En poco más de una década, Mallorca y las Islas Baleares han visto emerger todo un conjunto de proyectos e iniciativas musicales que, además de marcar una distancia significativa respecto a propuestas predecesoras, han permitido abrir un nicho de mercado capaz de sobreponerse a la insularidad, la mayor de las problemáticas a las que se enfrentan los profesionales del sector.

La música en directo protagonizó buena parte de la crónica del pasado 2018 mediante la celebración de festivales anuales que, si bien distan de las grandes audiencias de sus homólogos peninsulares, permitieron materializar programaciones para todos los gustos: yendo desde el metal extremo (Mallorca Extreme Division) hasta la canción de autor (Festival Maldito), pasando por el folk rock (Summer Pie), la electrónica (Origen Festival) y los sonidos experimentales (Cul de Sac).

El festival insular que más atención ha despertado ha sido el Mallorca Live. Ha conseguido distinguirse como la iniciativa de mayor proyección al haber incluido en su cartel artistas de renombre internacional, como The Prodigy y Primal Scream. Según Andrés Cabanes, miembro de la promotora, esta tercera edición “fue todo un reto, pero supuso el asentamiento definitivo del festival en la isla”. Y añade: “Conseguimos hacer un sold out y que vinieran 27.000 personas durante todo el fin de semana. Ahora tenemos que seguir creciendo de manera sostenible y ofrecer una propuesta de calidad a la altura de las expectativas que se han generado”.

La insularidad

De forma paralela, el resto de las islas han visto crecer sus propios festivales. Mientras el Cranc Festival tuvo lugar en diferentes emplazamientos de Ciutadella (Menorca), en Ibiza se realizó la cuarta edición de Sueños de Libertad. Pero pese a su buena acogida, la organización de festivales continúa siendo un camino lleno de dificultades para los promotores. “La insularidad es un problema grave para nosotros”, apunta Pere Terrassa, organizador de la Fira Internacional del Disc de Mallorca y Mallorca ‘n’ Roll. “Salvo algunas excepciones, el público residente no responde de forma mayoritaria y la gente de fuera que se anima a venir es poca. La respuesta del turista a conciertos de pago es prácticamente nula”, se queja Terrassa.

Año tras año, músicos y promotores se han enfrentado a esta situación. Depender del transporte aéreo o marítimo, sin otra alternativa, conlleva inconvenientes. “Los aviones son una tragedia, ya no solo por los costes, sino por la suma de los instrumentos y las políticas de equipaje. Por esta razón se nos hace muy difícil traer a bandas de fuera”. Lo explica Joan Andreu, fundador de la asociación Pecan Pie e impulsor del festival Summer Pie, que celebró su séptima edición.

Fira B! en Mallorca
El mercado profesional Fira B! es una apuesta del Institut d’Estudis Baleàrics (IEB) en el marco de su estrategia de proyección exterior. Foto: IEB

Ayudas institucionales

En este sentido, las ayudas institucionales aportadas por el Institut d’Estudis Baleàrics (IEB) como apoyo a la movilidad de artistas son clave. Tanto para el desarrollo de la música en las Islas Baleares como para la proyección exterior de su escena. “Debemos valorar positivamente su labor”, afirma Joan Cabot, responsable de la promotora y sello Bubota. “Acumulan años de experiencia en los que se han profesionalizado muchísimo y han estado muy en contacto con el sector”. “Son permeables a nuestras opiniones, a la vez que escuchan y proponen, porque han entendido que su trabajo es que nosotros podamos llevar a cabo este tipo de actividades”, agrega.

En ese sentido, una de las principales apuestas del IEB es Fira B!, el mercado profesional de música y artes escénicas de las Islas Baleares, con showcases, conferencias y speedmeetings. Desde el IEB, Xavier Barceló asegura que su voluntad es demostrar que “las islas son un espacio dinámico, con movimiento y que merece la pena trabajar aquí”. Ahora bien, diferentes promotores coinciden en la necesidad de readaptar y actualizar las ayudas económicas que aportan tanto los ayuntamientos como los consells insulars. Joan Andreu opina que, aún siendo vitales, deberían ser reformuladas en el futuro. “Resulta absurdo obligar a los participantes a anticipar todo el dinero, arriesgándose a no recibir la subvención o una gran parte de ella”. “El modelo debería estar más abierto a poder plantear propuestas, discutirlas y terminar de definirlas con la ayuda de técnicos culturales. No se ha hecho nunca… ¡pero podría llegar a hacerse!”, afirma.

Palma, epicentro musical

Palma sigue siendo la ciudad que más posibilidades ofrece tanto a grupos locales como a foráneos. Dispone de recintos de gran formato como Son Fusteret, gestionado por la promotora Trui. “Ganamos el concurso público de explotación y en 2018 el proyecto empezó a coger solidez”, dice Miki Jaume, director de marketing y desarrollo. Afirma, sin embargo, que llenar un gran recinto es una tarea ardua, porque Mallorca tiene un techo de público de unas 8.000 personas.

A la vez, las inmediaciones del barrio de Santa Catalina han destacado por aglutinar un tejido de pequeños escenarios. Un ejemplo es el Café Novo Lisboa, con Ángel Romaguera al frente. “Como programadores, nos enfrentamos a muchas dificultades pero una de ellas es la falta de una escena real”, subraya. Para eso, en su opinión, habría que implicar a empresarios, artistas y consumidores… “Si fuéramos capaces de actuar en harmonía y tener un objetivo claro podríamos hablar de forma muy diferente a cómo funciona ahora”. 

De hecho, uno de los debates más recurrentes últimamente ha girado en torno a la escasa afluencia de público en conciertos y festivales. Tanto a los que se programan en Mallorca, como en Menorca, Ibiza y Formentera, lo que ha dado lugar a opiniones encontradas. Pero en palabras de Cabot, debería relativizarse. “Es obvio que contamos con menos público al no tener la población de las grandes ciudades, pero la situación tampoco es tan dramática”. Según el promotor, también debe tenerse en cuenta que la “oferta musical se ha quintuplicado en estos últimos años. Muestra de ello es que no hay público suficiente para todos los conciertos que se celebran durante el fin de semana. Si seguimos montando conciertos es porque tampoco nos va tan mal”.

Son Fusteret, en Mallorca, gestionado por Grupo Trui
El recinto de Son Fusteret, que en 2018 acogió eventos como Origen Fest, el primer gran festival de música electrónica de Mallorca, es gestionado por la promotora Grupo Trui. Foto: Marcelo Corrales

Auge discográfico

La proliferación de las nuevas plataformas de streaming ha conseguido traspasar cualquier barrera geográfica. Se ha proyectado asi hacia el exterior una escena que se ha caracterizado en estos últimos años por una tónica de alta creatividad. Durante el pasado 2018, se publicaron en el archipiélago balear un total de 91 referencias discográficas. Mallorca es la que, en correlación a su mayor proporción de habitantes, aportó más novedades. Desde veteranos como Joan Bibiloni y Joan Miquel Oliver, a talentos emergentes como los de Da Souza, Ombra y Salvatge Cor.

En Menorca, a su vez, fue un año especialmente prolífico con la aparición de 17 trabajos firmados por artistas tan diversos como Leonmanso, Clara Gorrias y Marco Mezquida. Al tiempo que en Ibiza, en menor escala, se documentaron lanzamientos de interés como los de Ocean’s Adrif y Ressonadors. El auge de la actividad musical en el archipiélago se ha traducido en un crecimiento exponencial de los catálogos de sellos como Blau, Runaway, Espora Records, Bubota Discos y Velomar Records.

Perspectivas de futuro

En conjunto, el 2018 representó un año de maduración para diferentes proyectos musicales que tienen su base en las Islas Baleares. Uno de los mayores retos a los que se enfrentan a partir de ahora es optimizar su impacto mediante herramientas tecnológicas e informativas que permitan visibilizar, más y mejor, cualquier iniciativa local. “Creo que se da la espalda a la música en directo desde nuestros medios generalistas. Como mucho, la música se reserva para franjas horarias minoritarias,” concluye Andreu, de la promotora Pecan Pie. Aun así, insiste en que “debe destacarse la tarea de dignificación que se hace en algunos espacios, como el programa de televisión Els entusiastes de IB3”. 

Otro gran objetivo pasa por conseguir una mayor correlación entre oferta y demanda. Este elemento podría dar lugar a un futuro crecimiento de audiencias. “Hay que desarrollar buenas propuestas y estar pendiente de lo que demanda el público”, sentencia. “La nuestra siempre ha sido una escena difícil y tenemos asumido que siempre será complicado movilizar a un gran número de público”. El camino, de momento, parece dirigido a continuar la labor de consolidar este conjunto de iniciativas. Un marco, el de las Islas Baleares, en el que, pese a sus pequeñas dimensiones geográficas, todavía quedan muchas cosas por hacer y decir.

Este texto, de Tomeu Canyelles, fue publicado originalmente en el especial décimo Anuario de la música en vivo

Sobre El Autor

APM

La Asociación de Promotores Musicales (APM) es la principal representante de la industria de la música en vivo en España. Sus socios representan al 80% de los promotores privados del país, y son los responsables de las principales giras nacionales e internacionales y festivales que se celebran.

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