Artículo del director de Producciones Animadas, Albert Salmerón, para el ‘V Anuario de la Música en Vivo’

Albert Salmerón La música en directo, además de cultura, significa actividad económica. Un concierto genera siempre un impacto en el entorno. Cualquier concierto, por pequeño que sea. Piensen en un concierto en una sala de 500 a 1.000 personas. Los bares y restaurantes cercanos incrementan su facturación los días de bolo. En el bar se puede oír al “jefe” preguntar desde la barra: “¿Quién toca esta noche?, ¿son buenos?, ¿va a venir mucha gente?”, con la esperanza de animar la caja. Los asistentes al concierto consumirán en los establecimientos cercanos, utilizarán parking o se trasladarán en taxi… Incluso algunos se desplazarán desde otros puntos del país para ver a un artista esperado y viajarán en tren, coche o avión, y quizá pernoctarán en un hotel.

En un concierto pequeño será un impacto reducido pero importante para el consumo del entorno y, por lo tanto, vital para el desarrollo de la economía maltrecha de un país en crisis. Si ese es el impacto de un pequeño concierto, imaginen el de un concierto de estadio o el de un gran festival de varios días. La influencia de estos en el consumo se multiplica y tiene un efecto revitalizador de la economía local. De ahí los reveladores estudios de impacto económico de los grandes festivales. Las cifras cantan y demuestran que la inversión de la administración pública en esos eventos está más que justificada. Sin complejos, hay que defender esos apoyos. Como sin complejos lo hacen otras industrias y otros sectores.

El promotor de conciertos ofrece cultura, pero también es motor económico y parte de una industria que genera una actividad económica de gran importancia en nuestro país, por el valor añadido que supone. La oferta cultural y de ocio de una ciudad son los museos, restaurantes, su patrimonio de edificios históricos, pero también los conciertos y la programación musical. La periodista británica Sophie Wilkinson explica en un artículo en este anuario que el descenso de la venta de entradas en el Reino Unido se debe, entre otras causas, a que los jóvenes “si se van a gastar su dinero en un fin de semana (de festival) irán a un país con buen clima”. En el futuro, si no nos asfixian, el papel del promotor de música en directo debería ser estratégico en la política industrial y cultural de nuestro país.

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