En el año 2009, cuando asumí la presidencia de APM y muy cerca de cumplir nuestro décimo aniversario, sentíamos que habíamos crecido internamente pero no hacia el exterior. Las instituciones, la industria y el público en general no sabían quiénes eran los promotores de conciertos, cuál era su cometido ni a qué dedicaban su día a día. Desde la nueva junta directiva advertimos de que necesitábamos abrirnos al exterior e informar a todos de nuestro valor en la cadena de la industria musical y nuestro valor en la cadena de la industria musical.

Aunque APM era la voz de los profesionales, la opinión pública, los medios y las instituciones no nos reconocían como tal. Así que teníamos que buscar herramientas para amplificar nuestro mensaje y darnos a conocer públicamente. El camino era claro: informar y comunicar. Cuantas más acciones de comunicación lleváramos a cabo, más atraeríamos la atención de los medios y estos amplificarían lo que teníamos que decir hasta límites inalcanzables para nosotros en ese momento. Era una cuestión matemática. 

Nos pusimos manos a la obra y empezamos a debatir cómo hacerlo. Después de barajar múltiples iniciativas, finalmente decidimos crear un Anuario de la música en vivo. Teníamos que poder mostrar nuestras inquietudes. Teníamos que ofrecer datos fiables y contar con la participación de todos los agentes del sector. Juntos conseguimos hacer esa idea realidad. Sin duda fue un acierto. 

Recorrer los diez anuarios editados hasta el día de hoy es como hacer el mejor máster posible en la industria de la música en vivo. Todos ellos, en conjunto, ofrecen una visión clara y global de quién es quién en nuestro sector y cómo hemos evolucionado hasta nuestros días. 

Ahora bien, no fue fácil materializarlo. Sabíamos que nos encontrábamos dentro de un mercado muy cerrado. Estábamos pidiendo a todos que nos abrieran las puertas de sus casas. Íbamos a hurgar por todas partes para explicar cada detalle acerca de cómo funciona la industria. Y, además, íbamos a hacerlo con datos reales de lo que ocurría. Tuvimos que hacer una dura labor de concienciación para obtener toda la información de la forma más fiable y, finalmente, conseguimos que se entendiera la importancia de abrirnos al mundo. Acabamos contando con el apoyo de los medios especializados, la implicación de los promotores, la voz de los artistas y la ayuda de los recintos y proveedores. ¡Fue todo un éxito! 

Realmente, la industria de la música se volcó con nosotros, y se sumaron incluso las instituciones. La entonces ministra de Cultura, Ángeles Gonzalez-Sinde; el alcalde de Madrid, Alberto Ruiz-Gallardón; y el alcalde de Barcelona, Jordi Hereu; abrieron las páginas de nuestro primer anuario. Fue un primer paso ambicioso, casi inconsciente, porque no sabíamos qué acogida iba a tener. ¿Habría una segunda edición? Teníamos que hacerlo sostenible económicamente en el tiempo, y los costes eran importantes. Pero al fin encontramos la fórmula. 

Diez años después, el anuario se ha convertido en un medio de referencia y un vehículo de promoción para empresas y profesionales. Es un paso más en un camino de crecimiento y expansión que había empezado muchos años antes. Incluso hemos llegado a ser la fuente principal de responsables políticos a la hora de analizar y argumentar a favor o en contra de ciertas políticas culturales y un referente para otras asociaciones internacionales. Por eso este aniversario es un hito en sí mismo. Cada ejemplar del anuario ha sabido reflejar las inquietudes del momento y el reto futuro es seguir estando a la altura. 

APM ha seguido creciendo, y tiene que informar acorde con ese crecimiento acerca de nuestras necesidades, las de nuestros clientes, las de nuestra industria y las de la música en directo.

El texto de Pascual Egea fue publicado originalmente en el especial décimo Anuario de la música en vivo

Sobre El Autor

Pascual Egea

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