Nos encontramos en Atocha. Una bonita metáfora de la situación en que se encontraba en ese momento Marcela San Martín a nivel profesional. Entre viajeros circulantes, me cuenta el anuncio de su salida de la sala El Sol, recinto en el que trabajó durante 23 años junto con Nacho Moreno (gerente). Tantos años en la industria están llenos de anécdotas en el backstage, canciones sobre un escenario, luchas contra la crisis y discriminaciones hacia la mujer en la industria de la música. Antes de su entrada a la Sala 0, del Palacio de la Prensa, nos damos unas horas para recordar cada una de esas historias que Marcela se lleva como aprendizaje para seguir creciendo. Se avecinan proyectos interesantes. Esa es la conclusión.

Ahora que has cerrado una etapa en la sala El Sol, me gustaría conocer el inicio de tu incursión en la industria.

Soy chilena y para llegar a Madrid tengo una larga historia. Pero a nivel profesional se resume así. En el 92 comencé a trabajar en la sala Siroco. Un familiar me dijo que necesitaban a una asistente. Como yo tenía idiomas, sabía un poco de informática y tenía don de gentes, me aceptaron. Allí aprendí como era el engranaje de los conciertos. Conocí a las promotoras, a los mánagers, periodistas… Fue mi primer contacto con la industria. Después de tres años, dejé Siroco para tomarme un año sabático, pero Nacho Moreno me llamó y me invitó a trabajar en la Sala El Sol.

Bye año sabático… 

Sí, adiós descanso (se ríe). Pero fue muy bien, Nacho me brindó la oportunidad de trabajar en la sala aprendiendo de todas las ramas. Desde la hostelería hasta la gestión de la sala. Lidié con los distribuidores, creé la oficina de comunicación y promoción, conocí a los músicos, mánagers y programadores, ¡comencé a programar! Todo de la mano de grandes maestros, como Juancho López que me enseñó gran parte de lo que sé.

Y ahora te vas.

Este julio me despedí de la sala que me vio crecer durante veinte años. He dejado la sala El Sol porque creo que ya me tocaba buscar nuevos retos. He cumplido mi función en la sala. Ahora me toca volar y aprender un nuevo reto. Me siento muy afortunada porque, en el momento que dije que me iba, recibí unas cuantas llamadas para trabajar en otras salas. Tengo muchos amigos y amigas que me quieren.

Es dura la partida. 

Lo que pasa es que en las salas se hace mucha peña. El mundo de una sala es muy pequeño. Con una llamada solucionas todo, al contrario de lo que pasa en grandes empresas que todo es por correo. Sabemos muy bien la mecánica: si falla uno, falla el resto. Es un trabajo en equipo. Además, somos pocas personas. Creas una familia después de tanto tiempo de convivencia. El Sol era un hogar para muchos. Incluso los grupos o las bandas se sentían como en casa.

 

Marcela Sanmartín | Fotografía de Maca Arena

Marcela San Martín | Fotografía de Maca Arena

 

Tanto tiempo en la Sala El Sol hace que conozcas sus altas y sus bajas…

El Sol, como cualquier otra sala, sufrió la crisis. Comenzó en 2008 y nos remató en 2012. Como es obvio, la población no tenía dinero para salir o ir a conciertos. El ocio es lo primero que recortas cuando hay escasez. Hubo muchas salas que no sobrevivieron a la crisis del 2012. Nosotros hicimos una asamblea y decidimos bajar nuestras condiciones laborales. Incluso entramos en ERTE (expediente temporal de regulación de empleo) y recibíamos la mitad de nuestro sueldo de la empresa y la otra mitad del INEM, que nos descontaba del paro. Era eso o cerrar El Sol. Cedimos nuestros beneficios y luego, cuando se recuperó la sala, volvimos a nuestros estatus.

Si tuvieras que destacar algunos de tus recuerdos de tu paso por El Sol, ¿cuáles serían?

El primer recuerdo al que tengo mucho cariño fue el concierto de Alanis Morissette, en 1995. Fue un salto cualitativo a nivel concierto. Yo venía de grupos nacionales y muy rara vez venían artistas internacionales. Y luego, para cerrar el ciclo, volvió. Nos avisaron con menos de 24 horas de antelación. El equipo fue capaz de organizar el concierto en un día. ¡Fue un subidón! Todo sold out. También recuerdo la primera vez que programé sola el mes de aniversario de la sala. Es un mes muy difícil porque es en enero y la gente se ha gastado todo en Navidades o vacaciones. Fue un éxito personal hacer mi primera programación durante un mes entero y por todo lo alto.

Claro.

El concierto de los Strokes fue otro. El grupo decidió presentarse solo en seis salas de Europa. Y entre todas las opciones de salas de 500 personas, eligieron El Sol. A las dos de la madrugada del día anterior estaba revisando las salidas de emergencia con el road manager y a las ocho estaba viendo cómo entraba el camión con todo el backline, marcha atrás por la calle Jardines y todo el equipo a la espera de que todo saliera bien.

Un día normal en la oficina. 

Los recuerdos son muchos. El de Antonio Vega, actuando en nuestro 25 aniversario fue muy entrañable. Permitimos la entrada a solo 300 personas. Queríamos que estuviesen cómodos y sin agobios. El Sol tiene esto, justamente, esa distancia casi a ras del suelo del escenario logra una comunión entre el artista y el público inigualable. La cercanía es perfecta para que haya un cruce de energías.

Supongo que también habría momentos difíciles. 

No todo es blanco, pero de los puntos grises es mejor aprender. El Sol es un patrimonio cultural de Madrid. Nostros vamos pasando, pero El Sol permanece. Desde 1979 cuando el clan Almodovar, el clan Curra, Radio Futura, Alberto García-Alix, La Frontera, Francisco Umbral, Jess Franco, Burning y muchos más han creado la leyenda de El Sol. Todos los que cruzaban la puerta se sentían cómodos. Lo que pasaba en El Sol se quedaba en El Sol.

 

Marcela Sanmartín | Fotografía de Maca Arena

Marcela San Martín | Fotografía de Maca Arena

 

Y ahora a mirar al futuro. Entras al Palacio de la Prensa a programar para la Sala 0, que no ha tenido una labor de programación hasta que llegas tú.

Entrar a programar a la Sala 0 ha sido un regalo de la vida. Es todo un reto poder trabajar y aprender de grandes profesionales. Y encima, la mayoría son mujeres. Este trabajo me da la oportunidad de desarrollarme en otras artes, descubrir otros campos que eran ajenos a mi profesión. Mi labor será compaginar los conciertos con más eventos y ciclos. En definitiva, crear actividades que sean atractivas para el público. Nuestro deseo es que en 2019, la Sala 0 del Palacio de la Prensa esté en el circuito de promotoras, mánagers, agencias y artistas. Ya estamos asociadas a ACCES. Somos la única sala de Madrid. Y estamos muy contentas por ello.

Además de tu labor como promotora, tambien destaca tu labor con MiM.

Sí, porque hay mujeres valiosísimas en la industria que siguen trabajando en la sombra: Ivone Lesan, Raquel Collar, Celia Carrillo, Mónica Merino, Almudena Heredero… Son tantas. También tengo claro que falta mucha colaboración entre nosotras. Hay compañeras de profesión que prefieren hablar con el jefe antes que con nosotras. Me repatea que no te reconozcan tus propias compañeras. En este aspecto tuve mucha suerte de trabajar con Nacho. Sabía que podía contar con él en este tema. Tenía libertad.

Supongo que ya has escuchado aquello de que el techo que detiene a las mujeres no es de cristal, sino de hormigón. 

Ese techo hay que dinamitarlo. Para eso está MiM. Desde aquí invito a mis compañeros de profesión para que nos reunamos, nos juntemos y hablemos. Esto no es una guerra, de momento (guiño incluido). Vamos a crecer todos. Me gustaría que nos dieran una prueba de un año recibiendo cada quien lo que le corresponde de manera equitativa y te digo yo que los números se disparan.

Un sueño que se puede lograr, eh.

Por eso desde MiM junto con algunas universidades estamos realizando un estudio de los perfiles de las mujeres en la industria de la música. No hay cifras reales de la situación actual. No sabemos cuántas mujeres trabajan, cuántas son directivas, cuáles son sus cargos, cuáles son sus sueldos, cuál es su nivel profesional.

Me preocupa que el feminismo sea una máscara de lo políticamente correcto. Ese “no soy machista, pero…” 

Justamente de esto va el trabajo en MiM. Mostrar esos machismos. Enseñar dónde está el error. Está muy asumido que tenemos una sociedad machista, pero queremos enseñar las armas para combatirlo. Hay mucha gente que está dispuesta a aprender a detectar los micromachismos. El problema está cuando a los profesionales de la industria no les gusta que les digas que han cometido un error. Hay mucho ego. Y todos cometemos errores.


En APMusicales.com estamos entrevistando de manera presencial a personalidades relevantes de la industria musical que, basándose en su experiencia, tienen un punto de vista diferente sobre un tema de actualidad. Hemos entrevistado ya a Astrid Rousse en las oficinas del Sónar, a Jordi Vidal en el Institut d’Estudis Fotogràfics de Catalunya, a Alicia Álvarez rodeada de skaters en la estación de Sants, a Cristina Garrote en las oficinas de La Cúpula, a Miguel Tudanca recién llegado a Barcelona, a Xenia Rafi en las oficinas de The Project, a Cristian Pascual en las del In-Edit y a Carmen Zapata en la Plaça Reial. Puedes seguir todas las entrevistas con el hashtag #EntrevistasAPM.

Si tienes alguna sugerencia de a qué persona podríamos entrevistar – o si crees que tú mismo/a podrías ser un/a buen/a candidato/a – por favor envíanos un mail a prensa@apmusicales.com

Sobre El Autor

Maca Arena

Gestora cultural de profesión y periodista por pasión

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