El siguiente fragmento pertenece a Historia de la música pop. El auge (Redbook Ediciones, 2018), el segundo volumen que complementa al anterior Del gramófono a la beatlemanía, del reconocido periodista musical inglés Peter Drogget.

 

Además, esta también es la época en la que casi todas las canciones de pop tienen que someterse a otra adaptación aún más descarada de la voz humana: autotune. Lo que empezó como un truco sonoro que le dotaba al éxito global de Cher de 1998, ‘Believe’, de una atmósfera casi robótica – la cantante enterraba con valentía su propia e inconfundible voz, como para destacar su romántica desesperación – se ha convertido en una herramienta omnipresente que hace que todos los discos suenen igual.

El procesador autotune se concibió como un método de corrección de voz que ‘curva’ una nota o un verso equivocados y los pone en el tono adecuado. Ya en 1993, la cantante folk Janis Ian se lamentaba de la intervención de las ayudas tecnológicas en la tarea humana de hacer música: “Corregimos el tono de los pseudocantantes mediante sintetizadores tan veloces que el oyente nunca se entera”. Se rumorea que muchos artistas con fama internacional debían su carrera a este procesador, el cual últimamente se ha estado aplicando también a las actuaciones en vivo.

Es posible que los últimos diez años sean la primera década en que la música pop sea recordada por su tecnología musical en lugar de por la propia música.

Eric Harvey, Pitchfork, 2009.

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