Todo empezó con una partida de ping-pong. Mientras jugaban, Dieter Swicker habló a Karlheinz Brandenburg sobre las limitaciones de la capacidad auditiva del ser humano. Swicker era científico. Brandenburg, ingeniero. Una década después, gracias a esa conversación, vio la luz el formato que revolucionaría la industria discográfica: el MP3.

Brandenburg logró reducir hasta 12 veces el tamaño de un disco compacto, quitándole toda la información que el oído no podía percibir. El sector de la música no mostró ningún interés por ese descubrimiento. Así que, sin financiación alguna, el ingeniero decidió difundir gratuitamente su investigación en la red. No pidió nada cambio. Nada.

Ese acontecimiento, contado en el libro Cómo dejamos de pagar por la música (Contra, 2016) de Stephen Witt, tuvo sus consecuencias. Con el MP3, llegó la piratería y reventó los cimientos de la industria discográfica. Muy lejos de esa mesa de ping-pong, en Estados Unidos, un trabajador de la fábrica de discos Polygram llamado Bennie Lydell Glover se dedicó a pasar al nuevo formato todo lo que publicaba su empresa. Durante años, esa fue la fuente de recursos principal de plataformas como Napster.

Desde entonces, la industria se ha visto obligada a evolucionar. Ya no tiene el control sobre lo que circula por la red, y solo puede intentar adaptarse. Eso es lo que han hecho, por ejemplo, grupos como De La Soul y Public Enemy.Kickstarter

Los primeros, originarios de Nueva York, publicaron en 1989 su primer álbum, 3 Feet High and Rising, consiguiendo una enorme popularidad dentro del mundo del hip hop. Su estilo, basado en samplear canciones, fue realmente innovador, pero muchos de esos samples se usaron sin pedir permiso a sus autores originales. Cuando al cabo de dos décadas quisieron celebrar el aniversario del disco, se encontraron con trabas legales que no habían previsto.

Allí se dieron cuenta de que debían reinventarse. Ellos mismos, y la propia industria. Para hacerlo, en 2014 abrieron durante 24 horas todo su catálogo en descarga gratuita. A cambio pedían solamente un correo electrónico.

En la última edición del Sónar Plus, Brandon Hixon, manager de la banda, reconoció que cualquiera con un poco de tiempo y habilidad se lo habría podido descargar igualmente de manera ilegal, pero junto a la empresa Kickstarter crearon un atajo para los fans. A la vez, conseguían tomar el pulso a su afición, podían cuantificarla en todo el mundo y obtenían una gran herramienta de difusión y comunicación directa.

“En la economía digital no solo existe el dinero como valor monetario, sino que hay una nueva moneda: los datos”, afirma la especialista en big data Lola Pardo. Antes, las grandes fortunas poseían grandes explotaciones de energías fósiles, hoy, en cambio, son propietarias de bases de datos. “Por eso cuando pensamos que algo es gratis, en internet, lo que sucede en realidad es que tú eres el producto”, añade.

Por tres millones de descargas, De La Soul obtuvo tres millones de correos electrónicos. Las personas detrás de ellos fueron las que, poco después, financiaron su nuevo álbum and the Anonymous Nobody en un proceso de crowdfunding.

También en Sónar Plus, Molly Neuman, responsable de música en la plataforma Kickstarter, resumió el funcionamiento de esa operación: la banda presenta una idea, detalla cuánto necesita y pone un plazo para conseguirlo. En solo ocho horas, el grupo recaudó 110.000 dólares. Al acabar el plazo habían conseguido más de 600.000. Del total, Kickstarter se llevó el 5%.

Hace poco más de un mes, el 30 de junio de 2017, también Public Enemy decidió regalar en Bandcamp su último trabajo, Nothing is Quick in the Desert. Para conseguirlo, solo hacía falta un correo electrónico. Su apuesta era también una crítica abierta a la industria.

Chuck D., principal vocalista y letrista del grupo, lo explicó así en Rolling Stone: “El sector parece tan muerto como un desierto, pero hay mucha vida en un desierto si uno sabe qué ver y oír. Allí, un cactus absorbe el agua del aire y la almacena en su raíz, y ciertas criaturas logran sobrevivir donde las demás no pueden. Tiene un precio estar por encima de la media (o muy por debajo) para sobrevivir. Pasa lo mismo en la industria de la música”.

Foto: Bianca de Vilar

Sobre El Autor

Maca Arena

Gestora cultural de profesión y periodista por pasión

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