Artículo de la periodista Bárbara Padilla publicado originalmente en el Anuario de la Música en Vivo 2017

El sonido es un aspecto que debe mimarse especialmente en un concierto, sobre todo si las condiciones de la sala o del espacio en cuestión no son las mejores. Hay situaciones en las que generar un buen sonido se convierte en todo un reto.

Y es que no es lo mismo sonorizar un concierto al lado del mar que en la montaña, como tampoco lo es si la sala está llena o vacía o si el género es metal o pop, e incluso si las condiciones meteorológicas son adversas y debemos lidiar con el viento o la lluvia. Para que el sonido fluya y llegue limpio a todos los espectadores del espacio hay que tener en cuenta una serie de factores.

Juan Antonio Muñoz, responsable de Madness Live, lo tiene claro: “Como promotora especializada en rock y rock progresivo, el sonido es uno de los aspectos que más importan. Lo cuidamos al máximo en todos los shows que organizamos. Cuando son giras en salas, elegimos las más adecuadas, y cuando se trata de un festival o un gran recinto y depende de nosotros, elegimos los mejores equipos técnicos y humanos posibles. Porque sin buenos profesionales, de poco sirve la tecnología”, resalta.

Según el director de Madness Live, cada vez son más los grupos que además de presentar el rider -la hoja técnica con la situación de los músicos en el escenario y el material necesario-, exigen equipos concretos de sonido externo. “Todo depende del tamaño. En giras pequeñas los artistas no pueden exigir, aunque opinen o sugieran. Pero en recintos grandes y en festivales quieren que el equipo sea de su agrado”, asegura Muñoz. Pueden variar la cantidad de cajas y refuerzos.

Joel Damiano, Live Sound Specialist del fabricante de sistemas de sonido DAS Audio, asegura que “los sistemas de hoy en día están diseñados para cubrir diferentes recintos y en diferentes condiciones. Son muy polivalentes”. Pero hay espacios que todavía se resisten: “Hoy por hoy, contamos con herramientas de simulación acústica que nos permiten prever el comportamiento de los sistemas antes de montarlos, y así modificar cantidades, ángulos y tipos de sistemas, pero hay lugares cerrados con un mal o nulo acondicionamiento acústico donde la cosa se complica. Lamentablemente, se trata de la mayoría de pabellones y sitios donde se realizan conciertos. En estos casos, es muy difícil solucionar el problema simplemente ajustando el sistema, debido a la reverberación natural de la sala”, dice Damiano.

Con él coincide Raúl Méndez, director técnico de la empresa de alquiler de equipos audiovisuales Fluge, quien señala que los entornos más difíciles para controlar el sonido son los grandes recintos cerrados por el rebote que produce reverberación, con la que llega el consiguiente problema de ininteligibilidad: “Al aire libre, el sonido no rebota contra nada, y, por tanto, los ajustes son más sencillos”. Pero también ahí surgen complicaciones. Los fenómenos meteorológicos, sin ir más lejos, afectan a la conducción del sonido en el aire: especialmente el viento, la temperatura y la humedad relativa del ambiente.

Méndez apunta que uno de los mayores problemas a la hora de pensar en la acústica de un concierto es la humedad. Por eso, dice, no es lo mismo organizar un festival al lado del mar que uno en la montaña. “La diferencia básica para el audio es la diferencia de humedad entre un sitio y otro. Pero de la misma manera, no es lo mismo un show al mediodía que pasada la media noche. Todos los cambios de temperatura y humedad afectan directamente a la respuesta en frecuencia de los equipos”, señala.

No obstante, lo peor de un concierto al aire libre es el viento.  “Las palabras se las lleva el viento, que siempre es lo peor. La tecnología intenta buscar respuestas, pero no las tiene todas”, afirma rotundo. Para Damiano, la clave está en que “en el caso del viento no existe por ahora ningún método de corrección. Sin embargo, la temperatura y la humedad pueden ser compensadas”. Enfatiza que en la tecnología de sonido se ha evolucionado de manera exponencial. “Somos capaces de realizar correcciones que eran impensables hace tan solo unos años. Podemos dirigir el sonido sin mover los altavoces, pero es algo que todavía está en fase de pruebas”, confiesa.

Cuando hay carteles con músicos de estilos muy distintos, lograr un buen sonido se convierte en una odisea. “Lo ideal sería tener espacios dedicados a cada estilo musical. Porque no solo deberían cambiar los ajustes del sistema, sino también las instalaciones. Por ejemplo, un escenario programado con hip-hop requiere más subgraves que uno de indie, y una orquesta en una sala requiere de un tratamiento especial”, comenta.

Sobre esta situación, habitual en los festivales, Méndez da la razón a Damiano. “Hoy en día, hay géneros musicales que necesitan más refuerzo sonoro que otros. Siempre que tengas el equipo dimensionado para el que más lo necesite, el equipo responderá. Una vez el equipo cubra toda la zona de audiencia, la diferencia entre uno y otro es de timbre. Pero está claro que siempre es mejor programar un estilo por escenario, ya que ello dará más coherencia al ajuste y los técnicos de sonido no tendrán que hacer malabares”.

Con todo, para Juan Antonio Muñoz, de Madness Live, la clave del sonido no se encuentra en los instrumentos que haya sobre el escenario. “Aunque haya grupos que combinan distorsión con instrumentos clásicos, si el equipo es bueno, la banda toca bien y la acústica del recinto acompaña, no tiene por qué haber problemas de sonorización. Bandas como The Dillinger Escape Plan son una auténtica locura musicalmente hablando, y todas las veces que los he visto, han sonado siempre muy bien”.

Damiano concluye que la mayoría de los problemas acústicos se resolverían “si las salas que son pensadas para estos eventos fueran diseñadas y tratadas por profesionales que supieran de la materia”. Pero no es algo que suceda a menudo, sino todo lo contrario. “No es normal que el diseño de una sala para conciertos casi nunca reciba un tratamiento acústico antes del diseño. Y es que raramente se hace… Se tiene más en cuenta el diseño estético que la función intrínseca de la misma”, critica el especialista.

 

Sobre El Autor

APM

La Asociación de Promotores Musicales (APM) es la principal representante de la industria de la música en vivo en España. Sus socios representan al 80% de los promotores privados del país, y son los responsables de las principales giras nacionales e internacionales y festivales que se celebran.

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