Artículo de June Calvo-Soraluze, doctora en Ocio, Cultura y Comunicación para el Desarrollo Humano e investigadora en Deusto Cities Lab de la Universidad de Deusto

A escasos días para la entrada del verano, la música en vivo de los festivales ya inunda muchos de los municipios españoles. Su celebración viene acompañada en muchos casos de polémica (cancelaciones, aplazamientos, impagos a proveedores, impactos negativos de la falta de regulaciones en la industria…); pero en muchos otros, los festivales vienen de la mano de cifras exorbitantes, casi siempre relacionadas con el impacto económico, el número de asistentes y el empleo generado. Este impacto, a priori positivo, ya hace presagiar una burbuja que puede explotar en cualquier momento. Pero, ¿cuál es la clave de la sostenibilidad de un festival?

El festival de Woodstock en Estados Unidos celebrado en 1969, abrió el camino a los festivales musicales que se conocen en la actualidad. Este festival fue una reunión de decenas de miles de personas unidas por un ideal común y en el que la música era el elemento vehicular de conexión. Rodeados de los mejores músicos del siglo XX, el festival se convirtió en el icono de una generación de estadounidenses hastiada de las guerras que pregonaba la paz y el amor como forma de vida mostrando su rechazo al sistema del momento.

Aquel acontecimiento ya hizo advertir que los festivales nacieron no solo como una congregación de melómanos, sino como fenómenos sociales, incluso identitarios que exigen una visión global. Esto significa que exigen un concepto más amplio, el entendimiento del fenómeno en su vertiente más integral y holística. Aquí es donde la investigación y el mundo profesional pueden unir sus fuerzas, aprender el uno del otro y hacer de los festivales algo más que una moda pasajera.

De hecho, los resultados de los últimos estudios científicos al respecto, hacen ver que los festivales no son sólo una forma de entretenimiento y desarrollo económico, sino que potencialmente, son motivadores poderosos de viaje, facilitadores de autoestima colectiva y desarrollo comunitario y, sobre todo, generadores de experiencias auténticas de ocio que pueden facilitar el desarrollo personal y social de las personas.

Según el World Values Survey, el valor del ocio ha ido incrementando desde 1990. En la actualidad, el 91,1% de la población encuestada lo valora como muy importante superando incluso desde el 2005 el valor del trabajo. Este cambio de valores supone a su vez un cambio en los estilos de vida, donde el ocio tiene cada vez mayor relevancia en las sociedades contemporáneas teniendo una gran incidencia temporal, personal, económica, política y social.

Es decir, hoy más que nunca, los ciudadanos consideran clave las experiencias de ocio en sus vidas y por lo tanto, hay que darles el espacio que merecen en la sociedad. Sin embargo, esas experiencias muchas veces son mal interpretadas. Unas veces, por unir el ocio a términos ya pasados como la ociosidad, vagancia o vicio; o incluso a otros más actuales como el tiempo libre o el descanso. Otras veces, por el mal uso de la palabra experiencia, que al estar de moda se utiliza como atractivo comercial o de marketing para vender cualquier evento, servicio e incluso producto, pero que no supone un cambio sustancial en lo ofrecido.

Sin embargo, las últimas investigaciones hablan de una visión del ocio que supone un cambio trascendente, ya que se refieren a un ocio humanista entendido como disfrute, realización e identidad personal que va más allá de la perspectiva tradicional y entiende la experiencia de ocio como un aspecto central de la vida, una ocupación elegida libremente, que genera satisfacción y tiene valor en sí mismo.

Por eso, el ocio puede generar un cambio real vinculado a una experiencia auténtica, memorable y significativa que genera bienestar y bien ser en aquellos que lo vivencian debido al desarrollo personal y social que facilita. En el caso que nos ocupa, a través de los festivales de música.

Y en este concepto radica la sostenibilidad de los festivales. Porque el impacto económico es relevante, pero si no viene acompañado de un desarrollo social, cultural y, sobre todo, humano, a la larga el fenómeno se va desvaneciendo, disipando, eliminando del mapa como una moda pasajera propia de la coyuntura del momento.

En cambio, si esta visión se integrara como parte del proceso de la gestión festivalera supondría un cambio de paradigma que no depende de modas o burbujas con riesgo de explosión, y que puede contener la clave de la sostenibilidad. Porque no se trata de pensar en los resultados inmediatos, sino en el impacto y el potencial tan relevante que tiene un festival a través de la música en vivo a largo plazo.

En definitiva, ese es el valor que tiene la cultura, el arte y la creatividad para el desarrollo humano y social. Si se consigue impregnar esto en los rincones más recónditos de las estructuras sociales, institucionales y empresariales, el futuro de los festivales no dependerá de los cabezas de cartel, de las ayudas institucionales, de la persona que presida el municipio, del tiempo meteorológico de unos días concretos. Habremos entendido que los festivales no son solo atractivos turísticos o un entretenimiento pasajero, sino que es un fenómeno de estudio esencial que supone desarrollo social y personal. Y al haber cambiado de visión, el concepto se transformará, y el desarrollo económico y las cifras que lo avalen vendrán solas. Como decía aquella frase atribuida a Marcel Proust: “El verdadero viaje de descubrimiento no consiste en buscar nuevos paisajes, sino en tener nuevos ojos”.

Sobre El Autor

Doctora en Ocio, Cultura y Comunicación para el Desarrollo Humano. Investigadora en Deusto Cities Lab de la Universidad de Deusto y escritora en revistas y libros científicos a nivel internacional. Cantante y compositora.

Una Respuesta

  1. Antonio Caba

    Que ganas tenía de leer este artículo, lo esperaba desde hacía años. Puede que alguna otra o algún otro ya lo escribieran antes, pero “se me pasó”. Gracias, June. No sabes cuanto cuesta intentar convencer, jamás convences a nadie, de la importancia de esos valores tangibles tan presentes en los festivales, en algunos festivales. A “ellos” sólo les interesa el número de asistentes, los números de la caja de la barra, el número de veces que aparece en los medios de comunicacion, el número de piropos y críticas recibidas…. el número.

    Responder

Hacer Comentario

Su dirección de correo electrónico no será publicada.