Ha muerto Charles Aznavour. Tenía 94 años. España era para él un destino habitual. Solo en las últimas dos temporadas, vino al menos cinco veces. Todas ellas, en ciudades en las que ya había estado e iba a repetir.

En enero de 2017 estuvo en Madrid de la mano de 33 Producciones. En abril de 2018 pasó por Barcelona gracias a Concert Studio. Y en julio iba a volver a Marbella, en el festival Starlite, donde ya había tocado en 2016. Pero no pudo ser. Una rotura de húmero le obligó a cancelar su gira. Desde entonces no volvió a pisar la península. Meses después de esa lesión, acabó sucumbiendo a un edema pulmonar que le provocó un paro cardíaco. Hasta entonces, sus visitas a España habían sido siempre orquestadas por promotores de APM.

Martín Pérez, de Concert Studio

“Teníamos una relación muy personal. De hecho, dentro de lo que es esta profesión, se podría decir que éramos casi amigos. Me decía que si venía a cantar a Barcelona era por mí. Eso siempre se lo agradeceré”, dice Martín Pérez, director de Concert Studio.

“Aznavour era un hombre vivido, que daba lugar a la anécdota, y con el que acumulé un montón de momentos especiales”, recuerda. “Tengo incluso un vídeo grabado donde me explicaba la emoción que sentía encima del escenario, y cómo eso era para él el motor de un artista. Todo lo demás no creía que fuera importante”.

Pérez también fue el responsable de la visita de Aznavour en 2010 en el festival de Cap Roig, en Calella de Palafrugell. “Por petición suya, fuimos a la playa a las 7.30 de la mañana. Las playas en el Empordà son de piedras, pero él iba descalzo y caminaba ágilmente, con los pantalones arremangados. Yo casi no podía ni andar y él, como si nada”.

Ese año, mientras visitaban la zona, pasaron por unos campos de olivos. Aznavour reparó en que había algunos mal podados. “Entonces empezó a explicarme largo y tendido la importancia de los olivos y del aceite en el Mediterráneo desde un punto de vista histórico. Insistía en que el aceite era como el oro. Si alguien en un pueblo se dedicaba a hacer aceite, hacía rico a todo el pueblo, porque ya podía darles de comer”.

“Tenía una especial inclinación por Alejandría, lo mediterráneo y el tema armenio. Me contó muchas veces lo que había significado para él el genocidio. A pesar del nombre artístico francés, él nunca dejó de ser armenio e hijo de armenios. Hablaba con orgullo de sus orígenes, y también de la longevidad de su familia”, continúa Pérez.

“De hecho, me aseguró que iba a vivir hasta los 102 años, porque eso era lo normal en ellos. Ese día le dije que tenía que descansar. Me miró extrañado y me respondió: ‘No, todavía me quedan muchos años. ¿O es que no quieres que venga a Pedralbes?’. Cuando vino al Liceu me había hecho prometer que la próxima vez que viniera a Barcelona sería para volver a tocar en Pedralbes”, zanja el director de Concert Studio.

Óscar Piñuela, de 33 Producciones

Óscar Piñuela, director de 33 Producciones, también destaca esa vitalidad. Un mes antes de tocar en el WiZink Center, concierto para el que agotó las entradas, Charles Aznavour viajó a Madrid como parte de la estrategia de promoción. Con 92 años, estuvo dos jornadas haciendo ronda de medios.

“A cualquier artista joven le hubiera costado mucho hacer lo que hizo él. Vino todo el mundo. Los redactores llegaban con un respeto absoluto y preparados para entrevistas largas y profundas. Él les atendía a todos de manera ejemplar. Ese recuerdo lo tengo grabado porque fue clave para el éxito del concierto”, relata el promotor.

Cuando llegó el día empezó su jornada laboral a las 5.00 de la tarde en la prueba de sonido. Estuvo por ahí y cuando salió hizo un concierto de dos horas y cuarto de pie, sin sentarse en ningún momento ni salir del escenario ni un segundo para tomarse un vaso de agua. Al terminar, atendió algunos compromisos.

“Nos sentamos a cenar que eran la 1.00 de la mañana. Comimos bien y bebimos varias copas de vino. Cuando nos levantamos de la mesa eran las cuatro de la madrugada y me dijo: ‘Ahora sí que estoy un poco cansado’. Muchos artistas jóvenes no habrían aguantado su ritmo”, recuerda el director de 33 Producciones.

Además, en el plano personal, era humilde. “He trabajado con muchos artistas consagrados, y él, a diferencia de muchos, nunca se permitía el lujo de dar una lección. Contaba anécdotas espectaculares, por su relación con el mundo del cine y de la pintura, pero jamás te daba una lección. Simplemente, disfrutaba contando cosas”.

Consciente también de la importancia que tenía para él el tema armenio, Piñuela provocó el encuentro en los camerinos entre Aznavour y el violinista libanés de ascendencia armenia Ara Malikian. Todo un detalle.

Sobre El Autor

Gerard De Josep

Periodista y filólogo. Ha sido corresponsal en Grecia, ha publicado un libro sobre Syriza y actualmente escribe desde Barcelona para varios medios culturales. En su pueblo natal, organizó durante cuatro años un pequeño festival de música.

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