Pablo Martí es el hijo de Julio Martí, director de Serious Fan Music y vocal en la junta directiva de APM. Pero antes que nada, es un amante de la cultura. Ha crecido inmerso en el sector de la música en vivo, pero ve este solo como uno de los caminos posibles. Le son familiares también el mundo de la danza, el cine y la fotografía. Para él el arte es el faro. Le entrevistamos hace un tiempo con motivo del reportaje ‘El relevo de los jóvenes’, publicado en el IX Anuario de la música en vivo.

Una de las razones por las que estoy en este mundo es porque mis padres se enamoraron porque eran fans del jazz. Se conocieron en un club de València, en los Tres Tristes Tigres. Mi padre era médico y mi madre es enfermera. Él es un hombre que ha dado su vida por la música. Es un enamorado, un melómano, una de las personas más vocacionales que conozco en esta industria. Y es así tanto en la parte económica como en la personal.

Yo he nacido prácticamente en un escenario. Y aprendo tanto de los que son industria, porque hay que vivir de ello; como de los que son altruistas y se dedican a esto de manera completamente vocacional.

Los primeros recuerdos que tengo yo dentro del mundo de la música los he normalizado completamente. Porque antes no lo vivía con la pasión con la que lo vivo ahora como adulto. Lo vivía simplemente como algo normal. Una de las primeras veces en las que empecé a darme cuenta de con quien he estado fue por una foto en el álbum de recuerdos de mi madre. En la imagen, Dizzy Gillespie me sostenía en brazos. Estamos hablando del maestro.

Otro recuerdo que tengo de uno de los momentos más impactantes de mi vida es de cuando me preguntaba qué hacía ese señor moviendo los pies de una manera tan curiosa en un directo en el Palau de la Música de València. Era Ray Charles. Y es que he visto a tantos grandes de pequeño que solo he podido verlo como algo normal.

Así que poco a poco me he dado cuenta de cosas. Por ejemplo, de que he cogido de la mano a Celia Cruz. Pero es que toda mi vida es esto. A día de hoy mi padre y mi madre ya no están juntos, pero mi madre sigue siendo una melómana y su pareja, Fabio Miano, es un pianista muy importante tanto a nivel nacional como internacional. Imagínate. Y no lo recuerdo, pero sé que he visto y conocido a Bill Evans y Miles Davis.

Cuando tenía 17 o 18 años me iba con mi padre y mi madre a todo tipo de giras. Y poco a poco, por vocación, me fui metiendo en esto, tratando de ayudar detrás de los escenarios. Hablaba con los músicos, organizaba transfers, y me encontré trabajando como runner.

Cuando entré en la universidad me puse a estudiar Comunicación Audiovisual por el amor por el cine y todos los veranos lo compaginando con algunos trabajos en el sector. Hacía de runner, de oficinista, ayudaba de producción, montando caterings, vendiendo merchandising, etc. Siempre he trabajado en todo lo que he podido. Además también soy bailarín, porque también me encanta la danza y el deporte. Pero soy un poco como mi padre. No toco ningún instrumento, pero escucho la música y empatizo con el artista y veo qué quiere hacer y cómo quiere exponer su arte.

De hecho, si me encanta la música es porque va más allá de las fronteras. Yo no me considero solo valenciano, ni solo español, sino ciudadano del mundo. Porque la música me ha dado la oportunidad de viajar y de conocer otras culturas, y ha hecho que las amara todas. No le encuentro el sentido a los nacionalismos y me doy cuenta de que lo que quiero es trabajar en el sector cultural. Amo el cine, la música, la fotografía, la literatura. Es esto lo que me ha llevado hasta aquí.

A día de hoy me encargo de la comunicación dentro de Serious Fan Music, con un equipo magnífico, pero mi objetivo es hacer algún día mis propias producciones y trabajar como promotor. Al final, lo que busco es encontrar un sitio en el que poder desarrollar mi creatividad y mis conocimientos.

Sobre El Autor

Gerard De Josep

Periodista y filólogo. Ha sido corresponsal en Grecia, ha publicado un libro sobre Syriza y actualmente escribe desde Barcelona para varios medios culturales. En su pueblo natal, organizó durante cuatro años un pequeño festival de música.

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