Hay, como mínimo, tres Carmen Zapata. Está la presidenta de la Asociación de Mujeres en la Industria de la Música (MIM), entidad que empezó con menos de una veintena de socias hace un par de años en Vic y que ahora suma ya a más de 300. Está también la gerente de la Associació de Sales de Concerts de Catalunya (ASACC), trabajando codo con codo con su presidente Lluis Torrents. Y está la directora del festival de música Curtcircuit, proyecto del que ha salido otro recientemente: el Clubcircuit, ciclo en el que artistas consagrados vuelven a sus orígenes y realizan conciertos en salas muy pequeñas. Nos citamos en la Plaça Reial de Barcelona, casi su segunda casa porque en esta plaza están las salas Jamboree y Sidecar, con los que además comparte oficinas. En esta entrevista habla de las múltiples luchas y reivindicaciones que tienen las tres Zapatas.

 

Comenzaste tu andadura en Depósito Legal y al principio no fue fácil por las trabas administrativas. ¿Es por eso que ahora batallas desde ASACC?

El primer año morimos de éxito, había gente desde las siete de la tarde haciendo cola para entrar. Era un momento apasionante porque todo despertaba después de tantos años grises. Te hablo del año 85 y de L’Hospitalet, una ciudad en la que nunca pasaba nada. Total, que nos cerraron el local siete veces en un año, tres de ellas con precinto. Nosotros íbamos con nuestros premios y reconocimientos, con los programas de televisión donde habíamos salido… Y nuestro interlocutor solo nos decía que si no queríamos tener problemas montáramos una granja e hiciéramos bikinis. Textual. Supongo que el hecho de que a cada reunión llevara el pelo de un color distinto no ayudaba mucho a que me tomaran en serio. Además era muy jovencita, tenía 20 años. Y mis socios también. Todos éramos veinteañeros modernos. Y fue un mal trago, la verdad. De modo que, años después, cuando me ofrecieron la posibilidad de llevar la gerencia de ASACC… Claro, es un trabajo con el que empatizo absolutamente. Porque cuando me peleo por una sala es como pelearme por MI sala. Es un trabajo que me va como anillo al dedo.

El año pasado dijiste para el portal de APM que faltaban salas de aforos medianos.

En Barcelona tenemos o aforos muy grandes o aforos muy pequeñitos. Pero una sala de mediano aforo, de unas 300 personas, pues no la encuentras tan fácil. Y hay muchos grupos que tienen su techo entre 200 y 400, que llenan enseguida las salas de 100 pero no tienen tanto potencial como para llenar los 600 de Bikini o los 800 de La [2] de Apolo. Buscar sala para ellos es muy complicado. Es que no hay. Tenemos La Nau; en su momento tuvimos el Music Hall, porque ahora programa flamenco y no alquila la sala; Sidecar es otra, que tiene 250; y tal vez el Marula… Yo creo que en Madrid hay más salas medianas. Pero igualmente los comportamientos del público son distintos, porque hay artistas que en Madrid llenan y en Barcelona cuesta mucho. A la inversa también nos ha ocurrido lo mismo.

 

Lo que ocurre en la calle no es responsabilidad de la sala.

 

¿Qué más reivindicaciones tienes sobre la mesa ahora mismo?

Varias… ¡un montón! (Se ríe). Por ejemplo, hay que revisar la ley de espectáculos, que es de ámbito autonómico. Ahora mismo está en pausa, pero supongo que cuando el parlamento funcione de una manera más normal volveremos a la carga. Uno de los aspectos a revisar en esta ley es la responsabilidad de las salas de conciertos en el impacto que tienen en su entorno. No hay ni una sola sala que tenga problemas debido a que la música se oiga en las calles y mucho menos en las casas de los vecinos porque desde hace años se les obliga a que se bunkericen. El problema es el incivismo de la gente en la calle. Desde la ley del tabaco, muchas salas que tenían un expediente impoluto se vieron con problemas porque la gente sale a fumar, habla y, obviamente, molesta. ¿Qué se puede hacer además de educar a la gente? Una sala es un equipamiento cultural y hay que protegerla. Entonces la única solución para no tener problemas con los vecinos es advertirlos de que esa sala es un equipamiento a proteger y por lo tanto las molestias derivadas de esa actividad cultural se tienen que asumir, y si no te vas a vivir a la montaña.

Vaya..

Es así. Y además el Gobierno debe exigir a los promotores urbanísticos que construyan al lado de un equipamiento cultural, en este caso una sala privada de conciertos, unas medidas complementarias para aislar esas viviendas. Lo que no puede ser es que las paredes sean de pladur, sin doble vidrio… En el código técnico de edificación se les rebajaron hace años las exigencias a los promotores urbanísticos mientras que a las salas se les exigía un mayor aislamiento. Quid pro quo, ¿no? (Suspira). El verdadero problema en todo esto es la cantidad de prejuicios que rodean a una sala de música que además hace sesiones de dj y que puede funcionar como bar de copas o como discoteca… Los políticos no lo entienden como equipamiento cultural y además tienen más miedo a la queja de un vecino que a la demanda de cientos de personas que llenan las salas al cabo del año. El Liceu sí que se entiende como equipamiento cultural y tiene un millón de visitantes a lo largo del año. Las salas de conciertos catalanas tienen cuatro millones de asistentes solo en los conciertos, sin contar otras actividades. Sí que es un equipamiento cultural a tener en cuenta. Y si tú, político, quieres proteger esos espacios, tienes que legislar y tienes que darles unos derechos adquiridos.

Parece una lucha intensa.

Es la principal de las batallas. Porque lo que ocurre en la calle no es responsabilidad de la sala. Y bueno, además hay que hacer un trabajo de pedagogía con el público. Y explicarles ‘oye si tú quieres a tu sala, cuídala, y compórtate, porque de tu comportamiento va a depender su futuro’. Hay mucho trabajo por hacer. Pero la excepcionalidad cultural de los espacios de música creo que es un tema que hay que abordar urgentemente. Es de donde nace todo. ¿Qué sería de los festivales, los ciclos, las giras, si no hubiera pequeñas salas donde los artistas empiezan, crecen y maduran? No habría nada más. O sería más difícil, al menos.

 

Carmen Zapata | Fotografía Paula Pérez

Carmen Zapata | Fotografía Paula Pérez

 

¿Qué relación tienes con la APM? ¿Tenéis luchas comunes?

Pues creo que el principal frente común es cómo se contrata al artista. Todo el sector de la música es consciente de la precariedad. No solo la de los músicos, que es la más evidente, sino también la precariedad de los técnicos y de muchos otros profesionales, o el mal funcionamiento en la contratación de algunos concursos públicos, etc. Es una cadena que se debe corregir. Con APM y con asociaciones de músicos de todo el Estado estamos trabajando para revertir esa precariedad. Y hacer fácil la contratación, y que esta sea justa.

Están APM, MIM, ARC, ACESS, ASSAC, UFi, ARTe… Hay muchísimas asociaciones profesionales en la industria de la música. ¿A qué crees que se debe? ¿Sabes si ocurre lo mismo en otros sectores culturales?

Desconozco las asociaciones en otras disciplinas, pero sí que es verdad que en la música hay muchas asociaciones, porque hay locales, autonómicas, estatales y también internacionales. Yo creo que es una necesidad del sector el juntarse para hacer presión y para demostrar su presencia y su valía. Lo que te comentaba antes de que las salas de conciertos sean reconocidas como equipamientos culturales para nosotros es fundamental. Y a la hora de negociar esta cuestión con las salas quien regula es el departamento de Interior, con criterios de policía, y no de cultura, que están más abiertos y además coinciden en muchos valores con nosotros. No solo ocurre aquí, en otros países también son las cuestiones de seguridad las que más cuentan. Entonces, con esta situación, hemos tenido que juntarnos y recoger datos de lo que supone este sector, no solo en cuanto a aportación cultural sino también económica. Hemos tenido que demostrar cuál es el músculo. Creo que todas las asociaciones que comentabas comparten ese objetivo: demostrar la valía en todos los sentidos de este sector. Para ello es necesario organizarse, compartir experiencias y problemáticas, y hacer un frente común.

 

Si no somos capaces de encontrar mujeres es que no somos buenos profesionales.

 

Me resulta curioso cuando dices que ojalá MIM no tuviera que existir.

Decirlo así puede parecer un poco naif porque lo veo difícil a corto y medio plazo. Pero realmente sería fantástico no necesitar una asociación feminista para convencer de que el feminismo se basa en los derechos humanos y que todas las personas tenemos los mismos derechos y nos merecemos las mismas oportunidades. Entonces, sí, ojalá desaparezca. Y ojalá que yo lo vea, pero creo que no.

Parece que vais por el buen camino porque recibisteis el Primavera Award este año y no es el único reconocimiento que os han dado.

Nosotras nos tomamos este premio como un compromiso del Primavera Sound, porque creemos que no nos lo darían si no pensaran aplicar nuestros valores a su propio evento. Para nosotras fue un compromiso con y para la asociación. Claro, siempre hay gente que dice ‘oh, el postureo’. Mira, sería desesperante y muy frustrante pensar que el auge del feminismo es una moda. Sería insoportable. El feminismo no puede ser una utopía, tiene que ser una realidad. Sería desesperante pensar que una está trabajando en pro de algo que sabe o cree que es postureo y que por tanto nunca se va a modificar. Yo quiero creer que no es así. Creo que esta industria que está muy habituada a escuchar, para eso es la música, así que ha escuchado la reivindicaciones de las mujeres. Y ha escuchado a MIM. Y creo que está reaccionando. Porque estamos teniendo muchas reacciones positivas. También algunas de indiferencia absoluta o incluso de crispación.

¿Qué más citas tienes a la vista?

Nos invitan mucho a muchos lugares. Pero a veces lo rechazamos porque no queremos hablar más de lo difícil que es ser mujer en el mundo de la música. Porque ya es obvio. Es como hablar de lo difícil que es ser mujer en esta sociedad machista y sexista. Esa terapia ya la tenemos hecha y superada, ahora queremos hablar de nuestro trabajo como nuestros colegas masculinos. Así que lo que queremos es que se nos invite como profesionales, por nuestra experiencia, por la trayectoria que nos avala. En algunos casos también nos interesa explicar nuestra visión femenina, pero desde otra perspectiva: vamos a valorar si está preparada o no la escena, qué tiempo nos damos para modificarla, cómo la modificamos y qué aplicamos para que se produzca ese cambio. Esos hilos sí queremos seguirlos.

Entiendo.

Y hacemos un trabajo también subterráneo, cuando detectamos desequilibrios en un panel, en un jurado… Teléfono: ‘¿Os habéis dado cuenta de que tenéis ocho hombres y una mujer?’, y siempre nos dicen ‘ostras, pues no’. Hay una inercia masculina y sorprendentemente es que ni siquiera se dan cuenta. Eso se reconduce y si eran ocho y uno, de repente se convierte en ocho y ocho. No se le saca a nadie los colores en redes ni se hace un gran alarde de haber conseguido eso, pero todas esas acciones sí que se comentan a nivel interno. ¿Qué ocurre? Que en la siguiente edición no se comete el mismo error porque la cuestión de género ya se tiene en cuenta. Pero que repito, no se hace por mala fe, se hace porque tenemos una cultura machista arraigada.

 

Carmen Zapata | Fotografía Paula Pérez

Carmen Zapata | Fotografía Paula Pérez

 

Sobre Curtcircuit. Hace unos meses introdujiste en la charla de Apolo sobre la paridad el tema de si es necesario establecer cuotas. ¿Lo haces así en tu festival?

Yo soy partidaria de las cuotas. Durante demasiados años hemos dejado que funcionase la meritocracia, hemos pensado que la renovación generacional y el incremento mujeres universitarias se iba a traducir en una mayor presencia de las mujeres en el mercado laboral. Pero eso no ha ocurrido. Lo de las cuotas puede molestar porque yo sé que los que programamos lo hacemos con criterios artísticos y a nadie le gusta que le impongan nada… pero creo que va a ser necesario. Y lo que se preguntó en Apolo de si está la industria preparada para la paridad, pues no, yo creo que no. ¿Por qué? Porque llevamos un retraso de décadas de no haber apoyado a artistas emergentes. Entonces, obviamente, cabezas de cartel tenemos menos. Pero si no tenemos primeras espadas, tendremos segundas espadas, o tendremos la base o tendremos la emergencia. Si no programamos mujeres ahora, dentro de diez años, ¿cuál será la excusa? No habremos hecho bien nuestro trabajo. No podremos tener primeras espadas si ahora no empezamos a forzarnos a buscar ese talento, que estar está. En mi caso me autoimpongo una cuota. ¿A veces sudo más? Sí. A veces me cuesta. Pero busco y encuentro.

Habelas hainas.

Claro. Hagamos bien nuestro trabajo. Si no somos capaces de encontrar a mujeres es que no somos buenos profesionales. Yo cuando me puse a pensar qué programar, de 20 propuestas, 13 eran mujeres. Se me ocurren tantas mujeres brillantes en el mundo de la música que a mi no me cuesta programarlas. Luego yo ya sé que en las grandes giras o festivales hay otras cosas como disponibilidad, exclusividades, cachés, etc. Pero en mi ámbito yo creo que se deberían estar programando muchas más mujeres de las que se programan.

Por último, el año pasado te preguntaron en El Mundo por algún consejo para las mujeres que quieren trabajar en el sector y no saben por dónde empezar. Te quería preguntar lo mismo, pero con un matiz. Qué consejo le darías a las mujeres que ya trabajan en la industria musical y que a veces sienten que nadan a contracorriente?

No me gusta dar consejos porque creo que depende mucho del caso. Por ejemplo, cuando tienes una edad y cierto posicionamiento profesional es mucho más fácil no callarse y hablar abiertamente, porque el nivel de repercusión o represalias en tu trabajo es inferior. Creo que hemos tardado mucho en hablar de lo que nos ocurría, que no era anecdótico ni aislado, sino que era sistémico. Y hemos tardado tanto porque teníamos la creencia de que solo nos pasaba a nosotras, que quizá estábamos haciendo algo mal, o que era nuestro entorno. Entonces, ya pasados unos años, hablar del machismo que has sufrido tiene connotaciones de debilidad. Es como si reconocer que te han afectado determinadas conductas en tu trayectoria se percibiera como un síntoma de debilidad, como diciendo ‘la llorica esta’.

¿Ah, sí?

Yo creo que sí. Por ejemplo Madonna, con ese power que tiene, cuando Billboard le dio el premio a la Mujer del año y habló con esa emoción de cómo la habían tratado… Mi percepción es que el hecho de denunciar eso se percibe como un síntoma de debilidad. Pero a la vez yo creo que hablar de todo lo que te ocurre y reconocer que estás sufriendo un abuso o una discriminación de algún tipo, denunciar eso, darte cuenta y verbalizarlo es la primera cosa que te va a ayudar a luchar contra ello. Y hablar con otras mujeres y acercarte a colectivos que trabajan en pro del feminismo te empodera mucho a la hora de hacer esta denuncia. Porque la unión hace la fuerza.

 

 

En APMusicales.com estamos entrevistando de manera presencial a personalidades relevantes de la industria musical que, basándose en su experiencia, tienen un punto de vista diferente sobre un tema de actualidad. Hemos entrevistado ya a Astrid Rousse en las oficinas del Sónar, a Jordi Vidal en el Institut d’Estudis Fotogràfics de Catalunya, a Alicia Álvarez rodeada de skaters en la estación de Sants, a Cristina Garrote en las oficinas de La Cúpula, a Miguel Tudanca recién llegado a Barcelona, a Xenia Rafi en las oficinas de The Project y a Cristian Pascual en las del In-Edit. Y pronto publicaremos más entrevistas.

Si tienes alguna sugerencia de a qué persona podríamos entrevistar – o si crees que tú mismo/a podrías ser un/a buen/a candidato/a – por favor envíanos un mail a prensa@apmusicales.com

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