· Las nuevas tecnologías, la conectividad y comodidad de los usuarios y la apuesta por la sostenibilidad se imponen en los festivales españoles

Los festivales tienen lugar en recintos cerrados, pero para nada impermeables a las nuevas tecnologías. En pleno centro urbano, al lado del mar o en el campo, se celebren donde se celebren, los festivales españoles inscriben la innovación junto a los nombres rutilantes de sus carteles. Es el signo de los tiempos, en los que los asistentes a estos eventos buscan la comodidad y la conectividad, nada que ver con los aquelarres embarrados de antaño. Pulseras con las que pagar tus consumiciones, estaciones de conectividad, gestión inteligente de residuos, ‘apps’ que van mucho más allá de lo imaginable… Repasamos algunos de los mejores ejemplos de la apuesta de los festivales estatales por la tecnología y las nuevas metodologías

El Low Festival, en Benidorm, fue galardonado como “Festival más tecnológico” en los últimos Premios Fest, así que es de justicia empezar con ellos. Se ganaron el galardón a pulso gracias sobre todo a una apuesta valiente y fructífera: el sistema cashless. La organización se alió con el servicio de pago PayPal para que los asistentes pudieran pagar sus consumiciones sin necesidad de llevar dinero en efectivo o tarjeta de crédito. Lo pudieron hacer mediante una pulsera inteligente o bien una aplicación en el móvil. “Hemos sido los primeros en intentarlo, nuestras únicas referencias eran internacionales” explica Joaquín Ruiz, responsable de proyectos de innovación del certamen. “La clave es que el sistema funcionara offline, para evitar los problemas de conectividad que pudieran aguar la experiencia”.

El macroevento de Benidorm pudo aplicar este sistema cashless en base a su experiencia con las pulseras RFID, siguiendo la estela de eventos como Tomorrowland o Coachella. Gracias a su conexión Facebook Connect, con estas pulseras los asistentes al festival pudieron subir fotos a la red social, actualizar su estado en tiempo real, acceder más rápido al recinto y disfrutar de diferentes regalos y promociones. “Al final, todo esto lo impulsamos para hacer la vida más cómoda a los ‘lowers’”, constata Ruiz, que ya avanza que para la próxima edición trabajan en un sistema que permita la conectividad entre usuarios sin depender del wi-fi ni de los datos.

Todo por la ‘app’
Las aplicaciones para móvil se han convertido en un complemento imprescindible para los festivales. Horarios, mapas, escenarios, biografías de grupos, enlaces a su música y todo tipo de información práctica que sustituye esos incómodos desplegables que rompían nuestro look abultando en el bolsillo. En el Primavera Sound han demostrado que había mucho camino por recorrer en este ámbito. Su ‘Line-App’ fue imprescindible para conocer antes que nadie el cartel de 2015. Detrás de la “Line-App” hay un videojuego oculto, inspirado en los adictivos arcade de los 80 y con una versión 8 bits del mítico ‘Enola Gay’ de OMD. El protagonista es Warren, que se despierta en un mundo fantástico completamente solo y desorientado, y debe recuperar todos sus cassettes y reencontrarse con su novia. A medida que se avanzaban las pantallas, iban apareciendo los nombres de los artistas participantes.

Pero en el Primavera Sound han decidido ir mucho más allá. Una vez has conseguido miles de descargas de tu aplicación, es hora de amortizarla. Los 25 jugadores que consigan las mejores puntuaciones en el videojuego hasta finales de abril podrán optar a premios realmente espectaculares. El ganador (el que se deje las pestañas en la pantalla del móvil) se llevará un viaje a Los Ángeles para asistir al FYF Fest y un Golden Penny, carnet VIP de acceso a todos los festivales y conciertos que organiza Primavera Sound hasta 2019. Hay premios de enjundia para los 25 primeros.

Comodidad y sostenibilidad
La innovación no siempre se vincula con la tecnología. La comodidad del fan de la música en vivo también es una prioridad, algo siempre complicado ante la masificación de muchos de estos eventos. Low Festival, por ejemplo, contaba con piscina y barbacoa; el Bilbao BBK Live dispuso en este 2014 de un supermercado Eroski en su zona de acampada. Es algo que parece anecdótico, pero todo aquél quien haya plantado su tienda en un recinto festivalero sabrá lo práctica que puede llegar a ser esta idea. Otra de zonas de acampada: las taquillas en el festival Arenal Sound de Burriana para guardar los enseres personales. Sencillo y muy útil.

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Un festival también debe ser confortable para su entorno. Decenas de miles de personas generan montañas de residuos que, si no se saben gestionar, resultan muy perjudiciales. Un buen ejemplo de gestión es la alianza de Arenal Sound, el festival más multitudinario del país (250.000 personas en 2014), con Ecoembes y Ecovidrio. Los primeros implementaron un sistema de recogida selectiva de residuos de envases ligeros y de papel cartón en las dos zonas de camping, para concienciar a los “sounders” en el tema de reciclaje. Ecovídrio distribuyó 10.000 bolsas para transporte de bebidas y posterior reciclado de los envases con el mensaje ‘Keep Calm & Recicla Vidrio’. Los festivales son cada día más cuidadosos con su público, pero también con su entorno. También son modelos ejemplares de la gestión ecológica el Dcode, que logró limpiar su recinto al instante de acabar la última actuación, y el Bona Nit Barcelona!, que mira al exterior para importar fórmulas que permitan hacer un festival cada año más sostenible.

 

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Sobre El Autor

Vern Bueno

Vern Bueno (Barcelona, 1982). Periodista. Redactor del Anuario de la Asociación de Promotores Musicales. Anteriormente, corresponsal y cronista de conciertos en Agencia EFE.

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