El calendario de verano ha estado lleno de festivales que nos han dejado grandes momentos para el recuerdo. Pero, ¿qué queda de todo esto? , ¿qué impactos genera la celebración de un festival? Y sobre todo ¿cuáles se miden y se comunican al público?

Los impactos y beneficios están relacionados directamente con la viabilidad y sostenibilidad del festival. Por ello, su medición y análisis es clave para la toma de decisiones. Hasta ahora, este análisis se ha reducido especialmente al ámbito económico-financiero. De hecho, las publicaciones post-festival han estado protagonizadas un año más por números que corroboran aparentemente el éxito del evento en cuestión. Ejemplo de ello son el número de asistentes o el impacto económico generado en la ciudad, haciendo especial alusión al impacto positivo en el sector hostelero (hoteles, restaurantes, bares etc.) y empleo generado. Ratios que muestran resultados tangibles.

Medir los beneficios no económicos del ocio es necesario para mejorar la calidad de la experiencia del público, según Driver, Brown y Peterson

Todo ello hace pensar que el único factor que puede demostrar el éxito se basa en el beneficio económico. Sin embargo, ésta sólo es una variable más para determinar la salud integral de un festival. La mejora en la capacidad y calidad artística-creativa, el desarrollo personal, la cohesión social y la participación activa de la ciudadanía son sólo algunos beneficios que no se evalúan ni se comunican, pero son esenciales para facilitar una experiencia auténtica, memorable y significativa al público y por lo tanto, asegurar el éxito del festival a largo plazo.

De hecho, autores como Driver, Brown y Peterson afirman que medir los beneficios no económicos del ocio es necesario para mejorar la calidad de la experiencia del público. Para ello, se tienen en cuenta los beneficios personales y comunitarios, entre los que destacan los de carácter psicológico y relacional y tienen una consecuencia directa en el enriquecimiento personal y social de los asistentes.

Asimismo, numerosos estudios realizados demuestran que la provisión de una oferta adecuada de ocio no resulta ser una estrategia suficiente para asegurar la asistencia, ni el engagement del público. Esto se debe a que los procesos de toma de decisión de la persona se ven influenciados por multitud de factores procedentes del propio individuo y de su entorno.

Existen elementos que restringen, inhiben o limitan la capacidad de las personas de participar en actividades de ocio y alcanzar los niveles de satisfacción deseados y, en cambio, otros que los incentivan y estimulan. La identificación de tales factores, el impacto que provocan en la persona, las circunstancias en las que actúan así como las estrategias adecuadas para incrementar los efectos positivos y reducir los negativos, constituye un análisis imprescindible para comprender al público y mejorar así, su experiencia global.

No se trata de relegar los beneficios económicos, sino de integrarlos y visualizarlos en una evaluación completa junto con otros criterios de medición que impactan directamente en el público a nivel personal y social

Además, viendo que las herramientas existentes no muestran la salud integral de un festival y por lo tanto, la capacidad de ser sostenibles a largo plazo, la investigación ha desarrollado en los últimos años métodos como el Visitor Journey (2014) o el Event Experience Scale – EES (2015). El objetivo consiste en proporcionar a los profesionales de las últimas herramientas cualitativas desarrolladas para la evaluación y medición de la experiencia del visitante para que así, puedan aplicar los indicadores a su proyecto concreto y puedan reflexionar sobre los diferentes beneficios y/o limitaciones que genera su festival al público que lo vivencia.

Esta evaluación permite la reflexión de la situación actual del proyecto y abre el debate sobre los posibles cambios que pueden llevar a cabo en la organización en términos de experiencia memorable y significativa que fomente el desarrollo personal y social.

En conclusión, el éxito del festival y su medición requiere el desarrollo de nuevas herramientas de evaluación y análisis que no se han concebido hasta el momento en el contexto de los festivales. No se trata de relegar los beneficios económicos, sino de integrarlos y visualizarlos en una evaluación completa junto con otros criterios de medición que impactan directamente en el público a nivel personal y social y que, en consecuencia, son claves para el éxito del festival a largo plazo. Definitivamente, el objetivo final es el de evaluar y medir las variables que más importan y aportan al público y que por lo tanto, son definitorios para ofrecer una experiencia festivalera significativa, auténtica y memorable de forma sostenible.

Sobre El Autor

Doctora en Ocio, Cultura y Comunicación para el Desarrollo Humano. Investigadora en Deusto Cities Lab de la Universidad de Deusto y escritora en revistas y libros científicos a nivel internacional. Cantante y compositora.

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