En las décadas que tenemos por delante, en España, a nivel del conciertos en directo deberíamos ponernos serios. No todo el mundo puede organizar un concierto, festival o evento. Hay que exigir la profesionalización de cualquiera que quiera entrar en la industria, algún tipo de control que certifique la capacitación y conocimiento necesarios.

La fiebre de los festivales se racionalizará, descenderán en gran número y se compaginarán más la gira y los festivales. No es sostenible el modelo actual donde todas las poblaciones tienen que tener un festival solo por tenerlo.

La administración debe facilitar la creación de espacios donde poder expresar el arte, donde los músicos puedan tocar en condiciones. Hay que facilitar la creación, crear circuitos, apoyar a los músicos en su afán de girar y que puedan presentar sus trabajos donde sea necesario.

Debemos retomar la enseñanza de música en las escuelas e institutos y no me refiero a tocar la flauta, sino enseñar los clásicos y cultura musical del siglo XX. Hay que organizar conciertos en colegios, institutos y universidades, con los propios alumnos como protagonistas. Hay que hacer de estos centros verdaderos puntos neurálgicos de la cultura, en los que el teatro, la música, la danza y el circo formen parte de la educación básica de la juventud.

Hay que exigir una Ley de Mecenazgo al nivel de los estándares europeos que nos haga más competitivos y aporte músculo para poder desarrollar la industria cultural. Por supuesto, que el IVA baje aún más es básico y fundamental para el desarrollo del sector a futuro.

A nivel global, corremos el riesgo de que, como ya ha pasado con las discográficas, acabemos con tres multinacionales de la promoción de conciertos controlando el negocio de la música en directo en todo el mundo. A eso se le llama monopolio. Hay que trabajar, desde el mundo independiente, la manera de crear vínculos entre las diferentes ciudades y países para poder girar de forma sostenible y libre. Así fue, y así debería volver a ser. Las grandes multinacionales son gigantes con pies de barro que una buena red puede derribar.

La venta de entradas en el llamado mercado secundario es simple y llanamente una estafa al consumidor, al artista, al promotor (siempre que no actúe en connivencia con estas plataformas) y a la administración (por el fraude fiscal que representa). La solución pasará por vender el 100% de las entradas nominales con número de pasaporte o DNI que pueda identificar al comprador a la hora de acceder al recinto. Si no se puede asistir, se contactará con el promotor a través de la ticketera de turno y se devolverá el dinero, de manera que la entrada se volverá a poner a la venta por el procedimiento inicial. Hay la tecnología para hacerlo, pero falta voluntad política.

El streaming será la mayor fuente de ingresos de los artistas a 10 años vista. Las retribuciones para el autor y el intérprete volverán al nivel de la venta de discos en los 80. Así lo indica la tendencia. Eso sí, la industria discográfica como está concebida ahora no parece tener un futuro halagüeño. Los pequeños sellos seguirán siendo importantes en el apoyo de nuevos artistas, pero firmarán acuerdos como socios para las ventas en todos los formatos.

Me atrevo a augurar que aparecerán en gran cantidad, bajo el formato pay per view, plataformas especializadas para visualizar conciertos en la red, lo que generará ingresos directos para las bandas y los autores. Habrá la posibilidad de ver cualquier concierto en cualquier momento desde cualquier lugar.

El gran pastel del futuro son los derechos de autor. Los artistas no deben regalar su trabajo a nadie, deben cuidarlo y generar ingresos como resultado de su creación, que tanto trabajo y esfuerzo les ha costado.

Sobre El Autor

Xavi Manresa

Director de Cap-Cap Twitter: @xavicapcap

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