Artículo del periodista Ángel Negro publicado originalmente en el Anuario de la Música en Vivo 2017

La salida del Reino Unido de la Unión Europea, que será efectiva en los próximos años, inquieta a la industria musical por sus consecuencias prácticas a pie de concierto. ¿Se impondrán nuevas fronteras? ¿Visados y aduanas? Las dudas se imponen a las respuestas ante un problema que muchos contemplan desde la barrera y que los grupos británicos, aún, se resisten a asimilar.

Ni fue su mejor álbum, ni el más laureado, ni se convirtió en un éxito de ventas. Pero su título, esa pregunta al aire, el lamento perplejo con el que los británicos Supertrump firmaron su cuarto disco –Crisis? What Crisis?– cumple, cuatro décadas después, un papel esencial: el de metáfora histórica de una decisión irrevocable que de nada sirve ignorar. El de definición realista del desconcierto reinante, cuando lo imposible se hizo posible. Ahora, sin remedio, el peor terremoto de las últimas décadas toca las puertas de Europa y sus réplicas amenazan con sacudir el negocio musical.

¿Epicentro? 23 de junio de 2016. Las redes sociales evidenciaron esa misma noche de qué lado se posicionaba prácticamente toda la industria británica. Un 90% en contra de que el Reino Unido abandonara la Unión Europea, según la British Phonographic Industry. “Paren el mundo, me bajo”, pedía Liam Gallagher en Twitter. “Incrédulo y triste”, se confesaba también Ed Simmons, de The Chemical Brothers. “La generación más egoísta del Reino Unido”, criticaba Alex Kapranos. Ochenta mil retuits multiplicaban la predicción de un cantante de One Direction: “Las consecuencias económicas harán que los votantes lamenten su decisión”.

La pregunta es: ¿Qué consecuencias? ¿Cómo afectará el Brexit, cuando sea efectivo, a cantantes, grupos y conciertos? Ventura Barba, director ejecutivo del Sónar, se niega a “sacar la bola de cristal” y pide esperar. Barnaby Harrod, director de Mercury Wheels, reconoce que todavía no han hecho planes frente al Brexit y resume en una frase el sentir mayoritario de impasse: “todo el mundo tiene miedo pero no sabe de qué”.

La mayoría renuncia a pronunciar la palabra maldita: visado. Carlos Regueira, director del Master en industria musical de la Universidad de Santiago, recuerda el ‘cuaderno ATA’ que los músicos debían llevar encima cuando atravesaban la aduana y teme que si las fronteras regresan al Canal de la Mancha, también lo hará la obligación de un documento similar al de los años 70. Un escenario antiguo, sin libre circulación y repleto de burocracia que “no presagia buenos tiempos. Las bandas de sellos pequeños sufrirán más estas limitaciones”, asegura.

A los grupos británicos más modestos esa música les suena; hasta ahora evitaban los Estados Unidos por la obligación de abonar una visa extra. Pero la resurrección de los documentos de viaje en la Europa pos-Brexit sólo es un párrafo de la canción. La letra final sigue sin estar clara. “¿Pagar por entrar o salir? Lo dudo. Pero habrá una aduana”, opina Rafael Pampillón, economista del IE Business School, lo que a efectos prácticos creará “una frontera más difícil de atravesar y con más trabas. Los empresarios musicales tendrán que decidir si les sale a cuenta”.

Un tablero inédito con nuevas condiciones que “harían prohibitivas determinadas giras por Europa, no de grandes como Coldplay, sino de pequeños grupos”, añade Barnaby Harrod. ¿Afectaría a las entradas de los conciertos? “Quizá habría que subir el precio de los tickets para compensar gastos. Pero no hay nada cerrado”. Sea cual sea el resultado, Harrod no se imagina en cinco un años un escenario mejor que el actual. “El Brexit va a ser un estorbo incómodo y complicado”.

Obstáculos que serán de ida y vuelta. Diez millones de turistas, según UK Music, viajaron al Reino Unido en 2015 para asistir a un concierto; el impacto para su economía, a partir de ahora en juego, fue superior a los 4.000 millones de euros. Mientras, sellos como Universal han comenzado a trasladar parte de su personal de Londres a Estados Unidos, recuerda Carlos Regueira: “Reino Unido ha perdido una de sus mejores bazas: su conexión con el continente”.

Y la desconexión nos afecta. Que el precio de los vuelos podría dispararse es sólo la punta del iceberg. El peligro de que disminuya la llegada de fans o que se resienta la presencia de bandas británicas en los festivales españoles no preocupa a Ventura Barba, que se declara pragmático: “¿Hay hoy algún problema en que vengan a España artistas de Estados Unidos? No creo que se produzcan cambios. Quizá sí en los pagos y retenciones, que pasarían a ser de ciudadanos no residentes. Pero la presencia de artistas ingleses en nuestros festivales no disminuirá. El público español no se quedará sin ver a los artistas interesantes”.

A la espera de que la Unión Europea y el Reino Unido definan las reglas de juego y comiencen a negociar, los músicos esperan que prevalezca el sentido común. “La voz del negocio es potente y quienes se sentarán en la mesa de diálogo son conscientes de la importancia de la industria musical”, apunta Harrod. Hasta entonces, triple reto: despejar la perplejidad inicial, seguir con la rutina y evitar que el asunto condicione las agendas. Como si nada hubiera pasado, de momento. También lo dijo Supertrump en la tercera canción de la cara B de su álbum más recordado: ‘Just a normal day’. El Brexit dirá por cuánto tiempo.

Sobre El Autor

APM

La Asociación de Promotores Musicales (APM) es la principal representante de la industria de la música en vivo en España. Sus socios representan al 80% de los promotores privados del país, y son los responsables de las principales giras nacionales e internacionales y festivales que se celebran.

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