La virtuosa violinista y profesora de música Sara Fontán y el músico autodidacta, batería de Za! y monitor en talleres de improvisación para niños y adultos Edi Pou se sientan a cenar. El motivo de la cita es hablar entre cucharadas de educación, de música, de política, de familiares de amigos, de recetas, de películas, de hijos, de salud, de sentimientos. El artículo se plantea la siguiente pregunta: ¿Qué hay que saber de música y cómo debe enseñarse? A veces se van del tema y, evidentemente, no es un tratado exhaustivo sobre todo lo que se está haciendo en esa intersección entre educación y música, pero sí es una conversación interesante sobre lo que conocen.

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La música puede llegar a serlo todo, sobre todo cuando no hay mucho más. Durante cuatro años, en una solitaria calle de Damasco destrozada por las bombas, el palestino sin Estado de 28 años Aeham Ahmad cantó con un viejo piano, trasladado en una vieja carretilla, canciones desgarradoras: en ellas hablaba de cómo se vive bajo los escombros, de la pérdida de las raíces, de los refugiados, del sueño de volver a casa. Tiene formación y hace un año que vive en Alemania, con su mujer y sus dos hijos. Al habla con la periodista Ima Sanchís dice cosas como esta: “Ya no podía alimentar a la gente con comida y lo hacía con música”.

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Con relatos como estos, la música toma una fuerza inesperada, como pasó también con James Rhodes (Londres, 1975) y su historia de abusos, drogas y perdición. Con él, y gracias a su autobiografía Instrumental, memorias de música, medicina y locura (Blackie Books) en el que cuenta cómo la música clásica le salvó la vida, empezó una especie de revolución reciente en este género. Al menos, así lo explica la periodista Ana González Rueda, quien defiende que en esta renovación también han contribuido el violinista greñudo, tatuado y saltarín Ara Malikian (Beirut, 1968) y el también violinista David Garrett (Aachen, 1980), quien alterna composiciones clásicas de autores como Mozart con temas de Metallica o Guns N’ Roses.

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Y es que los libros han tenido mucho peso últimamente en la música, como Música de mierda de Carl Wilson, publicado por la misma editorial que el de RhodesEn este caso, quien le ha encontrado una utilidad ha sido Víctor Lenore para hacer una práctica de periodismo musical. ¿Se pueden aplicar las tesis de Wilson en España? El periodista cree que sí, concretamente con Isabel Pantoja.”Ciñéndonos a la música, la Pantoja de 2016 combina maestría de veterana con momentos de alto voltaje emocional, sin nada que envidiar a Amy Winehouse. ‘Se me enamora el alma’ prende fuego al estadio. Cuando nadie recuerde al último artista cool, Pantoja seguirá siendo un símbolo nacional”, escribe.

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Sobre El Autor

APM

La Asociación de Promotores Musicales (APM) es la principal representante de la industria de la música en vivo en España. Sus socios representan al 80% de los promotores privados del país, y son los responsables de las principales giras nacionales e internacionales y festivales que se celebran.

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