Artículo del presidente de la APM, Pascual Egea, publicado originalmente en el número 338 de Rockdelux

¿Qué sentido tiene parar la música durante todo un día? Quitarnos los auriculares, esperar a mañana para ir a un concierto y convivir solo con la banda sonora de la rutina diaria. Diría que es un despropósito, pero a esto nos ha llevado la actual política cultural de nuestro país.

En una sola legislatura han castigado a la música –y al resto de artes– con una subida del IVA de trece puntos. Del 8 al 21%, casi de la noche a la mañana. Un porcentaje desproporcionado y sin igual en toda la zona euro que nos ha debilitado enormemente, pero que, sobre todo, ha perjudicado al espectador.

Poco importa que el sector de la música en vivo perdiera casi un 30% de su facturación en el primer año de “ivazo” cultural. Tampoco importan las cientos de empresas que han tenido que cerrar o las miles de personas que han perdido su trabajo, o el hecho de que, con esta medida, el Gobierno no haya logrado mejorar la recaudación a través de la cultura. Ni todos los conciertos y artistas que ya nos hemos perdido y que, irremediablemente, nos perderemos en el futuro…

Y mucho menos las pocas opciones que tenemos de traer las grandes giras internacionales, que se limitan a una o dos fechas, si es que se deciden a pasar por España. ¿Y las bandas medianas y emergentes? Seguramente, las más afectadas. Los promotores andamos constantemente en el filo de la navaja, por lo que las apuestas de riesgo se han reducido casi a cero. Los espectadores se están quedando sin las grandes estrellas y sin la opción de descubrir nuevas propuestas. Un panorama desolador que nos condena a tener un páramo musical en los próximos años. Si no suena la música… ¡Qué más les da!

Por eso, el 20 de mayo viviremos “Un día sin música”, para que en el futuro pueda seguir sonando.

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Pascual Egea

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