En la última edición de los Grammy, Dua Lipa fue galardonada con el premio artista revelación. Al ser nombrada y con su natural emoción a cuestas, se presentó ante el micrófono y dijo: “Me siento honrada al ser nominada junto a tantas artistas, supongo que se deberá a que este año sí dimos ese paso adelante”.

La frase tenía un doble sentido. El mensaje iba para Neil Portnow, presidente de la academia, que en el discurso de la edición pasada mencionó que las mujeres tenían que dar un “paso adelante”, que no existía ningún muro.

Un año después Portnow dio su discurso de despedida y Emily Lazar recibía el primer premio que la historia le ha dado a una mujer de ingeniería de masterización. Al parecer tuvo que dar 4.000 pasos (álbums) para ser reconocida por la industria.

Frances McDormand también aprovechó la atención mediática al recibir el Oscar a mejor actriz el año pasado. “Pónganse de pie, todas las directoras, productoras, compositoras, diseñadoras, escritoras… Miren alrededor, colegas, todas tenemos una historia que contar y un proyecto que financiar”, afirmó. Más que aplausos buscaba negocio, que esas mujeres firmaran acuerdos, que hubiera proyectos que hablaran en femenino.

A nuestra manera, el equipo de redacción de APMusicales hemos intentado a lo largo de este año hacer lo mismo: dar visibilidad a todas las mujeres que trabajan en la industria de la música. Marcela San Martín, Ivone Lesan, Alicia Álvarez, Cristina Garrote, Carmen Zapata, Xènia Rafí, Astrid Rousse… La lista es larga y no pararemos hasta agotarla. Aunque sea una labor ardua.

La industria de la música debería de ser un buen puente para que el feminismo deje de ser solo una moda, y qué mejor manera de recorrer el camino que con buena música de fondo.

Buscamos que los nombres de estas mujeres estén en el aire flotando, listas para ser tomadas en cuenta. Esto, justamente, es lo que está logrando la asociación de Mujeres de la Industria de la Música (MIM), con el directorio de profesionales que comparte en su página web, además de todas las acciones reivindicativas que hace al mostrar el camino de la equidad a una industria que se resiste a dar el famoso paso. María Ballesteros, Anabel Vélez, Marta Pallarès y Julia Hernández firman reportajes en este anuario, constan en el directorio de MIM y hacen de esta una publicación paritaria. Por esta búsqueda de representatividad estoy yo aquí, escribiendo el editorial, entre dos hombres, ministro y presidente. Si este espacio lo firmara el director editorial, tres de tres, señores.

El décimo aniversario del ‘Anuario de la música en vivo’ analiza qué ha pasado en los últimos años de la industria. No hace falta recalcar que, al igual que en la historia de la humanidad, solo los hombres han tenido visibilidad. En los próximos años, ese monólogo masculino acabará. Será una conversacióna dos, mucho más interesante que la situación anterior.

Ver una mujer en el escenario es normal, pero detrás de los reflectores, en un alto cargo o en un puesto técnico se sigue considerando algo raro. Tanto como ver a secretarios, responsables de prensa y asistentes que resuelvan los problemas a sus jefas. Sin actitudes paternalistas de por medio.

La industria de la música debería de ser un buen puente para que el feminismo deje de ser solo una moda, y qué mejor manera de recorrer el camino que con buena música de fondo. Solo queda escuchar. Creo que se oye ya. Un buen bajo y una batería acompañando cada tramo. ¿Un paso adelante? Ja, llevamos una vida avanzando.


Este texto fue publicado originalmente en el especial décimo Anuario de la música en vivo

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Maca Arena

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