El paso del tiempo es inexorable, inevitable y las consecuencias son las habituales. Todo lo que empieza, acaba irremediablemente: 90 años son un buen pico y, si los has vivido como Chuck Berry, son un regalo para todos.

Él cambió el mundo para siempre. Ya nada ha sido igual después de que a los 29 años presentara ‘Maybellene’, su primer single de éxito. Era a mediados de los 50. Su carrera, llena de altos y bajos, tuvo un inicio fulgurante, brillante y espectacular: After School Sessions (1957) abrió muchísimas puertas.

Quizás sea uno de los artistas más influyentes del siglo XX. Al mirar entre sus fans (Paul McCartney, John Lennon, Keith Richards, Mike Jagger, Brian Wilson y Bruce Springsteen, por citar algunos) uno se da cuenta de que nada hubiera sido lo mismo sin él. Es indispensable para entender la música de hoy.

Era un tipo afable, gran conversador y lleno de manías. Tuve la oportunidad de conocerle y trabajar con él en 2005. Hizo cuatro conciertos en nuestro país dentro del Black Music Festival: en Girona, Madrid, Granada y Cartagena. Fue la última vez que visitó España.

Podría llenar un libro entero con las anécdotas que dejó en los siete días que estuvo por aquí. He aquí una muestra: su primer concierto fue en Granada, así que voló directamente de Sant Louis (Misuri) a Málaga. Al llegar, nuestro equipo de producción le estaba esperando en el aeropuerto.

Una de sus exigencias para hacer estos conciertos había sido una limusina, entendiendo como tal un auto grande de gama alta, que él conduciría. Durante las negociaciones le dijimos que adelante, pero que por favor nos mandara una copia de su carnet de conducir para proceder con el alquiler.

Su respuesta fue escueta y clara: “No tengo carnet”. Pero insistía en conducir en todo momento. La orden que trasladamos a producción fue intentar que no condujera. Una hora después de llegar, recibí una llamada del encargado de recogerle.

Me decía: “Xavi, tenemos un problema. Chuck Berry quiere las llaves del coche. Le he dicho que ya conducía el chofer y, sentándose en el suelo en medio del aeropuerto, me ha dicho que no se levanta de ahí hasta que le entreguemos las llaves”. Vista la situación, le dije que se las entregara y que le acompañaran en el coche, a él y su mujer.

Al poco rato, ya de camino a Granada, volvió a llamarme. Parecía asustado: “Este tipo no tiene ni idea de conducir un coche que no sea automático. Cambia las marchas sin pisar el embrague”. Finalmente llegaron al concierto en el Palacio de congresos de Granada. ¡Gracias a los dioses!

En el último concierto de la gira, en Girona, estuve tranquilamente hablando con él. Estábamos tomándonos un café antes de su última actuación y le pregunté por qué quería conducir en todas partes si ni siquiera tenía carnet, a lo que me contestó: “Hace muchos años, en Estados Unidos, iba en el coche de un promotor. Él conducía y, después de un concierto, me secuestro hasta que le devolví el dinero que había cobrado por la actuación. Desde entonces no dejo que nadie me lleve. Conduzco yo”, y se echó a reír. Así era: tozudo, listo, suspicaz, afable y ‘cheap’, muy barato y nada malgastador de su dinero.

Anécdotas aparte. Este tipo, este genio, demostró al mundo que tres acordes podían cambiar una generación. O varias. Abrió la puerta a miles de jóvenes ávidos de conocimiento musical y con ganas de hacer música para cambiar el mundo. Nadie puede entender los 60, 70 y más allá sin Chuck Berry. Nada hubiera sido lo mismo en la música, y por extensión en la sociedad de finales del siglo XX sin él.

Sobre El Autor

Xavi Manresa

Director de Cap-Cap Twitter: @xavicapcap

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