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Artículo del director de Producciones Animadas y vocal de la junta de la APM, Albert Salmerón, en el VI Anuario de la Música en Vivo

Desde hace algunos años los festivales son fuente de buenas noticias: cifras de espectadores en crecimiento, carteles de lujo y un número considerable de propuestas que cada año se cuelan en el calendario con más o menos éxito. Este último punto tiene, sin duda, una lectura positiva, pero también obliga a la reflexión.

Fíjense en el calendario de festivales de verano. Cuesta encontrar un solo día en el que no coincidan dos, tres y hasta cuatro propuestas en un espacio geográfico reducido. La pregunta es obligada: ¿hay público para tanta oferta?

La realidad es que ya existe un panorama consolidado al que es difícil sumarse. Un factor que dificulta, cada vez más, la aparición de propuestas nuevas, que lo tienen complicado para hacerse un hueco entre los festivales que ya funcionan.

Pero el problema no acaba ahí. Por si lo apretado del calendario y la abundante oferta no fueran obstáculos suficientes, muchos festivales parecen obstinados en repetir cromos ya usados. No es difícil encontrar eventos de perfil parecido, incluso con carteles similares, en una zona geográfica muy limitada durante un mismo verano. El riesgo de crear un producto que quede diluido entre la multitud de opciones es elevado.

En 2014 tuvimos ejemplos de sobra de festivales que no cuajaron, lo que nos lleva a hacernos algunas preguntas. ¿Qué hacemos para que nuestro evento sea diferente? ¿Con qué nos identifica el público?

Crear un festival de éxito en un mercado tan saturado no es una utopía, pero debe hacerse muy bien. Acertar en las decisiones clave: calendario, geografía, recinto, creación de marca y oferta artística. En definitiva, ser originales en la propuesta. He ahí una de las asignaturas pendientes de los festivales.

 

Sobre El Autor

Albert Salmerón

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