‘Lee lo que escuchas. Escucha lo que lees’, anunciaba el stand de Reservoir Books en el market de la última edición del Cruïlla. Parece que en los festivales de música, entre los clásicos puestos de camisetas de grupos y otros accesorios de moda, la literatura ha encontrado un rincón hecho a su medida.

“Elegimos este sello por ser pionero en libros sobre música, por mostrar una especial conexión y sensibilidad por el arte, y al Cruïlla por su filosofía y carácter ecléctico”, afirma Anna Gago, Brand Manager de Penguin Random House. “Participar en un festival supone una forma magnífica de establecer contacto directo con lectores afines y además ofrece la posibilidad de vincular espacios multidisciplinares que conectan intereses”, continúa Gago. Los festivales son campo abonado para fortalecer el vínculo emocional, el fan engagement y ampliar el público potencial.

Aquí van solo algunos datos: el espacio fue visitado por más de 400 personas, que podían conseguir una bolsa de tela de regalo si se registraban. Los dos libros más vendidos fueron: Ramones, la historia del grupo explicada para niños por Joe Padilla y Soledad Romero Mariño; y los Diarios de Kurt Cobain, recopilación de documentos del puño y letra del artista. “Hemos sido la primera editorial con presencia en este festival y la experiencia ha resultado muy positiva, seguramente seguiremos colaborando en el futuro”, declara Gago.

La Escuela Cursiva, centro de creación narrativa del mismo grupo editorial, también contó con un espacio en el pasado Primavera Sound. En él, dieron a conocer “de manera especializada el oficio del editor, así como todas y cada una de las facetas que puede tener un profesional en una editorial”, y además sortearon varios cursos de la escuela.

Esa no era la primera vez que el Primavera unía fuerzas con el sector editorial. En 2010, Blackie Books contó con un puesto de venta al público. “Somos defensores de la actitud. Cada libro de Blackie Books implica una actitud, un posicionamiento ante la vida. En Blackie Books intentamos hacerlo todo con esa actitud. Queremos vivir, y no ser vividos”, reza la descripción del noveno mandamiento de su página web. ¿Qué mejor manera de vivir (y vender, dicho sea de paso) que a través de la música?, debieron de pensar.

Mònica Carulla, directora y editora del sello especializado en libros infantiles Coco Books, habla sobre su reciente participación en el Minimúsica, festival lúdico y educativo dedicado a los más pequeños de la casa. “Se trata de una oportunidad única para acercarse a un público familiar que acude con niños”, manifiesta. Allí, además de conciertos, juegos y talleres, había stands de libros, biblioteca y cuentacuentos. Víctor Velasco, co-director del festival, asegura que es su objetivo fomentar la lectura en las primeras edades e invitaron a la editorial por su interesante colección.

dia minimusica

Ahora bien, Carulla admite que se ha visto obligada a rechazar propuestas de otros festivales por motivos económicos y sostiene que “se tendría que mimar más a las editoriales si a los festivales les interesa que participen en sus markets, porque el coste de los stands en algunos de ellos no es asequible para las más pequeñas”. Este precio, cuyo importe es variable, oscila en función del tipo de acuerdo que se lleve a cabo, los metros del espacio, si se realizan otras actividades complementarias, etc.

Cuestiones monetarias aparte, en la capital sevillana es donde mejor ha cristalizado el romance entre ambas artes. Así lo ha demostrado Bookstock, festival que combina a la perfección lo mejor de cada una. Nacido por iniciativa de la revista cultural Jot Down y apoyado por distintos organismos locales y la librería Caótica, tras la buena acogida del público celebrará en septiembre su segunda edición con más de 30 editoriales invitadas.

Fran G. Matute, periodista y coordinador del festival, lo califica como “un evento low cost que opera, en cierto modo, en contraposición a la Feria del Libro de Sevilla, cuyo carácter es más comercial e institucional y no da cabida a todas las corrientes y tendencias. Bookstock nace para suplir esas carencias y proponer otro tipo de enfoque más pop, más fresco, más joven; como si se tratara de una feria editorial independiente”.

Esto, traducido al lenguaje musical, tiene como resultado sesiones de dj’s a mediodía y conciertos de los prometedores grupos locales All La Glory y The Milkyway Express por la tarde. El programa del festival incluye además actividades infantiles, mesas redondas sobre el sector editorial, exposiciones y presentaciones de libros, como Sueños eléctricos. 50 peliculas fundamentales de la cultura rock, del periodista cultural Eduardo Guillot, quien además dirigirá el taller Sound+Vision, que abordará la cultura rock vista a través del cine.

Fotografía del concierto de Javier Ortí, realizada por Juan Diego Martín Cabeza

Fotografía del concierto de Javier Ortí, realizada por Juan Diego Martín Cabeza

Así, la organización reconoce que, aun siendo un festival eminentemente literario que emplea la música como reclamo, “queremos que Bookstock sea una fiesta cultural, que se convierta en un foro donde podamos interactuar con algunas de nuestras editoriales favoritas, con el ánimo no solo de fomentar la lectura y la venta de libros, sino de establecer futuras sinergias. Bookstock no busca ser solo un poderoso instrumento para el fomento de la lectura sino en un verdadero foro para el intercambio intelectual”.

La cultura vende y la simbiosis entre ciertos sellos editoriales y determinados festivales de música no es trivial. Inmersos en la era de la apología suprema de la imagen personal, las editoriales han advertido que vincularse a festivales es una apuesta segura para su construcción de marca. El negocio cultural parece estar aprendiendo que, para sobrevivir y ampliar horizontes, la unión hace la fuerza, y la música es un lenguaje universal.

Sobre El Autor

Cristina Del Águila Jiménez

I'm not magnetic or mythical, I'm just suburban and typical. Refranes como forma de vida.

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