama de APM

A pesar del ambiente hostil, Sala nunca dejó de creer en el poder asociativo, y en el año 2000 volvió a surgir la oportunidad. Robert Grima, hoy presidente y Head Promoter de Live Nation España desde la oficina de Madrid, encendió la llama. “Recuerdo perfectamente la conversación que tuve con Robert cuando cerró Zeleste y reabrió como Razzmatazz. Nos daba la sensación de que no nos tenían en cuenta para nada. La administración no había hablado con ningún promotor para mediar en ese proceso, y éramos los principales usuarios del recinto. Fue a partir de ahí que volvimos a decir que había que crear una asociación. Era una idea que había estado sobre la mesa, pero no se ponía en marcha porque parecía imposible que se juntaran en una misma mesa una serie de promotores. Aquello era una auténtica guerra abierta”, apunta Albert Salmerón, director de Producciones Animadas y hoy presidente de APM.

A partir de esa charla se convocó a varios promotores de Barcelona en un restaurante de la ciudad catalana, La Maison du Languedoc Roussillon. Xavi Manresa, de Cap Cap, lo recuerda así: “En esa comida se concluyó que íbamos a hacer una asociación y se creó un grupo de trabajo para ponerla en marcha. Nos encargamos de ello Joan Roselló, Chema García-Biosca y yo. Los tres nos pusimos a trabajar. Nos encontrábamos cada semana. Tengo un recuerdo buenísimo de ese momento, aunque había gente que aún no se lo creía. Había muy mal ambiente y nadie quería que le tocaran su parcela”.

Joan Roselló, cofundador de la promotora The Project, agrega: “Si nosotros tres no le hubiéramos puesto horas, posiblemente la asociación se hubiera acabado creando igual, pero sin duda habría tardado más tiempo. Estábamos convencidos de lo que estábamos construyendo y le dedicamos tiempo y cariño. Era el inicio en el sector de una manera de trabajar más profesional”.

Chema García-Biosca, entonces mano derecha de Pino Sagliocco, apostilla: “Entre otras cosas, era importante crear APM para conseguir dar la sensación de que los promotores no éramos cuatro iluminados excéntricos, sino que representábamos a todo un sector empresarial con un volumen de negocio y de ocupación laboral importante”.

Después de varios meses trabajando, una vez definida la propuesta de estatutos, la manera de elegir las juntas directivas y otros detalles básicos de funcionamiento, se volvió a convocar una reunión. Esta vez en el Hotel Barceló Sants, y se incluyó a promotoras de toda España: RLM y Planet Events de Madrid, con Rosa Lagarrigue y Sandra Rotondo a la cabeza, respectivamente; Colectivo Promoción Jazz de Valencia, con Julio Martí al frente; y Get In de San Sebastián, con Íñigo Argomániz como director.

De ese encuentro salió elegida la primera junta directiva, con Neo Sala como presidente, Xavi Manresa como vicepresidente y Sandra Rotondo, Tito Ramoneda y Robert Grima como vocales. Álvaro Querol, abogado especializado en el sector, fue designado secretario técnico.

A los ojos de Manresa, “en los inicios hubo muchos momentos de tensión”. Afirma que “había una guerra sucia, a nivel muy personal, entre algunos promotores. Y era muy fácil que esto se cayera a pedazos. A menos personas, más difícil de gestionar la tirantez, y entonces éramos realmente pocos. Siempre hemos luchado para representar algo, y era muy importante mantenernos unidos, porque, si no, nuestra representatividad habría sido menor”.

Inicios difíciles

Querol lo ratifica: “Era un mercado de una grandísima competitividad. Eran años de máxima tensión entre los grandes promotores, y costó mucho generar confianza entre todos los asociados. Cada uno tenía un acuerdo diferente, con los recintos y con la SGAE pasaba lo mismo. Las primeras reuniones de la junta fueron muy duras. Todo ese proceso fue una auténtica universidad para todos. Nos sentábamos y nos dábamos cuenta de que nadie quería decir nada para no dar ventaja a sus competidores. La gente que intentaba crear un frente común no entendía que existieran una serie de negociaciones particulares al margen de la entidad, y eso generaba mucha desconfianza”. Pero a la vez, asegura que también “hubo mucha ilusión y trabajo. Yo cobraba unos honorarios, pero esa primera junta dedicó horas y horas a APM sin recibir nada a cambio”.

Sandra Rotondo, entonces directora de Planet Events, lo rememora así: “Durante ese tiempo trabajamos mucho. Creamos comisiones y fue muy interesante. Sobre todo para mí, porque hacía solo un año que había pasado del mundo discográfico al mundo del directo. Planet Events se creó en octubre de 1999, y al año ya estaba metida en esto. Yo venía de BMG y cambié justo en el momento en que empezaba la crisis del CD, subía la piratería y la industria discográfica empezaba a resentirse de todo ello. Así que viví el movimiento hacia el directo como una oportunidad clarísima en la que entendí que los soportes pueden cambiar, pero lo que no cambiará es el poder de la experiencia, el contenido y los artistas en vivo”.

En octubre de 2001, tras varios meses de dedicación, se celebró la asamblea fundacional de APM en el despacho de Querol. Trece firmas sellaron definitivamente el nacimiento de la asociación. En algunos casos, quien puso la rúbrica no fue el fundador o fundadora de la promotora, como ocurrió con Pino Sagliocco y Rosa Lagarrigue. Chema García-Biosca y Pascual Egea firmaron en su lugar.

“Pascual fue una persona muy importante en RLM y cuando creamos APM fue quien empezó a asistir a las reuniones como representante de la empresa. Él era y sigue siendo muy bueno en números, y tenía y tiene alma de promotor”, explica Lagarrigue. En ese momento, además, ella pasaba por un momento de trabajo frenético con el tour ‘El alma al aire’ de Alejandro Sanz. Era una gira por estadios en todo el mundo. Sagliocco, por su parte, estaba focalizado en el management de Joaquin Cortés, aunque esporádicamente seguía organizando grandes conciertos, cuando se presentaba la oportunidad.

La creación de APM sirvió para identificar los problemas del sector y fijar objetivos. El primero, de ámbito general, era reivindicar la música moderna como manifestación cultural, y hoy nadie duda de ello. Pero esa lucha iba vinculada a la petición de que todas las artes escénicas pudieran acogerse al mismo tipo de IVA que los libros, un superreducido 4%. La historia se giró en contra. Del 8% se pasó al 21% en 2012, y finalmente se rebajó al 10% en 2018. APM siempre estuvo batallando en primera línea.

Los grandes frentes del sector

La falta de recintos fue otro de los frentes, pero el gran conflicto fue el canon de SGAE en concepto de derechos de autor, ya que los promotores alegaban que el 10% que se les exigía era abusivo. En 2005, APM incluso llevó a juicio la entidad de gestión y, después de un largo recorrido, ganó.

“Todos tuvimos un papel importante en ese inicio. Pero hay que reconocer el liderazgo de Neo”, señala Argomániz. “Solo él es tan perseverante como para sacar adelante algo tan grande como el pleito contra SGAE. La victoria fue de toda APM, sí, pero fue clave su presidencia. Porque cada vez que nos ofrecían migajas, muchos estábamos a punto de aceptar casi por aburrimiento, y él decía que no, que no y que no. Esa determinación marcó mucho ”.

Grima lo admite: “Si nunca me he presentado como candidato a presidente de APM es porque sé muy bien que implica un gran esfuerzo adicional, y hay que reconocer que los que han estado ahí han trabajado mucho para todo el colectivo”. Poco a poco, APM fue convirtiéndose en una unión que iba mucho más allá de lo únicamente práctico.

Así lo explica Carlos Asmarats, entonces director de la promotora Encore Music Tours y actualmente General Manager de Live Nation España: “No éramos tantos, y yo, a pesar de haber estado en Doctor Music, en aquel momento no tenía demasiada relación con ninguno. Aparte de con Íñigo, que desde el primer momento apostó por mi nueva aventura en solitario, convirtiéndose en mi socio en el norte y en un gran amigo. Así que yo iba muy independiente, pero a partir de APM empezamos a crear relaciones y amistad entre promotores”.

Alfonso Sitjá, al frente de Posto Nove, lo ve de manera parecida: “APM nos unió mucho. Nos veíamos tres veces al año, y nos íbamos a comer, a cenar y nos lo pasábamos muy bien. Al final todo eso acaba uniendo y, cuando vas a llamar a un artista, si sabes que es de otro, esta unión hace que le llames primero y acuerdes las pujas para ir luego a medias y así joder al guiri. Antes, en cambio, la competencia hacía que pujáramos cada vez a más dinero y los que quedábamos jodidos éramos nosotros mismos. Acababas pagando 30 por algo que te habría podido costar 15 si lo hubieras hecho a medias, y los guiris se aprovechaban mucho”.

Sala se muestra satisfecho de esa labor: “Al final conseguimos crear una cierta sensación de sector, de clan, de familia. Conseguimos demostrar que somos una tribu y no una panda de capullos que estamos todo el día peleando entre nosotros. Claro que competimos, pero no nos matamos. Solo había que tener un poco de cabeza. Es lo que hacían y hacen todos los sectores. Los hoteleros, por ejemplo, son agresivos a la hora de ir a captar al turista, pero luego van y se juntan para establecer estrategias comunes, para hablar con las instituciones, etc. Y eso nosotros no lo teníamos. Parecíamos tontos”.

El lanzamiento del Anuario de APM

Pasaron los años y llegó el décimo aniversario. En ese momento, Pascual Egea era el presidente: “Yo asumí el cargo en un mal momento como promotor, pero me vino muy bien. Me permitió no pensar tanto en mis problemas y me involucré muchísimo en la Asociación. Creía mucho en el potencial de APM y logramos muchas cosas. Nos pareció que nos habíamos estancado y montamos una gran celebración. Lanzamos el Anuario, contratamos gente externa e impulsamos toda la estrategia de comunicación. Fue una eclosión. Salimos al mundo y le dimos una transformación a APM, proyectándola hacia fuera”.

En 20 años, los cuatro presidentes que ha tenido APM han sido miembros fundadores: Neo Sala, Íñigo Argomániz, Pascual Egea y Albert Salmerón. Ha habido dos secretarios técnicos: Álvaro Querol y Eduard Rodellar; y tres gerentes: Chema García-Biosca, Chechu Martínez Rojano y María Durán. Se ha pasado de 13 a 76 socios. Muchas cosas han cambiado por completo, y cada hito sirve para recapitular hasta dónde se ha llegado.

Julio Martí lo ve así: “En la última asamblea algunos históricos se preguntaban dónde estamos yendo a parar. El sector ha cambiado mucho. Hoy hay empresarios a los que no les gusta la música y yo me siento muy poco parte de eso. Yo no haría un artista por el que no siento afecto. No tengo problema en perder dinero en los shows”.

Para Argomániz, el principal cambio es que hoy existe la posibilidad de entrar en este negocio a partir de una formación específica, y además existe una legislación y un bagaje previo: “Nosotros aprendimos la profesión siendo promotores, no trabajando en promotoras. Hoy hay mucha gente que no se ha jugado nunca un duro suyo, y eso es muy distinto a ser promotor. Pero a la vez, el promotor junior lo tiene muy jodido porque si falla una vez se va a tomar por culo. Hay muchísimas empresas actualmente. Donde antes competíamos cinco, hoy competimos 185”.

Hoy la APM sigue luchando por la reducción del IVA, por llegar a un acuerdo razonable con SGAE, por internacionalizarse, por acabar con la reventa de entradas, por buscar nuevas alianzas con otros actores relevantes del sector. Argomániz lo tiene claro: “APM ha servido para evidenciar que aquellas empresas que no han sabido mezclarse y hacer cosas conjuntamente se han quedado aisladas y, además, hacer amistades ha sido fundamental para disfrutar de este trabajo”. El mundo sigue cambiando, y la unión es más necesaria que nunca.


Este texto de Gerard de Josep y Chechu Mtnz ha sido originalmente publicado en el ‘Anuario de la música en vivo 2020 – Especial 20 Aniversario‘ de la Asociación de Promotores Musicales.

Sobre El Autor

APM

La Asociación de Promotores Musicales (APM) es la principal representante de la industria de la música en vivo en España. Sus socios representan al 80% de los promotores privados del país, y son los responsables de las principales giras nacionales e internacionales y festivales que se celebran.

Artículos Relacionados

Hacer Comentario

Su dirección de correo electrónico no será publicada.