Xavi Manresa ha sido promotor durante 30 años. Buena parte de ellos, al frente de Cap Cap y siendo miembro de la Asociación de Promotores Musicales (APM). Pero ahora da el salto al mundo del ticketing y lanza junto a tres socios más Tiketblok. Se trata de un sistema de venta de entradas en el que los usuarios deciden cuánto quieren pagar.

“Durante todos estos años en el sector, he escuchado infinitas veces dos frases: yo a este concierto no voy, porque no pagaría lo que cuesta; o justo lo contrario, pagaría lo que fuera para ver a este artista”, dice Manresa, que asegura que “lo más difícil para un promotor es acertar a la hora de poner el precio de un concierto”.

“Cada grupo tiene un precio, pero nunca sabes exactamente cuál es el adecuado, porque trabajamos sobre presupuestos, intuición, márgenes, etc. Así que tenía que haber una manera de poner solución a esto”, continúa el promotor.

Estas reflexiones, junto con el runrún en las ferias profesionales de música de que el futuro lo protagonizará el smart ticket, le llevaron a sentarse con tres amigos: dos abogados y un productor musical e ingeniero informático. Eran Rafa Gimeno, Álvaro Querol y Marc Molas.

En esas conversaciones salieron dos cuestiones más a las que hacer frente. Por un lado, la seguridad. “Si vas en un avión estás siempre identificado, pero nosotros hasta hace poco no sabíamos quién estaba dentro del recinto”. Por otro, la reventa: “Si alguien quiere pagar más, debería poder hacerlo, pero el margen tiene que ir al promotor y al artista”.

Como resultado de esas reuniones, en octubre de 2017 empezaron a trabajar en algoritmo que tiene en cuenta la cantidad de localidades ofrecidas, el aforo total y el precio ofertado y, con esa información, optimiza automáticamente la distribución de tickets. Le pusieron nombre: Solomon. Y dieron forma al invento: Tiketblok.

Tiketblok

Así, el algoritmo administra automáticamente las reservas de entradas que hacen los usuarios con el objetivo de primar la asignación máxima con el mayor rendimiento posible, y con el precio más ventajoso para el asistente, el promotor y el artista.

“Si un concierto sale a la venta a 60 euros y se venden todas las entradas en media hora, seguramente es que te has equivocado al poner el precio. Y si no consigues llenar el recinto, seguramente sea porque te has equivocado de precio. Así que hay que dejar que la gente pague lo que esté dispuesta a pagar”, afirma Manresa.

Pero aún quedaban varios problemas de los que habían identificado para resolver: la seguridad, la reventa y la imposibilidad de tener datos de los usuarios que quieren ir a un concierto pero finalmente no compran la entrada.

Su respuesta es una identificación encriptada, que pretende imposibilitar la reventa fuera de la aplicación, facilita la devolución y permite ponerlas de nuevo a la venta dentro del propio sistema; un código generado al momento para ofrecer el máximo grado de seguridad y fiabilidad en la identificación del comprador; la integración del mercado secundario en el primario; y el registro de datos incluso relacionado con las propuestas no asignadas de los usuarios.

El promotor explica que la aplicación aún no está activa, porque faltan los últimos flecos, pero asegura que ya han probado el sistema con conciertos reales y ha funcionado correctamente.

En concreto, fue un show en La Nau de Barcelona que salió con un precio recomendado de ocho euros. Sin hacer sold out, según sus propios cálculos, recaudaron un 35% más de lo que habrían conseguido con un precio estático.

Avisa, además, de que han patentado el sistema en toda Europa, y añade que la intención es que la aplicación pueda integrar cada vez más servicios. “Ah, y se han acabado los gastos de distribución”, apostilla.

Sobre El Autor

Gerard De Josep

Periodista y filólogo. Ha sido corresponsal en Grecia, ha publicado un libro sobre Syriza y actualmente escribe desde Barcelona para varios medios culturales. En su pueblo natal, organizó durante cuatro años un pequeño festival de música.

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